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Sábado, 20 Agosto 2022

La presencia de personas mayores en los puestos de trabajo ejerce una influencia positiva

21/04/2010

Alexandre Kalache, uno de los grandes expertos internacionales en envejecimiento, habló ayer en Bilbao sobre la necesidad de armonizar la presencia de distintas generaciones en el mundo laboral

Bilbao, 21 abril 2010 (medicosypacientes.com)

“La norma de determinadas sociedades occidentales provoca el desaprovechamiento de un gran potencial de experiencias y habilidades a la hora de la jubilación”. La reflexión corresponde a Alexandre Kalache, consejero senior de la Academia de Ciencias Médicas de Nueva York y director, hasta 2008, del programa de Envejecimiento y Salud de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y considerado el mayor experto internacional en envejecimiento, quien pronunció ayer en el palacio Euskalduna de Bilbao, la conferencia “Envejecer con salud”, en el marco de la iniciativa “Encuentros con la Salud”.

Subraya el experto que “en países como España, con unas tasas de envejecimiento aceleradas, esta cuestión sobresale aún más”. Para hacer frente a dicha pérdida, Alexandre Kalache puntualiza que “es un error decir que la presencia de personas mayores en los puestos de trabajo perjudica a los jóvenes. Ambas franjas de edad no compiten por los mismos puestos y hay estudios, realizados en el norte de Europa, que demuestran que por cada tres personas mayores que trabajan en una empresa se genera un nuevo puesto de trabajo para un joven, fruto de la productividad de estas personas. Es lo que pudiera llamarse un círculo virtuoso”.

Debido al aumento de la esperanza de vida y a la disminución de la tasa de fecundidad, la proporción de personas mayores de 60 años está aumentando más rápidamente que cualquier otro grupo de edad en casi todos los países. El envejecimiento de la población puede considerarse un éxito de las políticas de salud pública y el desarrollo socioeconómico, pero también constituye, según advierte Kalache, “un reto para la sociedad, que debe adaptarse a ello para mejorar al máximo la salud y la capacidad funcional de las personas mayores, así como su participación social y su seguridad”.

“Hay que percatarse que las sociedades han cambiado”, puntualiza el experto. “La jubilación es un concepto del siglo XIX, cuando la esperanza de vida de la población por encima de los 70 años era muy baja. Se hace necesario, por tanto, una coordinación entre los gobiernos y la sociedad para que, una vez garantizada la salud de estas personas mayores de 65 años –algo, por otra parte, cada día más extendido gracias a los adelantos científicos y tecnológicos…–, pueda aportar, además de experiencia, otros valores menos conocidos”.

¿Cuáles son estas virtudes? Alexandre Kalache asegura, amparándose en estudios realizados en el Reino Unido, que “la presencia de personas mayores en los puestos de trabajo serena y armoniza el ambiente de trabajo, facilita el contacto con la Administración y con otros interlocutores y disminuye la tasa de absentismo laboral, puesto que defienden con mayor interés su puesto de trabajo”.

Se plantea, entonces, como armonizar la relación entre generaciones tan distanciadas en el tiempo. También para ello hay respuesta. Kalache asegura que “la juventud actual se está criando sin contacto con las personas mayores y hay que impulsar e incentivar proyectos intergeneracionales. Es una labor de todos: de los gobiernos, que han de procurar esos espacios y la educación desde la infancia para que se valore el conocimiento de los mayores; de la propia sociedad, que ha de exigir esta presencia que aporta una plusvalía y de los medios de comunicación, cuyo papel a la hora de romper los estereotipos es esencial”.

Ocurre con demasiada frecuencia que se considera que las personas mayores ya están alejadas del circuito laboral y casi de la vida pública. “Es una idea errónea”, asegura el especialista. “Aunque la percepción es esa. Por poner un ejemplo, en la medicina occidental la especialidad de geriatría es la menos demandada entre los profesionales: nadie quiere trabajar con ese tipo de pacientes. Y otro tanto ocurre con los bancos, donde las personas mayores ofrecen un plus de fidelidad que no siempre se valora”.

En su trabajo como director del programa de Envejecimiento y Salud de la OMS hasta 2008, Alexandre Kalache impulsó el concepto de ciudades amigables, “donde las personas mayores eran las protagonistas principales. Se buscaba, sobre todo, oír sus sugerencias para conocer qué necesidades tienen”.

La salud es, como parece evidente, el eje sobre el que orbita el envejecimiento activo. Kalache entiende como “esencial” la vigilancia de la misma. “La tecnología sanitaria ofrece grandes oportunidades, circunstancia que no se aprovecha como se debiera. Pongamos un ejemplo, el control de la hipertensión arterial. Es un mecanismo sencillo y fácil de realizar que no está generalizado. Todavía hay mucha persona hipertensa sin diagnosticar, un riesgo que puede derivar en accidentes cardiovasculares. Pero incluso ahí, cuando la salud falla, es necesario ofrecer la seguridad de que el anciano está protegido. Hay que considerar que se ha prolongado la esperanza de vida de la tercera edad, pero también el de la cuarta edad, esa época en la que el viejo deja de valerse por sí mismo y precisa de cuidados”.

Se comienza a observar la figura de los abuelos canguro, “una cuestión que sólo es útil si es deseada por éstos. Si no es así hablamos de una forma de esclavitud. Hay que pensar, por ejemplo, que una persona egoísta con su tiempo libre no va a dejar de serlo porque tenga más años. Como tampoco una persona con baja escolaridad será más sabia cuando tenga más edad. Hay una cierta fábula alrededor de los ancianos sabios, como si la sabiduría fuese algo que se adquiriese el día que cumples 70 años. Es lo que se llama la idealización del envejecimiento”.

Otro concepto en boga es el de la feminización del envejecimiento. “En no pocas ocasiones es la mujer la que se hace cargo del cuidado de los mayores, aun a costa de su propia salud. Hay que considerar que los gastos públicos de la Sanidad se dispararían hasta la bancarrota si las mujeres que cuidan a personas mayores enfermas se declarasen en huelga”. Otro tanto ocurre con las personas cuidadoras “procedentes de la inmigración. Muchas veces no tienen conocimiento alguno para hacer esos cuidados y trabajan explotadas”.

A la hora de buscar un ideal, Kalache observa que aún no se ha llegado a algo así “aunque los países nórdicos están cerca. Es cierto que en eso países los impuestos son pesados, pero la gente es feliz con lo que ofrecen los gobiernos”. ¿Se ha perdido, acaso, la veneración por los ancianos de las sociedades primitivas? “Sí, claro que sí. Lo que ocurre es que ese mundo no volverá. Como tampoco parece que regrese el de las familias tradicionales, donde siempre hay miembros para cuidar a las personas de la tercera edad. Hay que ser conscientes de que tenemos un mundo nuevo al que dar respuesta”.