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Dr. Cuevas: “Nuestra responsabilidad como sanitarios es difundir más información y que nadie consuma pseudoterapias sin conocer la letra pequeña”

El Observatorio contra las Pseudociencias, Pseudoterapias, Intrusismo y Sectas Sanitarias (OPPISS) y la Fundación para la Formación (FFOMC) de la Organización Médica Colegial (OMC) organizan el próximo 23 de mayo a las 17:30 un nuevo seminario online, ‘Pseudoterapias en Salud Mental: Una Perspectiva Profesional’.

Este encuentro contará con la participación del Dr. José Miguel Cuevas, doctor en Psicología, Máster en Terapia de Conducta y experto en adicciones por la Universidad Complutense de Madrid, que adelanta en esta entrevista para Médicos y Pacientes algunas de las dinámicas grupales que se utilizan para la proliferación de las pseudoterapias, y las medidas que pueden tomar las comunidades y las instituciones para educar y proteger a sus miembros.

¿Qué podemos esperar del seminario ‘Pseudoterapias en Salud Mental: Una Perspectiva Profesional’?

Iniciativas como esta pueden ayudar a concienciar a los profesionales de la salud al respecto de la importancia de escoger estrategias basadas en evidencias y aprender a desechar aquellas otras que no lo están, muchas veces en base a distorsiones cognitivas que siguen afectando a muchos profesionales de la salud del tipo: “si a mi me funciona, me vale”, o ceder ante la presión de modas, pues las pseudoterapias no están exentas de ser movimientos a veces muy populares y alabados.

Introducir a los profesionales respecto a los riesgos y dramas vinculados a muchas de estas prácticas pseudoterapéuticas puede contribuir a no justificarse al respecto de su uso y difusión. Resulta necesario incrementar la conciencia al respecto de estos riesgos y que todos seamos partícipes contribuyendo a frenar su proliferación.

¿Cómo pueden las dinámicas grupales y las sectas influir en la proliferación y aceptación de pseudoterapias en comunidades y grupos sociales?

Las sectas se sirven en gran medida del “pensamiento mágico”, así como de las necesidades sociales y psicológicas. En este sentido, las pseudoterapias, aunque en sí mismas no son “sectarias” per se, resultan un excelente gancho, una oferta atractiva que permite contribuir a las falsas promesas que los grupos sectarios generan.

En este sentido, con el desarrollo teórico (aunque sea fantasioso y al margen de la ciencia) y la promoción de estas, muchas personas las consideran no sólo una “alternativa” (tal como muchos pseudoterapeutas las etiquetan), sino como “la opción”, la “única”, la opción terapéutica de primera elección.

Cuando se entra en determinados grupos de corte sectario se tiende a minusvalorar y desechar todo aquello que proviene del “sistema”. Si creen que el “sistema” está “podrido” el paso será desconfiar de las medidas que proceden de éste. De esta manera, el sanitario y las soluciones científicas, o el mismo “progreso”, será desechado; desconfían de estas verdaderas soluciones y se promocionará un mercado alternativo (y lucrativo) en todas las áreas sanitarias: pseudotratamientos psicológicos, médicos, en fisioterapia, etc.

En cualquier especialidad y para cualquier dolencia. Llegan a generar en sus miembros y simpatizantes una verdadera fobia contra el sistema sanitario y contra los profesionales, a los que incluso llegan a acusar de ser interesados, poco humanos o de cometer graves faltas contra sus pacientes. Por el contrario, se ofrece un mercado en el que abunda el “‘buenrollismo’”, la “cercanía”, la “empatía” y sobre todo, las peligrosas falsas promesas de sanación.

Estas prácticas pseudosanitarias muchas veces son desarrolladas por personas sin formación sanitaria ni científica, pero cuidado, también son promocionadas y practicadas por parte de profesionales titulados y colegiados; bien por ser “verdaderos creyentes”, bien como meros interesados. En definitiva, el paciente acaba cambiando al médico o al psicólogo por el “chamán” o el “gurú”.

¿Qué estrategias pueden emplearse para abordar los aspectos psicológicos y sociales que hacen que las personas sean vulnerables a las pseudoterapias?

En primer lugar, uno de los mayores riesgos puede ser la soberbia o el mito en creer que “no somos vulnerables” en caer en una pseudoterapia (o en una secta incluso). Todas las personas podemos tener vulnerabilidades y a todas nos gusta la idea de poder conseguir “más por menos”. En este sentido, la pseudoterapia te ofrece algo que suele percibirse como “muy bueno”. Un producto que aparentemente ha sido testado (así lo venden, aunque no sea cierto), que tiene una descripción técnica y sofisticada, usando conceptos que suenan bien. Usan el señuelo de imitar la terminología científica y de aparentar estar en ese mismo barco. Al mismo tiempo, también se juega con otras “trampas” con un marketing bien diseñado.

Son prácticas que a veces se venden como “milenarias”, otras como “ocultas” o “secretas”, etc. Soluciones aparentemente elitistas y siempre “efectivas” (de boquilla o incluso usando falsos artículos). Productos o tratamientos que además de ofrecer tasas de recuperación muy por encima de la verdad (por encima de los de verdaderos tratamientos), también se ofrecen como inocuos, carentes de riesgos o efectos secundarios, lo cual es totalmente falso, pues estos también conllevan una iatrogenia en su práctica, efectos no deseados ni deseables que el mismo “pseudoterapeuta” no controla. Por otro lado, cuando alguien apuesta por una pseudoterapia lo hace a costa de un tratamiento real, retrasando o impidiendo una verdadera sanación cuando realmente hacía falta. En algunos casos el trastorno no es grave y se da una remisión espontánea, lo que conlleva incrementar la confianza en la pseudoterapia (y en el pseudoterapeuta) y que éste pueda confiar en él también en tratamientos más graves que quizá no remitan.

En definitiva, creo que el paciente debe estar mucho mejor informado respecto a la denominación “pseudoterapia”, que haya un verdadero anuncio y un aviso, como ocurre con las cajetillas de tabaco: “usted está consumiendo una pseudoterapia que no ha demostrado efectividad alguna y que, además, entraña determinados riesgos para la salud”.

Nuestra responsabilidad como sanitarios, así como la sociedad en su conjunto, es la de difundir más información y que nadie las consuma sin conocer la letra pequeña. Como mínimo, que la población esté bien informada. En muchas ocasiones las personas consumen pseudoterapias porque están convencidas de que son opciones terapéuticas válidas y efectivas.

Se necesita también mucha más concienciación social respecto a los riesgos. Las personas llegan a creer que “no hacen daño”, sin apreciar ni conocer los verdaderos riesgos que entrañan en sí mismas. Algunos profesionales sufrimos en consulta las consecuencias de la mala praxis de pseudoterapeutas.

Los colegios profesionales sanitarios también creo que tienen su responsabilidad, pues pueden activar políticas y acciones que favorezcan que se frene su uso, al menos por parte de sus colegiados. Deben incrementar la información al respecto y tener una tolerancia cero con ellas. Por el contrario, en ocasiones algunos colegios profesionales, más allá de alertar, las han promocionado y difundido, considerándolas como una práctica más o, peor aún, realizando formaciones con sus contenidos.

¿Cuáles son algunos indicadores de que un grupo o movimiento está promoviendo pseudoterapias o prácticas peligrosas para la salud mental?

Algunos indicadores serían ofrecer tasas de recuperación excesivas o “milagrosas”, soluciones o concepciones basadas en creencias esotéricas o mágicas, poner en alza corrientes pseudoterapéuticas con un gran desarrollo y en moda, como si fueran verdaderas escuelas o ramas científico-sanitarias.

Un elemento importante también es la generación de dependencia. Mostrando que esta práctica es la “solución”, generando unas prácticas o dinámicas que el paciente ha de aceptar y repetir para que acaben siendo eficaces. A veces se llama a la “responsabilidad” del paciente en realizar dinámicas de “crecimiento personal” que implican largos cursos y formaciones pseudocientíficas, de manera que no sólo pueda “curarse a sí mismo” sino, peor aún, poder acabar ejerciendo como falso sanitario.

En estas prácticas el marketing puede ser muy agresivo y se pueden usar ‘influencers’, personas famosas e incluso académicos, para mostrar falsamente que se trata de un nuevo tratamiento revolucionario.

¿Cómo pueden los profesionales de la salud mental colaborar con expertos en estudios de sectas y grupos para proteger a las personas de influencias perjudiciales?

Creo que, dada la gran extensión en las últimas décadas, sería necesario una formación específica, a ser posible inserta en el currículum académico sanitario y, en su defecto, alguna formación transversal que contribuya a una mejor detección tanto de las pseudoterapias como de las dinámicas de manipulación y los efectos propios de grupos de manipulación psicológica o sectas coercitivas. Sería bueno que los profesionales de la salud comprendan “como suelen razonar” estas personas y que estrategias comunicativas pueden resultar más persuasivas o convincentes.

También resultaría necesario crear espacios en salud mental para tratar estos problemas de dependencia grupal, de manera que puedan derivarse y coordinarse estos casos por especialistas. Lamentablemente, esto no existe. De hecho, el programa de dependencias grupales que está presente en mi trabajo es una excepción a la norma que creo que debería extenderse en todas las provincias y con más tiempo y dedicación de la que actualmente cuento, puesto que, en realidad, lo abordo como un programa más dentro de otras muchas funciones. En definitiva, deberían existir equipos dedicados al cien por cien a estas problemáticas, tal como recomendó hace más de una década las comisiones parlamentarias de lucha contra las sectas.

¿Qué medidas pueden tomar las comunidades y las instituciones para educar y proteger a sus miembros de las pseudoterapias y prácticas sectarias que amenazan su salud mental?

Campañas informativas en prevención primaria, tareas educativas con dinámicas participativas en prevención primaria en institutos que ayuden a reforzar el pensamiento crítico y la información y el valor de la ciencia

Creación de unidades especializadas en dependencias grupales y en pseudoterapias; Elaboración de un verdadero observatorio del sectarismo y de pseudoterapias, con libertad para poder difundir en medios, con protección legal para los trabajadores que emprenden tales acciones preventivas e informativas

Inspección de determinadas asociaciones culturales, pseudosanitarias, religiosas, especialmente del cumplimiento de sus estatutos

Regulación de la promoción de ofertas sanitarias, de tal manera que se limite la posibilidad de que personal no sanitario pueda difundir información directa o indirecta de prácticas propias de sanitarios. En este sentido, se podrían introducir sanciones disuasorias a quienes realicen promociones pseudosanitarias sin la correspondiente autorización, así como impedir que, desde las redes sociales o internet, puedan promocionarse informaciones pseudosanitarias no basadas en evidencias

Elaborar filtros informativos y no tener tanto miedo a censurar contenidos “tóxicos”. Muchas personas creen que esto supone limitar la libertad de las personas y creo que es justo al contrario, se estaría protegiendo a las personas de prácticas que limitan su libertad personal

Censurar contenidos que habitualmente van anexos a prácticas peligrosas e incluso potencialmente delictivas no nos debería escandalizar. Es como si consideramos que no existieran filtros basados en el terrorismo o en la distribución de drogas ilegales. Los problemas sociales necesitan de soluciones y el problema es que el sectarismo y las pseudoterapias llegan muchas veces llegan a casa a través de internet o de las mismas redes sociales.

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