El Dr. Antonio Ares Camerino, vicepresidente primero del Colegio de Médicos de Cádiz, escribe este artículo de opinión relacionado con la Ley de Dependencia.
“Hacía apenas cinco semanas que habían celebrado las bosas de oro de casados. Se sentían muy orgullosos de haber podido reunir a todos sus hijos y nietos. Todos habían disfrutado de lo lindo. El matrimonio se conservaba muy bien de aspecto y su salud era buena, sin entrar en detalles. Estaban a punto de entrar en la edad crítica de la década octogenaria. Besos, recuerdos y regalos jalonaron lo que era una fiesta única. Las lágrimas de felicidad tampoco faltaron.
Pronto todos volverían a sus obligaciones laborales, escolares y cotidianas. Unos se irían al norte y otros al extranjero. La pareja estaba muy orgullosa de lo que sus hijos habían conseguido. Aún con los recuerdos latentes, aquella mañana él se sintió indispuesto. Intentó levantarse de la cama y se cayó al suelo en redondo. Los servicios de urgencias acudieron de inmediato al domicilio. El diagnóstico se presumía catastrófico. Había sufrido un ACVA, y las secuelas se presumían severas. A partir de ahora sus vidas se habían convertido en una subsistencia difícil de soportar.
Se sabe que los recursos son limitados, pero ellos necesitaban ayuda inmediata”.
El Observatorio estatal para la Dependencia cifra ya en 271.556 las personas en lista de espera para que les sea concedida algún grado de dependencia. Existe una gran desigualdad entre CC AA, con regiones que acumulan más de un año para resolver los expedientes. Muchas de ellas fallecen antes que hayan podido acceder a alguna ayuda económica o de servicios asistenciales domiciliarios o de estancias diurnas.
Los datos sobre el déficit de plazas residenciales de Socio Sanitarios siguen creciendo. Más de 50.000 plazas, de estancia permanente, son ¡necesarias para atender la demanda actual de personas con dependencia severa y gran dependencia, y casi 100.000 para alcanzar la ratio de 5 plazas por cada 100 personas mayores de 65 años, como recomienda la OMS. Según los últimos datos oficiales más de 100.000 personas se encuentran pendientes de valoración de un grado de dependencia, que presumiblemente obtendrán, en alguno de sus grados, en un plazo indefinido de tiempo.
Uno de los pilares del estado de bienestar está en crisis. Según la Asociación Estatal de Directores y Gerentes de Servicios Sociales cada 14 minutos muere una persona en espera de una ayuda que nunca llegó (100 personas al día de media). Los datos del IMSERSO sitúan a Murcia, con 553 días de espera, y a Andalucía, con 464 días, como las CC AA con mayor retraso, y a Castilla-León, con 116 días, y Aragón, con 129 días, como las que menos retrasos acumulan.
Hace décadas que los Sistemas Sanitarios Públicos de los países desarrollados dejaron de ser estrictamente sanitarios para convertirse en Socio Sanitarios, donde la enfermedad adquiere esa dimensión poliédrica, difícil de solucionar sin una visión holística de la persona. Donde el padecimiento se ve influenciado por circunstancias económicas, sociales, familiares, culturales, políticas e incluso religiosas. Las nuevas estructuras demográficas de la población, en todas sus vertientes, el aumento de la esperanza de vida, los nuevos avances terapéuticos y diagnósticos que han convertido en enfermedades crónicas muchos padecimientos que tenían hasta hace poco elevadas tasas de mortalidad, requieren de un nuevo enfoque asistencial. Se demuestra que debe existir una permeabilidad entre lo que son los cuidados asistenciales sanitarios y las atenciones de los servicios a la dependencia.
Probablemente, en la ecuación multifactorial de la crisis en la que se encuentra inmerso nuestro Sistema Publico de Salud, tenga algo que ver la falta de respuesta, rápida y adecuada, de los recursos socio sanitarios para personas dependientes.
A pesar que desde el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 se manifiesta que en el último año se han incrementado en un 10% las personas que han accedido a alguna ayuda, las prestaciones han descendido en cuantía económica (menos de 300 € por persona de media mensual) y en duración (apenas una hora diaria de ayuda domiciliaria).
En los 20 años de funcionamiento del Sistema de Atención a la Dependencia se estima que un millón de personas han fallecido encontrándose en las interminables listas de espera. Los tortuosos y lentos procedimientos sociosanitarios, en los que participan varias administraciones, las escasa cuantías de las prestaciones y la baja intensidad de los Servicios (la mayor parte de las veces externalizados o subcontratados) hacen que el sistema de ayudas sea de bajo coste y poco eficaz para atender las necesidades de las personas en situación de dependencia.
Se precisan de inversiones mil millonarias para dar una respuesta adecuada a lo que la población dependiente española tiene reconocido como un derecho fundamental.
“Que aquí estamos de presta ´o
Que el cielo está nubla ´o
Que uno nace y luego muere
Y este cuento se ha acaba ´o
Depende, Depende
¿De qué depende?
Según se mire todo depende”
Jarabe de Palo (1998)



