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El médico en el marco de la acción humanitaria

En los últimos años se ha incrementado el interés y participación de la comunidad médica por tareas enfocadas a la ayuda humanitaria entendida como el conjunto de acciones que van encaminadas, fundamentalmente, a salvar vidas y aliviar el sufrimiento de personas bajo una crisis humanitaria. Para dar a conocer mejor los perfiles de médicos cooperantes y voluntarios así como el entorno donde se mueven, «MedicosyPacientes» celebró recientemente un video-debate que contó con la participación del presidente de la Fundación Red Colegios Médicos Solidarios (FRCOMS), doctor Rodríguez Sendín; el doctor Tomás Cobo, patrono de esta Fundación, además de experto en esta materia; y el responsable de relaciones externas de Médicos Sin Fronteras (MSF), Carlos Ugarte

 

Madrid 3 de abril 2014 (medicosypacientes.com)

En los últimos años se observa un interés y participación crecientes de la comunidad médica por tareas enfocadas a la ayuda humanitaria entendida como el conjunto de acciones que van encaminadas, fundamentalmente, a salvar vidas y aliviar el sufrimiento de personas bajo una crisis humanitaria.

La acción humanitaria tiene su propio marco normativo, que es el derecho internacional humanitario, funciona con una serie de principios como es la neutralidad, la imparcialidad, la independencia, lo que diferencia de otros actores que, en un momento determinado, puedan compartir territorio, (fuerzas armadas, iglesia, otro tipo de agentes,…).

En la ejecución de las tareas que requiere este tipo de actividades se distinguen dos figuras, en función de una serie de características: Por un lado el cooperante, cuyo perfil se regula a través del Real Decreto 519/2006, por el que se establece el Estatuto de los Cooperantes, que lo define como aquella persona que cuenta con una adecuada formación o titulación académica oficial, una probada experiencia profesional y tiene encomendada la ejecución de un determinado proyecto o programa en el marco de la cooperación para el desarrollo. El cooperante es un profesional, contratado laboralmente por una entidad pública o privada promotora de la cooperación, y su labor se regula por el Estatuto del Cooperante en el que se fijan, entre otros aspectos, sus derechos y obligaciones, régimen de incompatibilidades, formación, homologación de los servicios que prestan y modalidades de previsión social.

El otro perfil es del voluntario que no suele disponer de vínculo laboral, sino de algún tipo de convenio de colaboración regulado por la Ley del Voluntariado. La distinción entre ambas figuras se establece, por tanto,  desde la ley que contempla unos derechos y deberes diferentes que el profesional médico, en su caso, debe conocer.

Partiendo de que detrás de una acción humanitaria hay muchos más aspectos de los que los medios de comunicación muestran ante la opinión pública, el diario digital «MedicosyPacientes» de la Organización Médica Colegial (OMC) organizó recientemente un video-debate para analizar estas cuestiones. El encuentro fue moderado por el doctor Juan Manuel Garrote, coordinador de comunicación de la OMC. Se contó con la participación del presidente de la Fundación Red Colegios Médicos Solidarios (FRCMS), el doctor Rodríguez Sendín, quien también presidió tiempo atrás la Fundación SEMG Solidaria. También intervino Tomás Cobo, anestesiólogo, presidente del Colegio de Médicos de Cantabria, patrono de la Fundación Red Colegios Médicos Solidarios, y experto en voluntariado. Un tercer experto fue Carlos Ugarte, abogado, responsable de relaciones externas de la ONG Médicos Sin Fronteras, además de  su experiencia en cooperación humanitaria.

Los participantes dieron su visión y trataron de explicar, sobre todo, para  todo aquel profano o no iniciado en este terreno de la cooperación y el voluntariado, los conceptos básicos de este tipo de actividades, las principales diferencias entre los perfiles de cooperante y voluntario así como los principales problemas con los que se topan en muchas ocasiones y que van más allá de lo que transciende a la opinión pública.

Con respecto a los dos perfiles anteriormente citados, el presidente de la FRCOMS observa claras diferencias, «aunque son complementarios, son claramente diferentes». Desde su punto de vista, el cooperante es aquel que de forma regular, incluso como profesión, trabaja durante un tiempo determinado en labores humanitarias, mientras el voluntario es descrito como «aquel que, durante un tiempo y de forma única, o periódicamente, sin ningún tipo de compensación y utilizando su tiempo libre y sus recursos, y sin formar parte, probablemente, de ninguna organización de este tipo, realiza ayuda humanitaria en aquellos lugares del mundo donde considera que puede prestarla».

Tanto Cobo como Ugarte se mostraron de acuerdo con estas apreciaciones, a lo que el representante de MSF aportó algunas diferencias más entre ambos perfiles, relativas a la relación jurídica que un profesional sanitario mantiene con la organización o estructura con la que se desplace a desempeñar su trabajo en una zona determinada. «Cuando hablo de marco jurídico, me refiero -especificó Ugarte- a la relación contractual establecida con la estructura con la que uno acude a las zonas necesitadas, ya sea remunerada, en el caso del cooperante, cuya actividad es más de carácter profesional, y no, en el caso del voluntario».

Ugarte insistió en la importancia de distinguir entre cooperación y acción humanitaria. Al respecto,  Cobo considera que la labor del cooperante «puede extenderse más el tiempo, puede tener mayor dedicación exclusiva, mientras que el voluntario, como es su caso, «dedica parte de su rutina profesional a una expedición sanitaria a un país en desarrollo, a acudir a una catástrofe natural», según indicó.

Si bien quedó expuesta la existencia de un elemento común entre cooperantes y voluntarios como es el impulso de ayudar a alguien que le hace falta, «por un instinto muy humano», como se destacó, se matizó que mientras el cooperante hace de esta labor su profesión, el voluntario la realiza como una actividad al margen o de manera complementaria a una profesión.

El presidente de FRCOMS hizo hincapié en que la buena voluntad es necesaria pero no suficiente para este tipo de situaciones, por ello, como subrayó, «hay que estar informado, saber dónde va, al escenario al que ha de enfrentarse puesto que no es lo mismo una situación de emergencia, que otros de normalidad con situaciones extremas por carencia de medios».

También es preciso reunir los requerimientos oportunos para que dicho colaborador no se lleve sorpresas, por ejemplo, por falta de titulaciones, por no portar las garantías que acreditan que se posee el título necesario para realizar intervenciones, además de los seguros y garantías necesarias.

Situaciones, cada vez más frecuentes son, según explicó el representante de MSF, las derivadas de la adaptación. Así, cuando uno llega al foco de una catástrofe, «cuesta adaptarse y empezar a funcionar, por tanto, si en un período breve de estancia, pongamos de unos 15 días, se utiliza la mitad o más para la ida y la vuelta, surgen dudas sobre la eficacia de la ayuda que se pueda aportar». De ahí que fuera bueno, en su opinión, «valorar el hecho de poder disponer de más tiempo para poder hacer realmente una labor que sea interesante para la población a la que se va a atender».

El doctor Cobo mostró su desacuerdo en este punto, argumentando, precisamente, que uno de los frenos al entusiasmo de los profesionales médicos, «es el tiempo que las ONG a veces exigen y la profesionalización que reclaman a un profesional para desplazarse al terreno», cuando, en su opinión, «no es necesario, puesto que a lo que se va es a desarrollar un trabajo, con una integración entre la población a la que se asiste y con la formación adecuada que se tenga progresivamente, se podrá establecer un programa que contribuya a la salud de los que viven en esa determinada zona».

El papel de los Colegios Profesionales

En opinión del doctor Cobo, las ONG han hecho de esto «un espacio acotado», y como patrono de la Fundación Red Colegio Médicos Solidarios y como presidente del ComCantabria, defendió el papel de «los Colegios profesionales, precisamente, para vehiculizar ese entusiasmo y para dar la garantía de que los profesionales que se involucran en estas acciones tienen la suficiente cualificación», reiterando que no se requiere de un tiempo prolongado para ello, «puede que no más de 20 días a lo sumo».

También sucede, a veces, como indicó, por su parte, el presidente de la FRCOMS que «emergen entusiasmos desorbitados de gente que se estrena por primera vez, lo viven como una especie de peaje vital para salvar su conciencia o calmar su insatisfacción por el mundo en el que están ubicados. Pese a que no es punible, sí pudiera llegar a ser peligroso en algunas circunstancias, sobre todo, cuando la gente no va bien preparada ni siquiera en lo personal, para dar la respuesta que se necesita, incluso hay quien puede llegar a ser una carga más por falta de preparación, sin más bagaje que su buena voluntad».

De ahí, según Rodríguez Sendín, «la importancia de que todo aquel que quiera dar un salto más de ayudar al prójimo y ejercer esos valores tan extraordinarios de las profesiones sanitarias en general, se empapen bien de toda la información necesaria, sepan muy bien dónde van, y tengan en cuenta que no se deben asumir riesgos innecesarios».

Precisamente, las corporaciones médicas pueden contribuir a que esta ayuda se profesionalice, «no tanto en crisis puntuales, sino en múltiples programas que existen de cooperación, en colaboración con hospitales que lo que no quieren, de acuerdo con el presidente de la OMC, es el entusiasta puntual al que hay que terminar cuidando muchas veces. Todo ello tiene que estar vehiculizado a través de los Colegios Profesionales», apuntó el presidente del Colegio de Médicos de Cantabria Cobo

Estatuto del Cooperante

Al respecto, el presidente de la OMC insistió en que «la persona involucrada en este tipo de tareas ha de saber dónde va, al escenario al que ha de enfrentarse puesto que no es lo mismo una situación de emergencia, que otros de normalidad con situaciones extremas por carencia de medios».

Asimismo -añadió- «hay que reunir los requerimientos precisos para que uno no se lleve sorpresas, por ejemplo, por falta de titulaciones, por no portar las garantías que acreditan que se posee el título necesario para realizar intervenciones, además de los seguros y garantías necesarias».

Por otra parte, es necesario que se cumpla la legislación vigente, ya que «no se puede penalizar al que hace cooperación o al que hace voluntariado», apuntó Rodríguez Sendín. En el caso de las ayudas humanitarias, probablemente, todo el mundo sale corriendo y se les permite ir donde quieran. Sin embargo, en el caso de los cooperantes no se está respetando el correspondiente Estatuto vigente, (El Estatuto del Cooperante), ni se está intentando regular los permisos que se precisan o las ayudas, o facilitar las cosas a los que demuestran que tienen un trabajo que desempeñar y además es eficaz.

Dicho Estatuto del Cooperante tiene una serie de garantías que no se han desarrollado. Por eso, una de las razones por las que la OMC ha firmado, recientemente, un acuerdo con MSF es, como explicó el doctor Rodríguez Sendín, «para instar, entre otros aspectos, a la autoridad sanitaria a ser serios, independientemente, de la crisis económica en la que estamos sumergidos, pero hay ciertas garantías que no se pueden romper, sino que hay que intentar mantener un cierto nivel de continuidad».

El representante de MSF se mostró de acuerdo, en este aspecto, con el presidente de FRCOMS. Ugarte explicó que «cuando se promulgó el estatuto del cooperante se trató de alguna manera poner un cierto orden en el sector puesto que habían proliferado muchas organizaciones, se daban muchas circunstancias en las que el personal salía sin ningún tipo de cobertura, sin información, lo cual aportaba más problemas que soluciones».

Desde el principio, comentó, «empezamos a ver debilidades en el Estatuto del Cooperante. Por ejemplo, en su artículo 10, dice que la experiencia en cooperación sólo servirá para seguir cooperando, pero, además, sólo si se coopera en el sector público. De ahí que, cuando el cooperante vuelve a su punto de origen no se le puede penalizar como si hubiera estado de vacaciones».

El otro problema, a su juicio, es la enorme dispersión normativa que hay, en parte, debido a la actual estructura del territorio nacional. «Al estar transferidas las competencias en Sanidad, cada CC.AA. hace de su capa un sayo. Hay que homogeneizar las normativas en este sector».

Según el doctor Cobo, el problema de la incompatibilidad está solventado en otros países. «Por ejemplo, en Reino Unido, acabas tu especialización y puedes salir libremente, y ese tiempo cuenta en los baremos establecidos para acceder a una determinada plaza, después, y en el caso de los militares, tres veces más».

En España, lamentó, «estamos tremendamente retrasados y, además, se da la paradoja de que a los militares no les cuenta el tiempo dedicado a estas labores. Te ves completamente frenado, sobre todo los más jóvenes, porque piden que dediques un tiempo importante de tu vida, y si sales de tu plaza MIR y de especialista, pierdes tu futuro». Este patrono de la FRCOMS considera que «es ahí donde debemos actuar para vehiculizar a esos jóvenes con ganas de participar en estas labores, sin que tengan que desviarse, obligatoriamente, de su trayectoria profesional y laboral».

Sobre este aspecto, el presidente de la OMC, indicó que «a un cooperante que esté trabajando por ejemplo tres años o cuatro, en un proyecto de cooperación, se le debe reconocer esa labor una vez de vuelta a nuestro país, respetando su plaza y a sus garantías laborales en caso de que las dejara para dedicarse a la cooperación». «Esta es una de las grandes cuestiones que nos preocupan -añadió- y que estamos dispuestos, en estos momentos, a reivindicar. Pedimos que se faciliten las cosas para evitar la penalización tanto para cooperantes como para voluntariado».

La validez del certificado de idoneidad

Otro de los aspectos de interés abordados en este debate fue el relacionado con el reconocimiento de las titulaciones cuando el profesional presta sus servicios fuera de su país. Por muy recóndito que sea el lugar, «hay un elevado nivel de exigencia con respecto a las titulaciones», según recordó el presidente de de FRCOMS, quien abogó por que haya un reconocimiento en todos los países del certificado de idoneidad que expide la Organización Médica Colegial como aval para el profesional que salga del país. Es por ello que, como dijo Rodríguez Sendín, «desde la OMC vamos a esforzarnos para que las embajadas y las organizaciones médicas de países de destino para este tipo de actividades conozcan adecuadamente la importancia de este documento».

Y es que según apuntó el doctor Cobo, «se percibe un mayor recelo por parte de los países receptores con respecto a los profesionales que vienen. Cada vez piden más garantías de que los que acuden son profesionales acreditados, con una relevancia profesional, y que ofrezcan seguridad a la hora de tratar a los pacientes». En este sentido, destacó que el certificado de idoneidad que expide la Organización Médica Colegial puede «tranquilizar conciencias y promueve el respeto hacia las estructuras de esos países». Es en definitiva, como definió, «El pasaporte que podemos presentar ante cualquier situación en el país de destino como acreditación».

Para concluir se hizo referencia a los aspectos éticos que rodean a este tipo de acciones. Como señaló el doctor Rodríguez Sendín, «nos preocupan aquellos médicos que acuden a países y les surge la tentación de hacer cosas que no haría en su habitual puesto de trabajo». En este sentido, lanzo el mensaje de que «no existe ninguna disculpa, bajo ningún concepto que permita tratar a un ser humano de manera distinta en ningún lugar del mundo, y con objetivos distintos a los que no sean velar por su salud».

El representante de MSF aseguró que en el caso de su organización, «el control lo lleva la propia entidad, hay un código muy estricto y el que no responde al mismo se le devuelve a casa».

«Hay una palabra clave -concluyó el presidente de la OMC- que es, sin duda, el respeto a los pacientes que en todas las partes son iguales y, por tanto, no se les puede tratar de manera distinta».

 

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