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El Dr. Gabriel González Riancho interviene en el Aula de Cultura del Colegio de Médicos de Cantabria

El Dr. Gabriel González-Riancho intervino en el Aula de Cultura y Humanismo, que organiza el Colegio de Médicos de Cantabria, para continuar en una segunda parte un recorrido visual por aquel Santander decimonónico, “que a pesar de los cambios aún se reconoce, comenzando en la Plaza del Príncipe hasta el área de San Martín”

En la presentación del conferenciante el coordinador del Aula de Cultura, el Dr. Aurelio González Riancho, subrayó que Santander había cambiado mucho desde el final del silgo XIX y principios del XX, pero sobre todo con dos hechos históricos importantes “que transformaron la ciudad, como fueron la explosión de El Machichaco y el incendio de la capital en 1941”.

El especialista, que recientemente realizó una primera intervención en el Colegio de Médicos, con una serie de fotografías del último tercio de siglo XIX, continuó en la jornada del martes, día 26 de marzo con las fotografías y tarjetas postales de la época de los años finales del XIX y principios del XX. El anestesista González Riancho, que estuvo en el equipo del primer trasplante de corazón realizado en el Hospital Marqués de Valdecilla, comenzó su recorrido por la plaza del Príncipe y los jardines de Pereda, pasando por el Río de la Pila, Teatro Pereda, Cañadío, en donde explicó que el agua del mar llegaba hasta allí hace 150 años, Plaza Pombo, calle Martillo, Molnedo, Puerto Chico y San Martín.

González-Riancho recordó que el último tercio del siglo XIX la ciudad de Santander, al igual que otros puntos de Europa, comenzó a configurarse como un destino turístico y de ocio, coincidiendo con la promoción de los Baños de Ola gracias a sus propiedades terapéuticas. 

Según explicó el especialista, la aristocracia y la alta burguesía buscaban lugares saludables de descanso que les permitiesen, al mismo tiempo, el contacto y la relación social. “Pero el impulso definitivo al veraneo lo darían los monarcas, que convirtieron Santander en la corte estival o veraniega, frecuentada por nobles, aristócratas, burgueses y otros personajes ilustres. En 1861, la reina Isabel II decidió pasar unos días estivales en las playas de El Sardinero y, en agradecimiento, el Ayuntamiento le ofreció unos terrenos para construir un palacio”.

Sin embargo, fueron las repetidas estancias veraniegas de Alfonso XIII y de su esposa Victoria Eugenia, grandes admiradores de la ciudad, las que convirtieron definitivamente a Santander en un selecto centro de veraneo. En 1908, la ciudad le regaló al monarca los terrenos de la península de la Magdalena, dónde se construyó el palacio, cuyas obras finalizaron en el año 1912. En pocos años la ciudad se transformó y se construyeron algunos de los edificios más emblemáticos: el Gran Casino, el Hotel Real, el Hipódromo de Bellavista, además de chalets y hoteles de familia. 

Sin embargo, el especialista recordó que tras finalizar las penurias de la Guerra Civil, Santander tuvo que enfrentarse a otro desastre: el incendio del año 1941. Se inició el 15 de febrero coincidiendo con un huracán de viento sur y destruyó la mayor parte de la zona antigua de la capital. Ardieron 1.783 viviendas y desaparecieron 37 calles, así como 508 comercios, hoteles, pensiones y bares. La reconstrucción que se hizo posteriormente siguió las directrices de la arquitectura de posguerra, fusionando la herencia racionalista con el discurso tradicionalista de la arquitectura oficial. 

Durante los años sesenta, se vivió un despegue en el sector industrial, que favoreció tanto a Santander como al resto de la provincia. En 1983 se constituía la Comunidad Autónoma de Cantabria con Santander como capital. 

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