Una mujer sigue durante semanas los consejos de un supuesto especialista que recomienda tratamientos “naturales” para controlar la diabetes. Un hombre deja de tomar su medicación porque un popular perfil asegura que determinados alimentos pueden “curar” el cáncer. Miles de personas comparten vídeos protagonizados por personas con bata blanca, fonendoscopio al cuello y lenguaje técnico. El problema es que, en muchos casos, ni son médicos ni existe ninguna evidencia científica detrás de sus recomendaciones.
Las redes sociales se han convertido en una de las principales fuentes de información sanitaria para muchos ciudadanos. Sin embargo, junto a divulgadores científicos rigurosos y profesionales acreditados, ha surgido un fenómeno cada vez más preocupante: perfiles que se presentan como expertos en salud sin serlo, falsos médicos creados mediante inteligencia artificial y cuentas que difunden tratamientos, productos o recomendaciones carentes de base científica utilizando una imagen de autoridad sanitaria para generar confianza.
La magnitud del problema empieza a preocupar a especialistas, verificadores de bulos y organizaciones profesionales. Investigaciones publicadas este año han identificado perfiles que aparentan ser médicos reales cuando en realidad son personajes generados por inteligencia artificial. Algunos acumulan millones de visualizaciones y miles de seguidores que consumen sus contenidos convencidos de que reciben consejos procedentes de profesionales sanitarios.
Pero el problema va mucho más allá de la desinformación. Lo que está en juego es la seguridad del paciente y el riesgo de no asumir responsabilidades de las consecuencias sobre la salud derivadas de sus mensajes no avalados por un médico colegiado.
El peligro de una falsa autoridad
En actividades en las que una decisión equivocada puede tener consecuencias directas sobre la salud e incluso sobre la vida, la legislación exige una formación específica, un título habilitante y la colegiación profesional para ejercer. Sin embargo, en las redes sociales esas barreras desaparecen si no se comprueba la identidad de quien emite el mensaje.
Una fotografía con bata blanca, un vídeo grabado en lo que parece ser una consulta médica o una biografía que incluye términos como “doctor”, “especialista” o “experto en salud” pueden generar una falsa sensación de credibilidad. El usuario recibe el mensaje sin tener la seguridad de quién está realmente detrás de la pantalla.
La Organización Médica Colegial (OMC) lleva tiempo alertando sobre la proliferación de mensajes pseudocientíficos, el intrusismo profesional y la difusión de recomendaciones sanitarias emitidas por perfiles sin competencias acreditadas. Por ello ha impulsado iniciativas destinadas a reforzar la identificación de los médicos en los entornos digitales y facilitar que los ciudadanos puedan distinguir la información fiable de aquella que no lo es.
Porque no se trata únicamente de combatir bulos. Se trata de evitar que una persona tome decisiones sobre un tratamiento sin evidencia científica, abandone una medicación o retrase una consulta médica basándose en el consejo de alguien que no tiene la capacitación necesaria para emitirlo.
¿Quién está detrás de esa cuenta o perfil?
La pregunta puede parecer simple, pero se ha convertido en uno de los principales desafíos de la era digital.
Durante años, los ciudadanos aprendieron a comprobar la procedencia de una noticia o la fiabilidad de un medio de comunicación. Ahora el reto consiste en verificar también la identidad y las credenciales de quienes ofrecen consejos sobre salud.
La colegiación constituye una garantía para los ciudadanos, ya que acredita que el profesional está habilitado para ejercer y sometido a los estándares deontológicos y legales que rigen la profesión médica. Trasladar esa garantía al entorno digital es uno de los retos actuales.
Por ello, la recomendación es clara: antes de confiar en consejos sobre la salud conviene comprobar quién es la persona que la gestiona, cuál es su formación, si identifica claramente su especialidad y si puede acreditarse como colegiado.
Una precaución especialmente importante en un contexto en el que proliferan las pseudoterapias, los supuestos remedios milagrosos y los perfiles que explotan la vulnerabilidad de pacientes con enfermedades complejas o crónicas.
La respuesta de la profesión médica
Consciente de esta realidad, la Organización Médica Colegial ha desarrollado distintas herramientas destinadas a reforzar la verificación profesional.
Entre ellas destaca la consulta pública de colegiados, que permite comprobar si una persona está habilitada para ejercer la medicina. La iniciativa persigue ofrecer a los ciudadanos una vía para contrastar la identidad de quienes se presentan como médicos y reforzar la transparencia en un entorno donde cada vez resulta más difícil distinguir entre información rigurosa y apariencia de autoridad. Además, los colegios de médicos provinciales pueden proporcionar información ampliada sobre sus colegiados.
Para reforzar la seguridad y la accesibilidad próximamente estará disponible el nuevo sistema digital de acreditación profesional mediante Passbook, una herramienta que permitirá a los médicos disponer de una credencial digital verificable y accesible desde dispositivos móviles. El objetivo es trasladar al mundo digital las garantías que tradicionalmente ha ofrecido la colegiación y facilitar que cualquier ciudadano pueda comprobar que se encuentra ante un médico colegiado.
Si hoy verificamos la identidad de quien realiza una transacción bancaria o firma un documento electrónico, también deberíamos poder verificar la identidad de quien realiza actos médicos.
Una cuestión de salud pública
Las redes sociales han democratizado el acceso al conocimiento y han permitido que los médicos divulguen información rigurosa de enorme valor para la sociedad. Pero también se ha abierto la puerta a un escenario en el que cualquiera puede aparentar lo que no es y dice ser.
Frente a ese riesgo, la mejor defensa es una combinación de pensamiento crítico, verificación y confianza en fuentes acreditadas en materia de salud.
Porque detrás de cada vídeo viral, de cada consejo compartido y de cada perfil que promete soluciones sencillas para problemas complejos, existe una pregunta que cada vez resulta más importante: ¿es realmente médico habilitado quien me está hablando?
Y en cuestiones de salud, la respuesta puede marcar la diferencia entre una información útil y una decisión potencialmente peligrosa.
Vuelve a ver la campaña de OMC #noteenREDES
Amplia información en el Observatorio contra las pseudoterapias de la OMC



