Campaña medicina rural

Sábado, 13 Agosto 2022

La voz de los sin voz

14/02/2010

Un “médico del alma”, el español Juan José Aguirre, habló en la OMC del papel de los médicos en la cooperación internacional que permite “sacar del pozo a miles de casos imposibles que gracias a esta ayuda pueden vivir una segunda vida”. Acudir a países como la República Centroafricana, el segundo país más pobre del mundo, es “recibir una bofetada de realidad”

Madrid, 15 febrero 2010 (medicosypacientes.com)

Descripción de la imagen

El obispo de Bangassou,
Juan José Aguirre y su hermano
Jesús Aguirre, senador del PP
y ex vicepresidente de la OMC.

En una jornada donde la solidaridad ha sido la protagonista, con la presentación de la Fundación Red de Colegios Médicos Solidarios y la entrega de las distinciones como “Colegiado de Honor Nacional con emblema de oro” a las organizaciones sanitarias de cooperación internacional, el Consejo General de Colegios de Médicos quiso cerrar el acto con la conferencia de “un hombre excepcional, capaz de servir de norte y guía”, el obispo de Bangassou (República Centroafricana), el cordobés Juan José Aguirre. Tal como lo definió en su presentación otro cordobés, el secretario general del Consejo General de Colegios de Médicos, Serafín Romero, se trata de una persona que “piensa en alto, siente hondo y habla claro”, alguien que en sus comienzo quería ser médico y acabó siendo “médico de almas”.

En su discurso, Juan José Aguirre, se presentó como “la voz de los sin voz, de todos los miles de africanos que no pueden estar aquí” y en este foro quiso asumir el papel de “ser su altavoz” para expresar “el agradecimiento que sienten cuando médicos generosos dan su tiempo y su saber para sacar del pozo a miles de casos imposibles, de casos irrecuperables, de casos sin esperanza”.

Durante su intervención trasladó a los asistentes su visión “en primera línea” de lo que es la realidad en un país, la República Centroafricana, en la que lleva más de 30 años como misionero; un país que es el segundo más pobre del mundo (sólo por delante de Níger y por detrás de Sierra Leona y Malí), donde el 95% de la población vive con menos de un euro al día, donde las infraestructuras sanitarias son prácticamente inexistentes, con una esperanza de vida al nacer de 40 años, con un 18% de la población contagiada de Sida y con tan sólo 4 médicos por cada 100.000 habitantes. Como expuso muy gráficamente “allí una operación es un artículo de lujo”.

El papel del médico en la cooperación internacional

Acudir como cooperante a un país como la República Centroafricana es como recibir “una bofetada de realidad”, por ello los cooperantes que acuden allí a prestar su ayuda desinteresada deben reunir cuatro características fundamentales: (1) una actitud positiva para “sembrar esperanza” en aquellas gentes; (2) conocer la realidad para no escandalizarse ni hundirse ante aquella realidad y poder afrontar el trabajo que les espera; (3) estar inmunizados contra la miseria para que, además de curar, enseñar y ayudar, sean capaces de conectar y convivir en ese ambiente; (4) dispuestos a aprender, porque también se puede aprender mucho de los pobres, de su lucha por la vida, “de no tirar la toalla aunque tendrían razones para hacerlo”.

El médico que acude a África debe tener “la cabeza fría, el corazón caliente y la mano larga”. La cabeza fría es necesaria para no perder la calma ante la falta de recursos y los constantes imprevistos (quedarse sin luz –una simple bombilla o una linterna- en mitad de una operación, tener que escurrir las gasas empapadas en sangre para volver a utilizarlas porque no hay nada más disponible...).

El corazón caliente para empatizar con la gente, aprender algo de su idioma, darles formación básica, ayudarle como uno más en las tareas... Y la mano siempre larga que es sinónimo de generosidad porque eso que tanto se dice de que “hay más alegría en dar que en recibir” allí se experimenta con una intensidad que cambia para siempre a los que viven esa experiencia.

Para concluir señaló que “el médico que viene a Bangassou tiene que ser fuerte sin dejar de ser tierno” y por ello “en un mundo donde se enaltece el consumismo” exaltó su agradecimiento a “estos médicos que van a dar una parte de su tiempo y conocimientos a África, tocando con la mano a los más pobres de entre los pobres”, ellos son “la contra-cultura, que no fundamentan su acción sobre el dinero ni se ponen de rodillas ante el materialismo”. Pero también quiso destacar lo imprescindible que resulta eso que llamó “la retaguardia”, es decir, todas las personas y organizaciones que desde aquí contribuyen haciendo posible el envío de ayuda material, gracias a la cual muchos miles de personas “pueden vivir una segunda vida”.