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Dr. Ángel Oso: Una historia sobre la «gestión clínica» del Dr. Burgueño

El vocal de Médicos Jubilados de la OMC, el doctor Ángel Oso, reflexiona en este artículo sobre los orígenes de la gestión clínica, remontándose a los tiempos de los igualatorios médicos, para hacer un recorrido histórico sobre la evolución de este modelo de gestión hasta llegar a la situación actual

 

Madrid, 10 de septiembre 2014 (medicosypacientes.com)

Vaya por delante que no soy contrario a la empresa privada de Asistencia Sanitaria (sí como alternativa a la empresa pública). Valga mi experiencia como promotor, gestor y directivo de dos de las aseguradoras sanitarias españolas con más penetración en el mercado. Especialmente la que se mantiene gestionada por profesionales médicos (ASISA).

Mi amigo Antonio Burgueño defiende la gestión clínica por los propios médicos y recurre al ejemplo del  Igualatorio Médico de Bilbao, una agrupación de médicos, herederos de la «iguala» del medio rural de hace más de un siglo y que se unieron para ofrecer, a los ciudadanos de Bilbao, una «iguala» que les protegiera de algunas contingencias de enfermedad (Medicina General, Especialidades y Cirugía).

Como bien señala Burgueño, el Igualatorio de Bilbao (que también llevaba el adjetivo de Colegial, por haber nacido en el Colegio de Médicos), era gestionado por los propios médicos, mediante un sistema, inédito hasta entonces, de «libre elección de médico por el enfermo y pago al médico por cada acto profesional realizado». También recuerda Burgueño que los médicos habían establecido un baremo de actos «por puntos», que les permitía un reparto de los ingresos del Igualatorio, fluctuando el valor del punto de acuerdo con la cuantía mensual de esos ingresos. Esto es la «gestión clínica» a que se refiere Antonio Burgueño.

El ejemplo del Igualatorio Médico Colegial de Bilbao cundió entre muchos otros Colegios Médicos llegando a monopolizar el aseguramiento sanitario en numerosas provincias. Todos ellos con esa filosofía de «gestión clínica» por los propios médicos. Incluso los incipientes hospitales privados (Sanatorios, se llamaban) eran promovidos y gestionados por médicos.

De entre estos Igualatorios destacaba «Asistencia Sanitaria Colegial de Barcelona» que, hacia 1970 apadrinó Asistencia Sanitaria Interprovincial (ASISA), una de las compañías de seguros médicos, actualmente puntera en España y cuya propiedad y gestión sigue en manos de médicos.

Pero algo ocurrió, en 1975, que transformó radicalmente lo que hoy denominamos Asistencia Sanitaria Privada o Medicina Privada: La Ley de Seguridad Social de los Funcionarios Civiles (Muface), Militares (Isfas) y de la Administración de Justicia (Mugeju). La incorporación de cerca de dos millones de usuarios a los Seguros de Salud Privados y la obligación de estos de incorporar a su catálogo de prestaciones aspectos como la hospitalización por motivo médico o psiquiátrico, la Rehabilitación, o las modernas tecnologías de diagnóstico y tratamiento, generó un desafío, en el sector,  que solamente tres entidades fueron capaces de asumir. La contrapartida era el abono, por las Mutualidades, de un «capitativo» mensual, a manera de prima de seguro, cuya cantidad se negociaría anualmente.

Los médicos, en general, se mostraron satisfechos porque se multiplicó el número de clientes en sus consultas privadas. Las tarifas, que abonaban las compañías, eran bajas, pero les compensaba el volumen de «actos médicos». Pero lo que conoció un impulso considerable, fue el sector de Hospitalización Privada. En Madrid y otras grandes ciudades han ido surgiendo nuevos hospitales, de capital privado, dotados de modernas tecnologías y notable confort hotelero.

Con el tiempo, las Mutualidades ampliaban su exigencia de nuevas prestaciones y servicios, a la vez que congelaban la cuantía de la prima de seguro, sin tener en cuenta el incremento de la siniestralidad, derivada del envejecimiento de la población y el elevado coste de las nuevas tecnologías.

Comenzaron las dificultades económicas de las Aseguradoras y, pronto, los Igualatorios Médicos de «gestión clínica» fueron absorbidos (comprados) por las grandes aseguradoras. Grandes aseguradoras que tuvieron que, congelar primero, y reducir más adelante, las tarifas de honorarios de los médicos, hasta alcanzar cifras de miseria, y cancelar muchos contratos para reducir sus «cuadros».

Política que se ha visto obligada a seguir ASISA, pese a continuar siendo gestionada por médicos (como ejemplo de «gestión clínica»), ganándose así el rechazo, unánime, de los compañeros.

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Este es el resultado de la «gestión clínica», cuando el financiador es la Administración pública. Médicos mal pagados, obligados a disponer de unos consultorios regulados, suscribiendo los correspondientes seguros de responsabilidad civil, y la Seguridad Social, como autónomos. Médicos sometidos a un contrato que no les ofrece nada (tienen que buscar el cliente «por acto médico») pero que puede ser cancelado a criterio de la empresa.

Una evolución muy diferente es la seguida por  los centros hospitalarios, que han sabido negociar sus tarifas con las compañías y desarrollado un crecimiento espectacular. Empresas que se llevan la «parte del león» de la prima de seguro que perciben las aseguradoras y que reclaman colaboración con la Sanidad Pública en una forma de parasitación consentida. Unas empresas que, junto a las Grandes Aseguradoras, reclaman la ampliación del «Modelo Muface» a otros colectivos de la Sanidad Pública, o incluso la «externalización» de algunas de sus parcelas, alegando que el «Modelo Muface» resulta más económico, para la Administración, que el sistema público.

En fin, este es el panorama que sugiere potenciar mi amigo Antonio Burgueño para los profesionales  médicos españoles.

 

 

 

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