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Profesionales demandan una norma básica estatal con suficiente rango para que las CC.AA. respeten los consensos alcanzados

 

Para que la Gestión Clínica avance se precisa, en primer lugar, una norma básica estatal con suficiente rango para que las CC.AA. respeten los consensos alcanzados sobre su implantación entre profesionales y Ministerio de Sanidad, además de otros requisitos que fueron desgranados por los participantes en la tercera mesa de la IV Convención de la Profesión Médica que abogaron por potenciar el profesionalismo y acabar con el «gerencialismo»

 

Madrid, 19 de noviembre 2014 (medicosypacientes.com/S.P.)

La gestión clínica es un modelo asistencial integrador, colaborativo y multidisciplinar que busca la mejora de la eficiencia y la calidad de la práctica clínica mediante la transferencia de la capacidad de decisión y la responsabilización de los profesionales en la gestión de los recursos utilizados en su ejercicio diario, organizando y coordinando las actividades que se generan en torno a cada proceso asistencial. Este es el marco conceptual consensuado entre el Foro de la Profesión Médica y el Ministerio de Sanidad y la base argumental de la Tercera Mesa Redonda, «Gestión Clínica: modelo, instrumentos y experiencias», incluida dentro del módulo de política sanitaria de la IV Convención de la Profesión Médica, celebrada recientemente en Madrid.

En ella participaron los Dres. Carlos Molina, presidente del Colegio de Médicos de Cuenca, presentador del módulo, José Ramón Repullo, profesor de planificación y economía de la salud en la Escuela Nacional de Sanidad, del Instituto de Salud Carlos III, autor del abstract; Fco. Javier de Teresa, presidente del Colegio de Médicos de Granada, moderador de esta mesa; Carlos Macaya, presidente de FACME, y Francisco Miralles, secretario general de CESM, como ponentes. Las principales cuestiones fueron planteadas por los Dres. José Pastor, presidente del Colegio de Médicos de Alicante, Manuel García Bengoechea, presidente del Colegio de Médicos de Guipuzkoa, y  Sebastián Martínez, presidente del Colegio de Médicos de Zamora.

Para que la Gestión Clínica avance se precisa, en primer lugar, una norma básica estatal con suficiente rango para que las CC.AA. respeten los consensos alcanzados sobre su implantación entre profesionales y Ministerio de Sanidad, además de otros requisitos que fueron desgranados por los participantes en este foro de debate. Entre dichos requisitos se destacaron, entre otros, presupuestos sanitarios reales y estables, restaurar la confianza de los profesionales, reducir la interferencia política, acabar con el «gerencialismo cortesano» y construir un marco profesionalizado de función directiva sanitaria alejado de debates estériles y basados en la autoridad clínica, además del diseño de un sistema de evaluación de las Unidades de Gestión Clínica, un rediseño de la práctica asistencial, junto al establecimiento de alianzas fundamentalmente con los pacientes y con la sociedad, en general. Estas son algunas de las ideas extraidas de esta tercera mesa.

El coordinador del módulo, el Dr. Carlos Molina, fue el encargado de introducir el tema, destacando la importancia del liderazgo del médico en lo referente al proceso asistencial.  Y es que, como indicó, por su parte  el moderador de la mesa, el Dr. Fco. Javier de Teresa, «la gestión clínica no es más que sinónimo de buen gobierno clínico, basado en la transferencia de responsabilidad, de poder y de autonomía, además de en los valores del profesionalismo médico, en sustitución del «gerencialismo».

A lo que los profesionales aspiran, en definitiva, es a cambiar la forma de organizar y hacer Medicina de la mano de sus verdaderos protagonistas, los médicos, «dejando de depender de los gerentes o de los políticos»,  como se pone de manifiesto en el abstract que sobre este tema presentó el Dr. José Ramón Repullo.

Desde su punto de vista, lo que el modelo asistencial precisa, en estos momentos, es «reconstruir un capital de confianza, generar un espacio de decisión y enfrentarse a uno de los auténticos problemas como es tomar decisiones sensatas, razonables y humanas con nuestros pacientes y, al mismo tiempo, resolver dificultades de interacción con nuestros compañeros», siendo, precisamente, estos aspectos la parte más compleja de la gestión clínica». En línea con lo anterior, el Dr. Repullo identifica tres dimensiones donde la gestión y la clínica se relacionan de forma fundamental: las decisiones clínicas, las actuaciones para el funcionamiento integrado de la asistencia sanitaria; y el rediseño de la estructura y la organización asistencial.

En este escenario entra en juego, además, la micro-gestión, de la mano de los propios profesionales, que permita coordinar la actividad clínica y motivar a los profesionales todo ello en línea con el mejor conocimiento científico y compatible con los medios y recursos disponibles.

Los posicionamientos de la profesión médica ante algunos de los temas clave de la gestión clínica fueron expuestos, en líneas generales, por los dos ponentes de la mesa Dres. Carlos Macaya, presidente de la Federación de Asociaciones Científico-Médicas Españolas (FACME), y Francisco Miralles, secretario general de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM).

En su intervención el Dr. Macaya habló de las herramientas necesarias que han de emplearse a la hora de implantar la gestión clínica  que se resumen en el manejo de un concepto común que recoja lo esencial de la definición de gestión clínica, y confianza entre los profesionales  que van a llevar a cabo la gestión clínica y los gerentes y consejerías de Sanidad, algo que ahora no se percibe, ya que reina la desconfianza entre ambas partes. Desde su punto de vista, «todo se tiene que materializar en un contrato de gestión y ser depositado sobre una plataforma de información, además de tener prevista una evaluación continua de la trayectoria que lleve esa gestión clínica».

En otro momento de su intervención se centró en el acuerdo marco firmado entre el Ministerio y el Foro de la Profesión Médica, en el que uno de sus epígrafes está dedicado a la gestión clínica, fruto del cual es la elaboración, a principios de este año, de un documento base sobre gestión clínica que incluye su definición, las principales características de las unidades de gestión clínica, los profesionales involucrados en las mismas, los principios para su desarrollo en el SNS, y, finalmente, el posicionamiento del FPME, ante este modelo asistencial.

Un aspecto que resulta fundamental para Macaya, tal como afirmó, es el poder efectuar una medición que haga posible y extrapolable la comparación entre los resultados obtenidos en unidades clínicas, algo por desarrollar, y que apuntó como una posible razón «por la que podría haber fallado parte de los «experimentos» llevados a cabo hasta el momento».

Por otra parte, dijo preocuparle que la gestión clínica «se asocie excesivamente con el sistema público sólo,» ya que, como defendió, también compete a la medicina privada, y cualquier documento resultante sobre la misma ha de ser extrapolable al ámbito privado».

El secretario general de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM) considera la gestión clínica como «una exigencia profesional», como un compromiso con la profesión y con los pacientes. «Es la oportunidad que tenemos los médicos para recuperar el protagonismo que cada vez más se nos intenta arrebatar dentro de la asistencia sanitaria», según expresó.

Miralles celebró el anuncio de la ministra de Sanidad, en esta misma Convención, de la próxima aprobación de una normativa estatal que de garantías legales a la gestión clínica. Queda por concretar, según el secretario de CESM, el rango de dicha norma, «pero si éste no es suficiente, de poco servirá para obligar a las CC.AA. a respetar los consensos básicos sobre su implantación».

Una controversia latente es el liderazgo del médico de las Unidades de Gestión. CESM tiene muy claro, según su secretario general, que si no es el médico el que lidera «no va a firmar ni va a colaborar con ninguna Administración sea nacional o autonómica».

Sobre este aspecto, el Dr. Repullo se mostró partidario de evitar poner sobre la mesa el tema sobre quién debe liderar las Unidades de Gestión Clínica (UGC) y de desatar más problemas interprofesionales. Su propuesta`pasa, en cambio, por «extender el manto protector, la capacidad integradora de la ciencia médica a otros compañeros y profesiones que van a tener que acompañarnos en este viaje».

Otro de los aspectos a los que se refirió Miralles es el de la personalidad jurídica, afirmando que se ha logrado consensuar que las UGC no tendrán personalidad jurídica propia en aquellos lugares donde esté establecida la gestión pública directa en el SNS.

Finalmente, hizo un repaso a las garantías pactadas con el Ministerio de Sanidad que pasan por: Dependencia de los Servicios de Salud de las Comunidades Autónomas o de las Gerencias, con carencia de personalidad jurídica propia en los centros de gestión pública directa; Respeto al régimen jurídico de vinculación del personal; Proceso de adhesión voluntario; Respeto a los derechos adquiridos del personal; e Incentivos económicos vinculados al grado de cumplimiento de objetivos y no al ahorro del presupuesto pactado.

El secretario de CEMS animó, finalmente, a ser ágiles y aprovechar su implantación para simplificar las modalidades de contratación, e intentar dar estabilidad laboral  y motivar a los profesionales que están en ellas, así como obtener un régimen jurídico adecuado, además de tener contemplado en el presupuesto a toda la plantilla. En este sentido, defendió «un modelo que contemple un presupuesto real y que cubra las necesidades de plantilla».

El presidente del Colegio de Médicos de Alicante, el Dr. José Pastor, tras comentar algunos aspectos sobre la experiencia existente en la Comunidad Valenciana de este modelo asistencial, se mostró convencido de que «la idea sobre las mismas está meridianamente clara, así como la figura del médico como profesional integrador. Comentó, asimismo, que hay otras profesiones sanitarias que están intentando, de alguna manera, reconducir el concepto de gestión clínica, como son enfermeros, farmacéuticos, ante lo cual preguntó sobre el papel del Foro de la Profesión Médica para preservar el papel integrador, globalizador, fundamental del médico en la dirección de estas unidades clínicas. Le respondió el Dr. Miralles, recordándole parte del contenido del documento consensuado con el Ministerio de Sanidad sobre gestión clínica (pinchar aquí).

El presidente del Colegio de Médicos de Guipuzkoa, Manuel García Bengoechea, planteó si con el camino que se lleva recorrido en gestión clínica ¿se puede considerar hoy en día que el desarrollo de la gestión clínica ha mejorado la implicación de los profesionales en la gestión de los centros?, a lo que el Dr. Macaya respondió que dicha implicación «ha sido muy palpable, aunque siempre muy en dependencia de la Administración sanitaria».

Finalmente, el presidente del Colegio de Médicos de Zamora, el Dr. Sebastián Martínez, incidió sobre el liderazgo de los médicos, partiendo de que la LOPS, como recordó, «permite que otros profesionales sanitarios también puedan ostentar dicho liderazgo». Relacionado con ello, además, está el tema de la elección del dirigente de la UGC, que en la actualidad es de libre designación, por lo menos lo que él dice conocer, cuando en, su opinión, «tendría que ser por méritos». También se refirió a los incentivos y a la motivación. «¿Esa incentivación económica  debe estar fuera de lo que es el presupuesto de la UGC o asociarse a lo que es el ahorro?», según planteó. Además, expuso sus dudas sobre el origen de la desconfianza que surge por parte de los profesionales médicos hacia las UGC, cuando -como dijo- «realmente lo que demandamos es autogestión».

Respondió a todos estas cuestiones el Dr. Repullo, quien indicó que, desde su punto de vista, más que una crisis del sistema sanitario la hay en el modo de trabajar en la Medicina a la que, a su juicio, «han contribuido la multiprofesionalidad, la multiespecialidad, y la enorme expansión del conocimiento científico dificulta, en cierto modo, la toma de decisiones y genera problemas de interacción entre los profesionales». De todo ello surge uno de los principales retos de la gestión clínica. «Tenemos que reconstruir una falsa complejidad en relación a la jungla burocrática que se ha generado o con el «gerencialismo atolondrado» al que hemos asistido, y al que se debe gran parte de la desconfianza de los profesionales».

Hay que reconstruir, a su juicio, «un capital de confianza, generar un espacio de decisión y enfrentarse a cómo tomar decisiones clínicas sensatas, razonables, humanas con nuestros pacientes y, al mismo tiempo, resolver los problemas de interacción con nuestros compañeros». Y es ahí, desde su punto de vista, donde radica la parte difícil de la gestión clínica.

La gestión clínica representa, en definitiva, como concluyó el moderador, Javier de Teresa, una oportunidad para que los médicos recuperen el liderazgo en la asistencia sanitaria y se ponga freno a la precariedad laboral, y es que, como sentenció «la gestión clínica no es más que hacer la buena medicina de siempre con ayuda de los valores de la profesión médica».

 


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