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José Luis Perea: «Se están pagando actos médicos con baremos de los años ochenta»

La reciente encuesta del Foro Nacional de Médicos en Ejercicio Privado (FONMEP) de la OMC ha puesto el foco en la situación de los facultativos que trabajan con MUFACE.

José Luis Perea, secretario general de ATA, advierte de las dificultades que afrontan estos profesionales como trabajadores autónomos y reclama que el incremento de la financiación llegue a quienes prestan la asistencia.

¿Cómo valora la situación que atraviesan los médicos autónomos que prestan asistencia a través de MUFACE?

La situación es preocupante y, sobre todo, contradictoria. Se anunció hace meses un importante incremento de la financiación pública para garantizar la continuidad del modelo MUFACE, pero esa mejora económica no está llegando a los profesionales que atienden a los pacientes. Los médicos autónomos llevan años trabajando con honorarios prácticamente congelados mientras aumentan todos los costes asociados al ejercicio profesional. No es razonable hablar de sostenibilidad del sistema cuando quienes sostienen la asistencia sanitaria no perciben ninguna mejora.

Además, este problema va más allá de MUFACE, refleja el problema estructural de la sanidad privada en España, un modelo que durante demasiado tiempo ha considerado al médico como un proveedor más, cuando en realidad es el principal garante de la calidad asistencial.

Los profesionales han denunciado que el incremento de la financiación del concierto de MUFACE no se ve reflejado en sus honorarios. ¿Por qué cree que está ocurriendo esta situación?

Porque el incremento de la financiación no lleva aparejado ningún mecanismo que garantice que los recursos lleguen a los profesionales sanitarios. Se ha reforzado la financiación del concierto, pero no se ha abordado cómo se distribuye esa financiación dentro del sistema. Los datos son muy significativos: si el Gobierno incrementa las primas en un 41,2% y el 80% de los médicos, según datos del Foro de la Medicina Privada de OMC, afirma no haber recibido ninguna mejora en sus honorarios, es evidente que existe un problema en la cadena de distribución de esos recursos.

La pregunta no es si hay más dinero en el sistema, sino dónde está llegando ese dinero y por qué no repercute en quienes prestan la asistencia sanitaria.

¿Qué consecuencias tiene para un médico autónomo trabajar durante años con tarifas prácticamente congeladas?

Tiene consecuencias muy importantes. Un médico autónomo tiene que mantener su empresa para poder ejercer su actividad por cuenta propia con la mayor calidad: invierte en tecnología, contrata personal, paga seguros, formación continuada e infraestructuras. Si los honorarios permanecen congelados durante años, la actividad acaba siendo difícilmente sostenible. Por ejemplo, pagamos los costes salariales de los más altos de Europa, el SMI del personal administrativo que nos ayuda en nuestras clínicas ha subido un 52% en esto últimos años, se ha incrementado nuestras propias cotizaciones (más de un 40 % en el caso de autónomos societarios), sufrimos los sobrecostes energéticos o incremento de precio de los productos que usamos.

«No es razonable hablar de sostenibilidad del sistema cuando quienes sostienen la asistencia sanitaria no perciben ninguna mejora»

La calidad asistencial tiene un coste y requiere inversión. Si no se actualizan las condiciones económicas, el sistema acaba dependiendo exclusivamente del esfuerzo y del compromiso de los profesionales. Al final hay que ver el doble de pacientes para cubrir los gastos.

¿Cómo puede afectar esta situación a la continuidad y calidad de la asistencia que reciben los pacientes?

El gran error es pensar que este problema solo afecta a los médicos autónomos. Cuando las condiciones de trabajo empeoran, también lo hacen la capacidad de inversión, el tiempo dedicado al paciente y, a largo plazo, la continuidad del propio modelo asistencial. Se están pagando actos médicos con baremos de los años ochenta y muchas veces las subidas que ofrecen las compañías se las queda el centro hospitalario de turno y no las repercute en el profesional. Desde el momento que el médico “cede su clave” al centro hospitalario pierde su independencia y su capacidad de negociación.

Nunca he entendido cómo se ha llegado a esta situación que quiebran las características fundamentales de un trabajador autónomo: independencia, autonomía y poder negociador. Me temo que muchísimos médicos de la sanidad privada han dejado de ser verdaderos autónomos para convertirse en otras figuras “más oscuras” que nada tienen que ver con el trabajo por cuenta propia.

La OMC acaba de publicar una guía en la que propone un marco de contratación más transparente y equilibrado entre médicos y compañías aseguradoras. ¿Estas iniciativas pueden ayudar a corregir los desequilibrios existentes en la relación mercantil?

Absolutamente. La guía de la OMC llega en un momento especialmente oportuno porque aborda una cuestión fundamental: la necesidad de equilibrar la relación contractual entre médicos autónomos y aseguradoras. Durante años, los profesionales sanitarios autónomos han aceptado condiciones económicas y contractuales con escasa capacidad de negociación. Dotar de mayor transparencia y seguridad jurídica a esta relación es imprescindible para modernizar el modelo.

La sostenibilidad del sistema no depende únicamente de la financiación; también depende de que las reglas del juego sean claras y justas para todas las partes.

«Desde el momento en que el médico ´cede su clave´ al centro hospitalario pierde su independencia y su capacidad de negociación»

¿Qué cambios deberían impulsar las aseguradoras para garantizar unas condiciones económicas y contractuales?

Tienen que asumir que invertir en los médicos autónomos que prestan asistencia a sus asegurados es invertir en calidad asistencial, elemento fundamental en un mercado muy competitivo. Un paciente mal atendido es un cliente que se va, un paciente satisfecho es un asegurado contento con su compañía. Por supuesto que el centro hospitalario, la agilidad en las pruebas, la tecnología y avances, son importantísimos, pero al final la relación crucial es la que se establece entre el médico y el paciente. Por tanto, las compañías deben asegurarse que las mejoras económicas que hacen a los centros hospitalarios lleguen también a sus profesionales ya que además están negociando en su nombre.

Por otro lado, es imprescindible actualizar los baremos médicos, barajamos precios de hace 30 años y hay que hacer revisiones periódicas de los honorarios y ofrecer contratos más claros y transparentes.

«Un paciente mal atendido es un cliente que se va, un paciente satisfecho es un asegurado contento con su compañía»

Si queremos atraer y retener talento profesional, es necesario reconocer adecuadamente el valor del acto médico en consonancia con la responsabilidad que asume el profesional. Si no lo hacemos nos encontraremos cada día con menos profesionales que quieran trabajar en estas condiciones, algo que desgraciadamente estamos viendo en las nuevas generaciones de médicos

¿Qué cambios deberían impulsar las aseguradoras para garantizar unas condiciones económicas y contractuales más equilibradas?

Más allá de la actualización económica, es necesario fomentar un verdadero diálogo con los profesionales sanitarios autónomos. Las decisiones que afectan directamente al ejercicio médico no pueden adoptarse de manera unilateral, ni negociarse con un tercero, en este caso el centro hospitalario.

Unas relaciones contractuales equilibradas pasan por una mayor transparencia, estabilidad y participación de los médicos autónomos en aquellas cuestiones que condicionan su actividad profesional.

No estamos hablando únicamente de mejorar honorarios, sino de construir un modelo más justo y sostenible para todos.

Si no se producen estos cambios, ¿existe el riesgo de que más médicos abandonen los cuadros de MUFACE?

Sí, y es un riesgo que no debe infravalorarse. Los médicos autónomos han demostrado un enorme compromiso con sus pacientes y con el mantenimiento del sistema, pero ningún modelo sanitario puede sostenerse indefinidamente sobre la buena voluntad de sus profesionales.

Si las condiciones económicas continúan deteriorándose, cada vez más médicos autónomos se plantearán limitar su actividad o dejar de atender a mutualistas. No es una cuestión de falta de vocación, sino de sostenibilidad profesional.

La consecuencia será una reducción progresiva de la oferta asistencial y mayores dificultades de acceso para los pacientes. Perder médicos siempre supone perder capacidad asistencial.

«ningún modelo sanitario puede sostenerse indefinidamente sobre la buena voluntad de sus profesionales»

¿Qué medidas considera imprescindibles para garantizar la viabilidad del modelo?

La primera es que las mejoras en la financiación repercutan efectivamente en quienes prestan la asistencia sanitaria. La segunda, actualizar los honorarios médicos mediante criterios objetivos y revisiones periódicas. Y la tercera, establecer unas relaciones contractuales más equilibradas entre profesionales y aseguradoras.

Pero hay una medida aún más importante: cambiar la forma de entender el modelo. No se puede considerar al médico como el último elemento de la cadena asistencial cuando es, precisamente, el elemento que le da valor.

MUFACE será viable si es capaz de cuidar a sus pacientes, pero también de cuidar a sus profesionales. Porque la verdadera pregunta no es cuánto dinero tiene el sistema, sino si seguirá habiendo médicos dispuestos a trabajar en él. Sin médicos, sencillamente, no hay modelo MUFACE.

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