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La crisis del hantavirus en el crucero MV Hondius

Dr. Juan Hernández Martínez

Profesor en Universidad Rey Juan Carlos I y experto en Medicina Preventiva y Salud Pública

En relación al brote epidémico de infección por hantavirus a bordo del barco MV Hondius, la variante de los Andes del Hantavirus es un virus de ARN con envuelta, uno de cuyos reservorios principales es el ratón Oligoryzomys longicaudatus, que solo se encuentra de forma natural en países del Cono Sur. Al tratarse de una zoonosis, el caso índice necesariamente tuvo que entrar en contacto con estos animales o sus excretas. Por lo general, en Argentina y Chile es una enfermedad esporádica de los trabajadores del campo.

Esta variante causa una enfermedad cardiopulmonar grave con shock y muerte hasta en un 36 % de los casos, aunque depende mucho del soporte de cuidados intensivos que se facilite a los afectados.

La transmisión entre personas se produce por contacto directo desde un enfermo o persona en fase de pródromos, principalmente a través de gotas de saliva. La transmisión de persona a persona está confirmada. El mayor riesgo lo tienen las parejas o personas que conviven y duermen juntas (17,6%), mientras que en los contactos casuales es mucho más bajo, del 1,2%.

En promedio se estima que 1 de cada 30 contactos, aproximadamente, puede infectarse, si bien el caso del crucero es inédito, y entre el pasaje, confinado en tan pequeño espacio y durante tanto tiempo podría ser mayor. También se ha notificado algún raro caso de transmisión nosocomial y la existencia de algunos pacientes supercontagiosos (superspreaders).

El periodo de incubación es largo, de 2 a 6 semanas, pero la PCR suele hacerse positiva antes de la aparición de los síntomas, lo que permite anticiparse.

Estamos ante el primer brote epidémico de esta enfermedad en un crucero y ello es motivo de preocupación para las autoridades sanitarias y la ciudadanía de todo el mundo. Muchos pasajeros se han dispersado por una amplia nómina de países, que ahora tienen que hacer el correspondiente estudio de contactos.

Ante la llamada de un organismo como la OMS, invocando un tratado internacional (el Reglamento Sanitario Internacional y otros propios de la navegación) todos los niveles de la administración (nacional, autonómico y local) deben colaborar activamente.

Tenemos buen conocimiento de la epidemiología de la enfermedad, sus periodos de incubación, mecanismos de transmisión y métodos diagnósticos. Lamentablemente carecemos de vacuna y tratamiento antiviral o inmunológico de probada eficacia. En la clasificación tradicional de los patógenos estaríamos ante un agente del grupo 4, que requiere medios de bio contención de clase III para su manejo en el laboratorio. En España hay diversas UAAN (unidades de aislamiento de alto nivel) bien preparadas para aislar a pacientes contagiosos, si los hubiera.

Al tratarse de una zoonosis y tener una tasa de ataque secundaria baja, no es posible que en ningún país del mundo se produzcan grandes epidemias, salvo que no se ejerciera ningún tipo de control sanitario. Sin embargo, al tratarse de una enfermedad de alta letalidad, es importante que no se produzca ni un solo contagio más, fuera de aquellos que ya se han dado en el barco.

Por eso son necesarias las cuarentenas de todas las personas en contacto, que deben ser voluntarias y de no serlo, aplicarse las medidas individualizadas y con tutela judicial de hospitalización obligatoria, que se usan con regularidad para otras entidades consideradas un peligro para la salud pública. Dado que estamos hablando de 6 semanas de confinamiento, hay que ofrecer un trato humanizado, incluyendo soporte psicológico, así como preservar sus derechos a la protección de datos.

Es necesario limpiar, desinfectar y desratizar el barco. El hecho de que el virus tenga envuelta garantiza que se inactiva fácilmente con detergentes y desinfectantes usuales. Para esta última tarea existen muchas empresas especializadas y no representará ningún problema, se haga donde se haga.

Los EPIS que se precisan para esta tarea de limpieza, o para manipular muestras y atender a los pacientes consisten en guantes, mascarillas, gafas y trajes impermeables conocidos por todos.

Esta nueva epidemia, aunque importante, no se parece en nada a la covid-19, y harán bien los ciudadanos, los profesionales y los medios en no aumentar la inquietud de la población.

Sin duda, las administraciones, guiadas por la buena fe hallarán el modo de colaborar en su control. Las crisis de salud pública llegan periódicamente, lo sabemos todos. Casi siempre acaban convirtiéndose en crisis de comunicación con repercusiones políticas y sociales y un resultado final de descreimiento y desafección general por el sistema en su conjunto.

Deseamos que, por esta vez, predomine el espíritu de unidad basado en el sentido común, al amparo de la ciencia.

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