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El camino iluminado por Elisabeth Blackwell: mujeres en la Medicina

Las cosas difíciles requieren un largo tiempo, las cosas imposibles, un poco más”. Estas palabras del séptimo presidente de los Estados Unidos, Andrew A. Jackson, resuenan de manera peculiar al adentrarnos en la vida de Elisabeth Blackwell, conocida como la primera mujer médica, que desafió no solo las limitaciones de su época, sino que allanó el camino para las generaciones venideras.

Resulta intrigante sumergirse en la historia de una pionera que, a pesar de las adversidades, se erigió como una figura emblemática en el campo de la Medicina. Hoy, donde las mujeres prevalecen en las aulas de las facultades, resulta necesario reflexionar sobre los obstáculos que Elisabeth Blackwell enfrentó en el siglo XIX, una época donde las mujeres eran relegadas a roles tradicionales.

Así lo explica Celia Gómez, directora general de Ordenación Profesional del Ministerio de Sanidad, quien destaca a Blackwell como una de las personas más relevantes en la historia de la Medicina, y subraya la importancia de recordar cómo, hace aproximadamente 200 años, a las mujeres se les prohibía el acceso a la educación universitaria. “No hay que perder la perspectiva de cómo ha ido cambiando nuestro mundo”, enfatiza Gómez, destacando la trascendencia de celebrar la valentía de quienes desafiaron las normas establecidas.

Radiografía del desarrollo: la semilla de la herencia Blackwell


Nacida el 3 de febrero de 1821 en el seno de la familia Blackwell, Elisabeth fue la tercera de nueve hijos. Su padre, Samuel, regentaba una refinería de azúcar que, desafortunadamente, fue consumida por un incendio en 1832. Este suceso obligó a la familia a abandonar su hogar en Bristol y establecerse en Nueva York. Fue en este nuevo escenario donde Samuel se involucró activamente en el abolicionismo y donde los debates familiares sobre derechos y libertades tomaron un papel central.

Este contexto de transformación y activismo social proporcionó a Elisabeth el terreno fértil para cultivar su actitud decidida e inconformista que la acompañaría a lo largo de su vida.

Su decisión de estudiar Medicina no fue solo un desafío personal, sino una declaración de que las mujeres merecían un lugar en el ámbito académico y profesional.

El camino de Elisabeth hacia la Medicina fue moldeado por la pérdida de una amistad cercana. Este evento trágico no solo influyó en su elección, sino que sembró la semilla de su compromiso con la mejora de la atención médica y la promoción de la salud pública. “No solo hizo Medicina de forma práctica, sino que también hizo un trabajo de formar a más mujeres en este campo, finalizando su carrera dedicándose a la salud pública”, apunta Gómez.

Caminos para otras mujeres


Completar sus estudios en Medicina en 1849 no fue el final del viaje para Elisabeth Blackwell; fue el comienzo de una misión. En 1857, fundó la Clínica de Nueva York para Mujeres y Niños, reconociendo la necesidad crítica de servicios de atención médica específicamente diseñados para estas poblaciones. Su visión no se limitó a la práctica médica, ya que, en 1868, dio otro paso decisivo al establecer la Facultad de Medicina de la Mujer en la Universidad de Nueva York.

El legado perenne


El recorrido vital de Blackwell abarcó desde el estudio hasta la investigación, la práctica clínica y la salud pública, sirviendo de inspiración y modelo para muchas mujeres. Su valentía no solo derribó barreras, sino que también dejó un legado duradero que ha influido en generaciones posteriores.

Su vida nos enseña que los desafíos pueden superarse con determinación y que el progreso, aunque a veces lento, es inevitable. Hoy, las mujeres son un pilar fundamental en la Medicina gracias a su valentía, y su legado perdura como un faro de esperanza y empoderamiento.

Al rememorar sus logros, también honramos a todas las mujeres que continúan escribiendo nuevas páginas en la historia de la Medicina.

La luz de Blackwell continúa guiando a las generaciones actuales y nos recuerda que las mujeres en la Medicina no son solo una realidad, sino una fuerza indispensable que moldea el rostro de la atención médica global.

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