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Dra. María Castellano «Andreas Lubitz: Cuando la vida de muchos depende de la salud mental de uno solo»

 

La Dra. María Castellano Arroyo, Catedrática de Medicina Lega y Forense y  Vocal de la Comisión Central de Deontología de la OMC aborda en una artículo la reciente catástrofe aérea desde la perspectiva del quehacer profesional médicolegal

 

Madrid, 1 de abril de 2015 (medicosypacientes.com)

La caída del avión de Germanwing en los Alpes franceses ha conmovido a la gran mayoría de quienes lo hemos conocido; primero fue el sentimiento general de dolor que acompaña a todo acontecimiento en el que pierden la vida un número importante de personas y, probablemente todos pensamos: «me podía haber tocado a mí».

En muy pocas horas la mágica caja negra nos dejó conmocionados, no había sido un accidente, había un responsable directo, el copiloto que, intencionadamente dirigió al avión y a su pasaje a un encuentro mortal con la montaña. A partir del primer minuto de mutismo nos ha inundado el aluvión de hipótesis y opiniones, cada vez más diversas conforme se ampliaban los datos, expresadas con mayor o menor acierto en prensa, TV, radio o en tertulias familiares y de amigos, que nos han llevado a pronunciarnos en el ámbito psicológico, psiquiátrico, médicoforense y médicolaboral.

Aunque parece que se ha dicho todo no me resisto a expresar algunas reflexiones desde perspectivas habituales del quehacer profesional médicolegal en el que está comprendida una especial manera de analizar y abordar los problemas humanos.

El análisis del caso fue cambiando a lo largo de tres días al ritmo de las nuevas informaciones.

En la primera fase estábamos ante un hecho sorprendente: Andreas Lubitz, copiloto del vuelo, se queda solo en la cabina por la salida momentánea del comandante, circunstancia que aprovecha para bloquearle la entrada, e intencionadamente y a lo largo de unos 10 minutos, hace descender el avión hasta que su altura lo lleva a un encuentro fatal e instantáneo con la montaña. A partir de esto hay algo cierto, ha sido una conducta intencionada de un hombre que decidió acabar con su vida llevándose por delante la de otras 149 personas que nada tenían que ver con él. Esta es una conducta suicida, con un complemento homicida múltiple.

Y aquí entra la Psiquiatría, la Psicología y la Medicina Legal y Forense a las que se piden explicaciones comprensibles de lo que no puede comprenderse. Quede claro que desde la práctica médico-forense, procuramos comprender y explicar la conducta humana, pero, no necesariamente, eso significa disculparla.

El acto referido, solo puede asociarse a un trastorno mental. Sin embargo, cuando llevamos este acto a los «modelos» que habitualmente estamos acostumbrados a valorar, no encaja completamente en ninguno de ellos, faltan o sobran piezas, por lo que  el caso que comentamos se convierte en un caso excepcional.

La conducta suicida la asociamos a dos grandes entidades nosológicas, la depresión y la psicosis esquizofrénica (atendiendo a la frecuencia). En el primer caso, la inmensa tristeza, desesperanza, pérdida de proyecto vital, etc. de la persona deprimida, suele manifestarse clínicamente y se percibe en su entorno; cuando la persona gravemente deprimida decide su suicidio y lo amplia  a otras personas, suelen ser personas de su entorno, a las que quiere y cuida, de forma que, al quitarles la vida, siente que los libera del sufrimiento por el que ella está pasando y la acción aparece revestida, en cierto modo, de un sentimiento compasivo. Nada de esto sucedía en este caso; hemos de pensar que si existieron manifestaciones depresivas no tuvieron la suficiente intensidad como para ser percibidas por familiares y compañeros de trabajo; por otra parte, habría tenido más sentido que el acto de quitarse la vida lo hubiera realizado el señor Lubitz en solitario, sin arrastrar a la muerte a tantas personas inocentes y desconocidas; a no ser que se busque de forma morbosa la notoriedad (circunstancia a tener en cuenta).

En la psicosis esquizofrénica, el suicido aparece asociado a un trastorno delirante en el que la persona percibe una «inspiración mística», una «orden superior», un «mensaje», o «interpreta una señal» desde las que se pide que lleve a cabo dicha acción con finalidad diversa y siempre fuera de toda lógica racional. Estos cuadros suelen aparecer por primera vez en personas jóvenes (20-30 años), pero las personas que conviven con el paciente suelen percibir su cambio hacia actitudes de frialdad afectiva, de desconfianza, de rarezas diversas y manifestaciones extrañas; parece ser que tampoco estos síntomas se observaron en este copiloto.

No hemos agotado en estas líneas la diversidad psiquiátrica ligada a conductas suicidas, pero si es suficiente lo dicho para insistir en que se trata de un caso excepcional. Son muchas las personas que padecen trastornos mentales y no pueden sufrir estigmatización por casos como éste; la depresión, la esquizofrenia y otros trastornos mentales se controlan con el tratamiento adecuado y los pacientes pueden desarrollar una vida dentro de la normalidad.

En la segunda fase del caso hemos conocido más datos; se trataba de un joven de 27 años, al que se describe obsesionado por conseguir su sueño de ser piloto lo que consiguió tras el durísimo recorrido que esta profesión exige. Llama la atención, precisamente que pudiera superar este camino cuando, según la información ahora conocida, cuando se preparaba en EEUU sufrió cuadros de ansiedad y otras manifestaciones de inestabilidad; al parecer, ya trabajando en Alemania en 2009, estuvo de baja laboral por depresión en un periodo de varios meses; y, finalmente, en la actualidad había consultado a más de un especialista y el médico correspondiente le había prescrito tratamiento antidepresivo, dándole la baja laboral (en su domicilio se han encontrado psicofármacos y la baja laboral rota en una papelera).

Y aquí entra la Medicina del Trabajo en sus varias funciones. Primero la de selección de personal; las exploraciones previas a la contratación son específicas poniéndose las características biológicas y psicológicas del candidato frente a los requerimientos del puesto de trabajo; las exigencias que aviación tiene para pilotos, controladores y todas aquellas personas que asumen la seguridad de los usuarios del transporte aéreo, se ajusta a un exigente protocolo, en el que mediante Cuestionarios psicodiagnósticos se eligen personas con alta estabilidad emocional (buen manejo de emociones, sentimientos, pulsiones, baja tendencia a experimentar ansiedad, alta tolerancia a la frustración, etc.), se les entrena en la toma de decisiones en situaciones críticas y a manejar el estrés, ¿Cómo pudo ser considerado «apto» un hombre que carecía de esta estabilidad y que manifestaba síntomas y signos de vulnerabilidad psicológica?. Podría haber realizado otras muchas tareas y profesiones, pero no ésta.

Los datos contradicen que no se constatara su vulnerabilidad psicológica, fue más serio, se conocieron sus cuadros ansiosos y su posterior depresión y, con los datos que tenemos, al parecer, no se valoraron suficientemente. Y aquí entra otra función de la Medicina del Trabajo, el control periódico de la salud de los trabajadores; el personal de vuelo no puede volar mientras padezcan un trastorno mental y/o estén bajo tratamiento psicofarmacológico. ¿Cómo podía estar Andreas Lubitz al mando de un avión?. La respuesta es que la empresa desconocía su situación. La baja actual no la había transmitido a la empresa y había ocultado su situación, luego la responsabilidad directa era de este hombre como trabajador.

Sin embargo hemos de llamar la atención sobre el hecho de que en determinadas profesiones, el control de la salud psicofísica de los trabajadores debe ser especialmente cuidadoso. En España (y en la mayoría de los países de nuestro entorno, cuando se trata de patología común (no derivada del trabajo que se realiza, sería el caso de la depresión), es el Médico de Familia el responsable del control de la Incapacidad Temporal, dando la baja laboral y revisándola periódicamente; en estos casos es el trabajador el que proporciona una copia de la baja a la empresa, inicialmente no interviene la Mutua aseguradora, se deja a la voluntariedad del trabajador el que la empresa conozca su situación (se presume que el trabajador es el primer interesado en no trabajar). Sin embargo, hemos de insistir aquí en las actividades y profesiones en las que la seguridad y la vida de otras personas, dependen de la «aptitud» del trabajador (con especial consideración de los trastornos mentales), se debe ser especialmente exigentes con los reconocimientos periódicos y con el hecho de tener la certeza de que llega a la empresa por vía directa la situación de baja del trabajador (de «no aptitud» para desarrollar su actividad laboral o profesional); el Médico no puede confiar en que sea el trabajador el que comunique a la empresa su situación ya que puede ocultarla o retrasarla para mantener el trabajo.

Actualmente, en todos los países de Europa existe una Ley de no discriminación por cualquier tipo de discapacidad, y de integración laboral de las personas discapacitadas. Estamos de acuerdo en el espíritu y contenido de esta norma, sin embargo consideramos que se debe encontrar el equilibrio entre las exigencias psicofísicas que son necesarias para determinadas profesiones y actividades, y la no discriminación directa por discapacidad física o psíquica de una persona, buscando y favoreciendo que cada persona pueda alcanzar el máximo nivel en su desarrollo personal y aprovechamiento de todas sus capacidades.

No obstante, hemos de aceptar la realidad que se opone, tantas veces al cumplimiento de nuestros deseos, que deben encauzarse hacia vías posibles en las que encontrar la realización personal. Los casos de discapacidad física o psíquica que plantean obstáculos para realizar determinados estudios o ejercer determinadas profesiones, se abordarán individualmente, para buscar dentro de los aspectos clínicos, legales y ético-deontológicos una solución que resuelva el conflicto de intereses entre las pretensiones de la persona afectada y los del resto de los ciudadanos a los que también afecta. La olvidada palabra «resignación» tendría que recuperarse ante algunas situaciones individuales que plantean un conflicto de intereses entre «lo que yo deseo» y «lo que yo puedo», poniendo en primer plano el interés colectivo frente al interés individual; este principio no olvidará la individualización o especificación, ofreciéndose a la persona afectada todas las oportunidades posibles para su realización personal que seguramente será posible en otros ámbitos de la vida pública.

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