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Sábado, 13 Agosto 2022

Intolerancias alimentarias: Lactosa

10/09/2012

 

El ser humano es el único mamífero que toma leche desde su nacimiento hasta su muerte, y la intolerancia a la lactosa puede ir creciendo a lo largo de los años, siendo muy frecuente en ancianos y bastante frecuente en adultos. Dicha intolerancia no produce otros síntomas más allá de los digestivos, siendo conveniente, antes de acudir a un médico, observarnos, analizando qué alimentos nos producen síntomas o no

Madrid, 10 de septiembre 2012 (medicosypacientes.com)

Dr. Juan Manuel Garrote. Muchas personas tienen “desde hace mucho tiempo” disregularidades digestivas, manifestándose a veces como gases que le abomban el abdomen (aerofagia), otras veces por ruido de tránsito de líquidos (ruidos de tripas) y otras veces porque se acelera sobremanera el ritmo intestinal, precisando acudir al aseo con emisión de heces líquidas,  con frecuencia de forma explosiva. Han pasado tanto tiempo con estos síntomas, que a pesar de ser incómodos se han asumido como parte propia de su vida y de su constitución; o quizás algún médico lo diagnosticó hace años como colon irritable, e incluso apuntó que en estos síntomas influía un factor emocional.

Son bastante numerosas las causas que pueden alterar nuestro tubo digestivo, algunas más importantes que otras, y algunas muy difíciles de diagnosticar; y para complicar más el asunto, los síntomas provocados por la misma causa se presentan con distinta intensidad entre las personas, y otras veces hay mezclas de varios problemas. Este es el prototipo de la intolerancia a la lactosa.

Comenzaremos explicando que la lactosa es un azúcar que para ser absorbido adecuadamente en el tubo digestivo necesita de una enzima -la lactasa-. La lactosa se  encuentra en la leche y en innumerables alimentos, por un lado los derivados lácteos que nos imaginamos  -yogurt, queso…-,  pero además la lactosa se utiliza como ligante o pegamento alimentario, de tal forma que podemos encontrarla en la mayor parte de los embutidos: salchichón, chorizo, jamón York, patés… y en la mayor parte de las comidas preparadas, ya sean congeladas o no. Este es uno de los motivos por el cual las personas que sospechando de forma intuitiva que la leche les sienta mal, se retiran del consumo de leche y sus síntomas digestivos disminuyen pero no se anulan. El ser humano es el único mamífero que toma leche desde su nacimiento hasta su muerte, y esta intolerancia va creciendo a lo largo de los años, siendo muy frecuente en ancianos y bastante frecuente en adultos.

La falta de lactasa no responde a todo o nada, de tal forma que hay personas que no tienen prácticamente nada de lactasa y por consiguiente padecerán los síntomas de forma muy brusca y rápida, y en cambio otras personas tienen cantidades mayores o menores de esta enzima y sus síntomas se dilatan en el tiempo, pudiendo no producirse en los minutos siguientes a la ingesta de leche, y no siendo despeños o emisión de heces líquidas, sino unos ligeros “retortijones o ruidos de tripas”.

La intolerancia a la lactosa no produce otros síntomas más allá de los digestivos, no generando fiebre, ni pérdida de peso, ni manifestaciones cutáneas, y como decía antes en muchas ocasiones se asume como una característica constitucional de la persona que lo padece.

El tratamiento médico consiste en la dieta, no existiendo por el momento ninguna terapia que evite la intolerancia; y para ocasionar más paradojas, cuando las personas afectadas dejan de consumir lactosa, dejan de generar lactasa, de tal forma que cuando consumen lactosa ocasionalmente las manifestaciones son de aparición mucho más rápida y mucho más florida. Por esta razón, es recomendable ir probando desde una retirada total de la lactosa, aumentando poco a poco la ingestión de lactosa hasta que aparezcan los síntomas. Es interesante considerar que los productos lácteos fermentados pierden parte de su contenido en lactosa -que se convierte en ácido láctico-, por lo que son mejor tolerados por quienes sufren este problema.

A veces en estos pacientes se asocian otras intolerancias como la del gluten, que también puede sufrirse en muy distintos grados, y en ocasiones ante la retirada del gluten de su dieta -si padece esa intolerancia-, aumentan la tolerancia a la lactosa.

Existen pruebas diagnósticas que nos descubrirán nuestra intolerancia, aunque antes de acudir a un médico es conveniente que nos observemos, analizando qué alimentos nos producen síntomas o no, ya que en ocasiones los mismos síntomas son producidos por alimentos que en la actualidad no tienen pruebas de laboratorio que los puedan diagnosticar.

En resumen podemos decir que:

Con alguna frecuencia asumimos trastornos digestivos como peculiaridades personales:

-Muchos trastornos digestivos que padecemos pueden tener que ver con nuestra alimentación

-La observación y el ensayo acierto/error dentro de nuestra dieta puede ayudarnos a determinar nuestro problema

-La gran mayoría de las intolerancias alimenticias se corrigen con una modificación de nuestra dieta

-En el caso de la intolerancia a la lactosa, hay que pensar que no sólo los alimentos más evidentes contienen lactosa

-Existen muchos fenómenos alérgicos múltiples y cruzados

-Aunque existen pruebas de diagnóstico para la intolerancia a la lactosa, no todas las intolerancias alimentarias disponen de estas pruebas

-La explicación de sus sospechas puede ayudar a su médico a diagnosticarle

Siendo la causa más frecuente el déficit de lactasa, existe otro problema relacionado con la leche y es de tipo inmunológico; la leche tiene proteínas a las cuales son alérgicas algunas personas. Este problema aparece ya desde edades tempranas y sus síntomas suelen ser más floridos, añadiéndose a los ya descritos anteriormente para la intolerancia a la lactosa, fenómenos cutáneas (ronchas, manchas), que pueden agravar enfermedades previas como el eccema atópico, y también pueden producir anafilaxias (reacciones alérgicas muy potentes). Estos enfermos acuden antes al médico por la exaltación de los síntomas.

Dr. Juan Manuel Garrote, médico de familia
y presidente del Colegio de Médicos de Segovia

Lectura recomendada:

http://www.lactosa.org/

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