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Dr. Luis Pizarro: “Hay países en los que los movimientos nacionalistas tienden a reducir la ayuda y el compromiso hacia la solidaridad internacional”

Médicos y Pacientes entrevista al Dr. Luis Pizarro, director de la iniciativa Medicamentos para Enfermedades Desatendidas (DNDi), que recibió en 2023 el Premio Princesa de Asturias de Cooperación internacional.

Este médico chileno, referente en el campo de la solidaridad internacional, ha aprovechado su visita a España para reunirse con la Dra. Rosa Arroyo, vicepresidenta segunda de la Fundación para la Cooperación internacional (FCOMCI) de la Organización Médica Colegial (OMC), y Sonia Agudo, directora técnica de FCOMCI, con el objetivo de encontrar sinergias y próximas colaboraciones enfocadas en la ayuda sanitaria internacional.

¿Puede explicarnos en qué consiste la iniciativa Medicamentos para Enfermedades Desatendidas (DNDi) y cuáles son sus principales objetivos?

Es una organización internacional sin ánimo de lucro que fue creada hace más de 20 años, cuando Médicos Sin Fronteras gana el Premio Nobel de la Paz. Nace con el objetivo de desarrollar, junto a organismos de investigación en América Latina, África y Asia, nuevos medicamentos para las personas que viven en la extrema pobreza, para las cuales el mecanismo de investigación y desarrollo actual no promueve ningún medicamento. Esa es la idea principal: desarrollar mecanismos alternativos de investigación y desarrollo para traer un remedio para estas personas desatendidas.

Desde que asumió el liderazgo de DNDi en septiembre de 2022, ¿cuáles han sido los logros más significativos que ha visto en la organización?

Desarrollar un medicamento lleva unos 10 años en general. Hay que tener paciencia y pensar siempre en el largo plazo. Lo importante es tener en la mente que DNDi en estos 20 años ha desarrollado 13 tratamientos contra seis enfermedades, y hay algunas de ellas, como la enfermedad del sueño o la leishmaniosis, para las cuales podemos estar pensando en la eliminación en los próximos años.

Después tenemos desafíos como el Dengue, que van a ser un gran reto también para Europa por el cambio climático. Ahí estamos recién empezando. Estoy muy contento de que ya estemos en contacto con algunos laboratorios que tienen moléculas que podrían ser una solución para estas enfermedades.

Cabe destacar que no hacemos nada de manera individual. Es decir, la idea desde el inicio fue reunir a laboratorios, fundaciones y ministerios de salud de todo el mundo para contribuir conjuntamente al bien común. El trabajo de DNDi es crear esa Ciencia abierta y hacer del conocimiento científico un bien para la humanidad, que pueda ser compartido por todos. Eso va más allá de las personas desatendidas, es otra manera de hacer investigación y desarrollo para los años que vienen.

¿Ha notado un incremento en el apoyo de los distintos organismos implicados en la cooperación internacional en los últimos años?

Desde el inicio fue positivo ver que los países en los que estas enfermedades son más endémicas se sumaron rápidamente para tratar de aportar una solución a su población. Eso es normal. En el sector privado, es cierto que los laboratorios farmacéuticos cada vez han integrado más la noción de la responsabilidad social de la empresa, que los lleva a interesarse en este tipo de iniciativas. Ellos se dan cuenta de que la imagen que tienen en el público no es muy buena. En muchos países se compara con la industria de armamento.

Es decir, que los que están ahí para matar gente tienen a veces la misma imagen que los que están para sanar a la gente. Esto tiene un impacto también en las personas que trabajan en los laboratorios farmacéuticos. Incorporarse en este tipo de iniciativas es decirles a sus propios empleados: “Miren como nosotros contribuimos al bien común”.

Sin embargo, hay algo que nos preocupa y nos alarma. La situación de la comunidad internacional, con las guerras y la crisis climática, va afectando la noción de solidaridad internacional. Nosotros intentamos promover la solidaridad entre científicos. Esperamos que todas estas crisis que se van multiplicando no bajen el compromiso de la comunidad científica.

¿Cómo evalúa la situación actual de la cooperación internacional en el ámbito de la salud global?

Hay que verlo a diferentes escalas. Los países que tradicionalmente llevaban la ayuda internacional, el famoso G7, por ejemplo, está muy dividido en la actualidad. Hay países en los que los movimientos nacionalistas tienden a reducir la ayuda y el compromiso hacia la solidaridad internacional.

No obstante, hay que valorar que ciertos países, como España, han ido aumentando su compromiso en este aspecto en los últimos años. Hay nuevos países que están entrando en este juego, los famosos BRICS: Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica y otros que van llegando. Ellos vienen con ganas y medios económicos para hacer cosas, pero muchas veces con una agenda diferente, más específica para sus regiones. Ahí tratamos de comprometerlos con este tipo de iniciativas.

¿De qué manera la pandemia de COVID-19 ha influido en las estrategias y prioridades de la cooperación internacional en salud?

Creo que al principio todos los países tuvieron una reacción de protegerse a sí mismo. Esta no era la buena solución. Un virus como la COVID-19 no reconoce fronteras. Sin una verdadera movilización de la comunidad internacional y sin una buena colaboración entre científicos de todo el mundo, no es posible regular en tiempo y en hora este tipo de epidemias.

Esperamos que con el tratado de las pandemias que se está negociando ahora en la OMS, o con la negociación de todo el reglamento sanitario internacional, la comunidad internacional aprenda de los errores de la COVID-19 y nos permita tener un marco de cooperación y de solidaridad internacional mucho más robusto, que nos permita anticipar las crisis venideras.

¿Cómo valora usted el trabajo que realiza la Organización Médica Colegial de España, a través de su Fundación para la Cooperación Internacional (FCOMCI), en el ámbito de la cooperación?

Es un trabajo muy importante. Nosotros tuvimos la suerte de ser invitados por la FCOMCI el año pasado para presentar en Valencia, en el IV Congreso de Cooperación internacional, el trabajo de DNDi. Me gustaría darle mi agradecimiento a la Fundación. Se ha creado una relación muy positiva. Existe con la comunidad científica española una historia muy importante, con el Instituto de Salud Carlos III, a través de un compañero, Jorge Alvar, que ha impulsado esta colaboración. Y también hemos trabajado en Cataluña con ISGlobal en muchos proyectos desde hace años. Ese conocimiento y experiencia científica española ha servido para que países de América Latina y África puedan promover los proyectos de DNDi.

Nosotros intentamos sentar en la misma mesa a los pacientes y al cuerpo médico para escoger el mejor remedio que queremos desarrollar. Y durante todo el trayecto de investigación y desarrollo, vamos a estar en una relación constante con las personas que se preocupan por los enfermos.

¿Qué le motivó a orientar su carrera profesional a la cooperación internacional?

Yo soy chileno, pero tuve la suerte de hacer mis estudios de Medicina en Europa, en Francia. Allí conocí todo el movimiento que hacía Médicos Sin Fronteras. Claramente esto me inspiró y me dio ganas de conocer más. También tuve la suerte de trabajar dos años en Níger apoyando al Ministerio de Salud en el programa de lucha contra el VIH. Ahí confirmé que este era el tipo de trabajo que más me interesaba.

Recientemente fue nombrado Caballero de la Orden Nacional del Mérito de Francia. ¿Qué significa este reconocimiento para usted y su carrera?

Siempre hay que reconocer el trabajo que hay detrás de cada premio y cada premiado. Cuando tú diriges una organización, el reconocimiento es para toda esa gente que trabajó contigo y contribuyó a los resultados. Los premios son para todas las personas que trabajan en la organización, aunque se le entregue a una sola persona. Lo importante es que se pueda hablar de las personas desatendidas.

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