El artículo “Atronador silencio sindical”, escrito por Luis del Val en Europa Press, pone el foco en una realidad que no podemos ignorar: la ausencia total de referencia a la huelga médica, que ya cumple un año, por parte de los grandes sindicatos el pasado 1 de mayo. Un silencio que interpela.
No lo señalamos desde el reproche, sino desde la preocupación y la reflexión compartida. Comprendemos bien la complejidad de cualquier proceso negociador. Sabemos que las posiciones pueden estar alejadas, que los equilibrios son difíciles y que alcanzar acuerdos exige tiempo, voluntad y cesiones. Precisamente por eso, creemos que es más necesario que nunca mantener abiertos los canales de diálogo y, sobre todo, comprender el fondo de lo que estamos planteando.
Los médicos no hemos salido a la huelga por motivos superficiales ni coyunturales. Lo hemos hecho tras años acumulados de dificultades estructurales que afectan tanto a nuestra práctica profesional como a la sostenibilidad del propio sistema sanitario.
Reclamamos, en primer lugar, un modelo retributivo más justo y equilibrado. No es razonable que una parte sustancial de nuestras retribuciones dependa de las guardias o de la actividad extraordinaria. El salario debe reflejar adecuadamente el trabajo ordinario, la responsabilidad inherente al acto médico y la dedicación diaria, dentro de una jornada que, como en otros sectores, debería ajustarse a parámetros homologables.
Ligado a ello está el problema de las guardias, que siguen siendo el pilar sobre el que se sostiene buena parte del sistema. Jornadas prolongadas, en muchas ocasiones extenuantes, que acumuladas a lo largo de una vida profesional suponen un desgaste evidente. Por eso planteamos también la necesidad de un coeficiente reductor que tenga en cuenta ese esfuerzo a efectos de jubilación.
Reivindicamos, además, algo esencial para garantizar la calidad asistencial: tiempo suficiente para la formación médica continuada. La medicina avanza de forma constante, y nuestra obligación es mantenernos actualizados. Sin embargo, la realidad es que apenas disponemos de unos días al año para ello, claramente insuficientes para una profesión que exige excelencia permanente.
A todo esto se suma una cuestión de organización y de responsabilidad. Los médicos somos los líderes naturales de los equipos multidisciplinares y los últimos responsables del acto médico. Por ello, consideramos imprescindible participar de manera efectiva en los espacios de cogobernanza del sistema sanitario. No como una aspiración corporativa, sino como una garantía de mejor funcionamiento y de mayor calidad en la atención a los pacientes.
Y, de forma transversal a todo lo anterior, persiste un problema que no podemos seguir obviando: la precariedad profesional. Durante años, hemos convivido con inestabilidad, sobrecarga asistencial y condiciones que no siempre han estado a la altura de la responsabilidad que asumimos. Esa precariedad no solo afecta a los profesionales; repercute directamente en la calidad del sistema.
Nuestra huelga, además, ha sido un ejemplo de responsabilidad cívica. No ha habido los eufemísticamente llamados comités de información a la entrada de centros o servicios para condicionar la libertad de quienes decidían no secundarla.
Muy al contrario, se ha respetado de manera escrupulosa la decisión individual de cada profesional, sin coacciones de ningún tipo.
Pero hay un elemento añadido que no podemos obviar. El hecho de que no se haya producido ni una sola mención a los médicos en un día como el 1 de mayo refleja también nuestra escasa representatividad en los ámbitos donde se dirimen las condiciones laborales. Una minoría estructural en los espacios de negociación en la que, paradójicamente, son otros colectivos profesionales, mucho más numerosos en el conjunto del sistema sanitario, quienes terminan decidiendo sobre nuestras condiciones de trabajo.
Esa realidad plantea una cuestión de fondo que debemos abordar. Porque resulta difícil aceptar como justo un modelo en el que quienes asumimos la máxima responsabilidad clínica y organizativa no tenemos un peso acorde en la toma de decisiones que afectan directamente a nuestro ejercicio profesional.
Hace apenas unos años, durante la pandemia, los médicos recibíamos el aplauso de la sociedad. Hoy, ese aplauso se ha transformado en silencio. No lo interpretamos como desafección, pero sí como una desconexión que conviene corregir.
Es momento de escuchar, de comprender y de seguir trabajando, desde el diálogo, para alcanzar soluciones. Porque en última instancia, lo que está en juego no es solo la situación de los médicos, sino la fortaleza de nuestro sistema sanitario y la calidad de la atención que ofrecemos a los ciudadanos.
Dr. Tomás Cobo Castro
Presidente de la Organización Médica Colegial



