La irrupción de la inteligencia artificial plantea nuevos retos para la profesión médica, pero también obliga a reforzar los principios éticos que siempre han guiado la práctica clínica. José María Domínguez, presidente de la Comisión Central de Deontología de la OMC, aborda el capítulo dedicado a la ética médica en tiempos de inteligencia artificial del Manual de buenas prácticas para la IA en medicina defiende que estas herramientas deben estar al servicio del médico y del paciente, sin sustituir la responsabilidad profesional ni la dimensión humana de la medicina.
¿Cómo se garantiza que la última decisión siga estando en manos de los profesionales?
La decisión clínica sigue siendo responsabilidad del médico. Es el agente moral de la profesión y de la relación médico-paciente. La inteligencia artificial no deja de ser una herramienta más de apoyo. Puede ampliar nuestras capacidades, pero no modifica los principios éticos ni la responsabilidad que siempre han acompañado al ejercicio de la medicina.
¿Le preocupa que el juicio clínico pueda verse condicionado por la creciente presencia de estos sistemas?
Puede influir tanto positiva como negativamente. Un médico formado puede utilizar la inteligencia artificial para mejorar sus diagnósticos y decisiones clínicas. El problema surge cuando no existe formación suficiente y se delega acríticamente en la tecnología. Por eso es imprescindible desarrollar competencias en medicina digital y, sobre todo, pensamiento crítico.
¿Qué garantías deben tener los pacientes para asegurarse de que sus datos están protegidos?
Desde el punto de vista ético, los pacientes deben otorgar un consentimiento explícito para el uso de sus datos, especialmente cuando estos se utilizan más allá de la asistencia directa. Existe un debate importante en Europa sobre este asunto y creo que debemos reforzar la transparencia para que los ciudadanos sepan quién utiliza sus datos y con qué finalidad.
¿Cómo puede mantenerse la dimensión humana de la medicina en una sanidad cada vez más digitalizada?
Entendiendo qué significa realmente ser médico. La medicina no consiste únicamente en diagnosticar o tratar enfermedades sino en establecer una relación con el paciente, con las personas y con la sociedad. Si no perdemos esa perspectiva, la tecnología seguirá siendo una herramienta útil, pero nunca sustituirá la esencia de la profesión.
Han insistido en que el médico no debe convertirse en el último eslabón de la cadena tecnológica. ¿Qué significa exactamente?
Significa que el médico debe comprender las herramientas que utiliza y participar activamente en su evaluación. No necesita conocer todos los detalles técnicos de un algoritmo, igual que no necesita ser ingeniero para utilizar un TAC, pero sí debe entender sus posibilidades, sus limitaciones y sus riesgos para ejercer una supervisión real.
¿Está preparado el sistema sanitario para ejercer ese control?
Esa es una de las grandes incógnitas. La gobernanza de las herramientas digitales todavía plantea muchas dudas. Los profesionales difícilmente pueden controlar cómo se desarrollan estos sistemas, por lo que será fundamental contar con modelos de supervisión transparentes y con una regulación que garantice la seguridad y la rendición de cuentas.
¿Puede el paciente estar tranquilo ante el avance de estas tecnologías?
Puede estar esperanzado porque la inteligencia artificial probablemente mejorará muchos procesos asistenciales. Pero también debe ser consciente de que existen riesgos relacionados con el uso masivo de datos y con la falta de transparencia en algunos modelos de gobernanza. Como sociedad necesitamos participar más en este debate.
¿Por qué era necesario elaborar este Manual de Buenas Prácticas para la Inteligencia Artificial en Medicina?
Porque ayuda a definir cómo hacer que la inteligencia artificial no solo sea útil, sino también moralmente buena. Además, recuerda a los médicos que, junto a la formación científica tradicional, debemos adquirir nuevas competencias técnicas y éticas para afrontar con garantías la transformación digital de la sanidad.



