El Dr. Antonio Ares Camerino, vicepresidente primero del Colegio de Médicos de Cádiz, escribe este artículo de opinión relacionado con las competencias digitales y el acto médico de los profesionales.
En estos días ha finalizado el Programa de Formación de Competencias Digitales en el Ámbito de los Colegios Profesionales. Han sido centenares de colegiados los que han conseguido superar las evaluaciones de las 150 horas formativas, tanto en modalidad on line como presencial, y han obtenido su Diploma acreditativo, certificado por el Consejo General de Colegios de Médicos y por Unión Profesional.

Durante unos meses hemos aprendido a posicionarnos a través de las redes sociales, a conocer las aplicaciones básicas de la Inteligencia Artificial (IA), a intentar convertirnos en líderes digitales, a movernos en las plataformas y a usar las herramientas de la IA generativa. Hemos aprendido a adquirir habilidades como docente sanitario en entornos digitales y a aplicar el Big Data en la toma de decisiones. Nos hemos familiarizados con siglas y con anglicismos de los que no nos acordaremos pasadas unas semanas (Canva, Metricool, Siri, Planner, M365Copilot, Google Work Space, Ability, Scorf, Scarf, Grow, Scrum, Dic, ChatGPT, Prompting, Matplotlib) También nos han alertado de los peligros a los que nos enfrentamos sobre el control de la información médica. ¿Quién accede, quién decide y a qué riesgos se enfrentan los pacientes?
Un estudio publicado en la Revista Artificial Intelligence in Medicine identifica enfoques diferentes en cuanto a su uso, pero todos coinciden en los posibles riesgos: errores en los diagnósticos y tratamientos por fallos en algoritmo inadecuados o mal entrenados, riesgos a la privacidad y seguridad de los datos médicos, desigualdades en el acceso a la IA en salud, sesgos que pueden afectar a la equidad y la reducción del trato humano en la atención médica.
Después de todo este aprendizaje hay que volver al “Acto Médico”, a esa relación médico paciente, que pone en contacto a la persona enferma con el profesional que pretende cuando menos mitigar su sufrimiento. En esa relación nunca deberá primar lo virtual sobre lo presencial. La palabra y la mirada deben ser partes fundamentales de esa relación. El lenguaje no verbal ilustra tanto como la dicción. Los nuevos modelos de relación médico paciente, a través de pantallas y teclados, nunca podrán superar las bondades éticas y la confianza que brinda la relación personal. Cualquier Acto Médico que se precie se inicia con una mirada sin trucos y con una palabra que puede invitar al consuelo.
Dice el filósofo coreano Byong-Chulhan que “el contacto corporal es sumamente importante para la construcción de una comunidad” La falta de contacto genera estrés y ansiedad, y ello nos deprime. “La comunicación digital sin contacto físico y sin miradas se convierte en algo tan efímero que no supera la prueba de una relación sana”. El confinamiento nos puso en alerta, pero no le hicimos caso. Sustituir lo virtual por lo real es como quedarte con la copia pudiendo aspirar al original. Dicen que más de la mitad de lo que aparece en redes sociales está creado por IA.
Cualquier acto médico, por simple que sea, se inicia con una palabra y una mirada, nunca con un teclado y la luz brillante de una pantalla. A estas alturas de las relaciones medico pacientes nos estamos planteando la “humanización”. Me pregunto ¿qué dejamos en el camino si tenemos que recuperar lo que nunca debió perderse? ¿La tecnología al servicio del hombre, o el hombre subyugado por la tecnología? Cómo si la medicina nunca hubiese sido la más humana de todas las ciencias y las artes. Los algoritmos tienen intenciones, y no siempre son deontológicas. La IA está manejada con intenciones no siempre claras y transparentes. La ciencia y los avances en medicina deben estar supervisados y controlados por la mano sanadora del que sabe del dolor ajeno, del que entiende del sufrimiento del semejante, del que conoce las consecuencias transversales de la persona que enferma y su entorno.
La IA supone un antes y un después en cuanto a diagnósticos certeros y tratamientos personalizados, pero nunca podrá sustituir a una palabra de consuelo o a una mirada de comprensión.
“La mano que toca al otro es mano sanadora. Alivia el dolor. El contacto físico, a todas luces, tiene poder sanador”
Byong-Chulhan



