La Dra. Barberá Fons, habló ayer en Valencia de los problemas que supone el retraso en el diagnóstico de la enfermedad bipolar, sobre todo en niños y adolecentes. A pesar de la creciente concienciación sobre este problema, no se está consiguiendo adelantar el diagnóstico
Valencia, 24 de febrero 2010 (medicosypacientes.com)
La Dra. María Barberá Fons, psiquiatra del equipo investigador de la sección Infanto-Juvenil del servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario La Fe, de Valencia, pronunció ayer una conferencia abierta al público sobre la ?Dilación diagnóstica en la enfermedad bipolar?. La conferencia se enmarcó en la VII edición del ciclo de Conferencias Monográficas sobre el Trastorno Bipolar, organizado por la Asociación Valenciana de Trastorno Bipolar, con el auspicio de la Sociedad de psiquiatría de la Comunidad Valenciana.
Las manifestaciones conductuales del trastorno bipolar, frecuentemente no son comprendidas por los pacientes ni reconocidas por los profesionales de la Salud Mental durante el periodo infanto-juvenil, de tal forma que el diagnóstico puede llegar a demorarse, en ocasiones, hasta 10 años o más.
Según ha explicado la Dra. Barberá, ?el diagnóstico de la enfermedad bipolar en niños y adolescentes sufre un retraso superior a 18 meses en el 75% de los casos. La diferente presentación del trastorno en niños y adultos explicaría, en gran parte. Este retraso, según un estudio conjunto de la Clínica y de la Universidad de Harvard?. Añade también esta especialista que ?los resultados de la investigación indican mayor prevalencia de la enfermedad en niños y adolescentes en Europa que en anteriores estudios?.
En efecto, esta dilación entre filiación y tratamiento no parece estar decreciendo, ni siquiera ahora en que existe una concienciación creciente en publicaciones de todo tipo. A pesar del interés público que se ha ido suscitando, no se ha conseguido de momento evitar que los pacientes reciban diagnósticos y abordajes terapéuticos erróneos.
El diagnóstico de la enfermedad bipolar se basa en las experiencias de las que informa el propio paciente, así como anormalidades en la conducta referidas por los miembros de la familia, amigos y compañeros de estudio o trabajo, a los que se añaden los signos secundarios observados por el psiquiatra a través de la evaluación clínica. Existe una lista de criterios que se deben cumplir para que alguien reciba el diagnóstico de esta enfermedad, los cuales dependen tanto de la presencia como de la duración.
La evaluación inicial incluye historia clínica y examen físico. Aunque no existen exámenes biológicos que confirmen el trastorno bipolar, se llevan a cabo otros para excluir otras enfermedades que se pueden presentar con síntomas psiquiátricos similares. Estos pueden ser: análisis de sangre; T4L y TSH para excluir hipotiroidismo o hipertiroidismo; electrolitos básicos y calcio sérico para excluir alteraciones del metabolismo; hemograma que incluya VSG, para excluir una infección por sífilis o VIH; EEG para descartar epilepsia; y TAC craneal para excluir lesiones cerebrales.