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Sábado, 26 Noviembre 2022

La OMC recuerda la necesidad de potenciar las estrategias educativas y preventivas en la reducción del consumo del alcohol

15/11/2010

Con motivo del Día Nacional Sin Alcohol, que se celebra hoy lunes, la Organización Médica Colegial insiste en que el alcohol no puede considerarse como una bebida más o un bien de consumo ordinario, máxime en colectivos especialmente sensibles como los menores, adolescentes, jóvenes y embarazadas

Madrid, 15 de noviembre 2010 (medicosypacientes.com)
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En el Día Nacional Sin Alcohol, que se celebra hoy lunes, 15 de noviembre, la Organización Médica Colegial (OMC) recuerda los riesgos del consumo de alcohol, especialmente entre los menores y las embarazadas, y la necesidad de implantar medidas educativas y de prevención.

En los últimos años se viene registrando un aumento del consumo de alcohol entre los menores y los jóvenes, así como la tendencia a empezar a consumir alcohol a una edad cada vez más temprana.

Por tanto, el alcohol se ha convertido en uno de los problemas de salud pública más importantes de nuestro país, que en muchos casos no va sólo sino acompañado de otros problemas como trastornos psiquiátricos secundarios y secuelas neuropsicológicas así como uno de los factores de riesgo para el desarrollo de cánceres como el de estómago o el de hígado.

Desde la OMC se recuerda que el alcohol no puede considerarse como una bebida más o un bien de consumo ordinario y se destaca la necesidad de potenciar las estrategias en la reducción del consumo de alcohol. Se trata, en opinión de los expertos, de una droga con efectos en la esfera conductual, psicológica, médica y social, que pueden ser muy graves a causa de su toxicidad física y de la dependencia. De hecho, cada vez hay más evidencias que demuestran que la vulnerabilidad genética a ciertas formas de alcoholismo es un factor de riesgo en algunas personas.

Las personas que consumen alcohol antes de llegar a la madurez fisiológica tienen más probabilidades de convertirse en alcohólicas en la edad adulta y de sufrir diversos problemas relacionados con este consumo.

Ya en 2007 la OMC se unió al llamamiento del Parlamento Europeo, para que se cuantificasen las consecuencias nocivas del consumo de alcohol entre los menores y se estableciesen unos “objetivos europeos” destinados a reducirlo y se endurecieron las normas de etiquetado, dispensación y publicidad.

El papel del médico

A menudo se piensa que los años de la adolescencia son los años de la vida con la mejor salud mental y física y cuando menos se necesitan los servicios sanitarios y, aunque esto es así para la mayoría de los jóvenes, una importante parte de éstos sufren diversos problemas de salud.

Soledad, depresión, suicidios, autolesiones, desórdenes alimenticios, agresiones físicas y sexuales, accidentes, enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados, “alcoholismo y drogadicción“, son ejemplos de problemas de salud que prevalecen especialmente en la adolescencia. Por ello durante estos años tan vulnerables y cruciales es importante sentar unas bases sólidas de actividades educativas, preventivas y de apoyo, fundamentales para la salud en un futuro.

Aunque los resultados de una prevención inadecuada de riesgos para la salud, tarde o temprano serán competencia de los servicios sanitarios, otros espacios pueden ser de igual o mayor relevancia en las actividades de prevención. En las mismas deberían participar profesionales cualificados de varios sectores, además de los políticos.

Uno de los primeros contactos con las personas que tienen problemas por consumo de alcohol es en la red de Atención Primaria, por lo que los médicos además de tratar las patologías asociadas al consumo del alcohol deben también abordar un cambio de mentalidad que permita tratar íntegramente el problema desde el individuo, el entorno familiar y comunitario.

Responsabilidad de
los padres y educadores

Tanto los educadores como los padres son responsables de formar a los jóvenes sobre su actitud ante el alcohol, y cuanto más tarde empiecen a beber y menor sea la cantidad, menor será el riesgo a que se verán sometidos. Un consumo de alcohol habitual y excesivo repercute en los resultados escolares, puede favorecer la participación en delitos así como puede tener efectos negativos en las relaciones sexuales y el comportamiento.

Al estar estrechamente ligado el consumo de alcohol con los modelos generales de comportamiento, la lucha contra el consumo de alcohol entre jóvenes y menores debe contar con la colaboración de padres, educadores y poderes públicos.

Alcohol y embarazo

Desde la OMC también se resalta los riesgos del consumo de alcohol durante el embarazo para evitar las enfermedades y retrasos en el desarrollo de los recién nacidos. Por ello, también es importante la implantación de campañas informativas y planes de ayuda durante el embarazo así como un seguimiento especial después del parto.

Alcohol y Seguridad Vial

Es una realidad la creciente y estrecha relación existente entre consumo de alcohol y accidentes de tráfico. Es muy común hacer referencia al colectivo de jóvenes (18-24 años) cuando se trata este tema, especialmente enfocado en el entorno del ocio nocturno, pero datos como que “de los conductores fallecidos, el mayor porcentaje de positivos en alcohol ( tasa = ó + 0.3 gr/l ) se encontró en el colectivo de 31 a 50 años, según fuentes del Instituto de Toxicología” (2008), nos indican que es necesario ampliar el alcance de ésta problemática. La concienciación del colectivo de médicos, representado en la OMC, por la seguridad vial es manifiesto y hemos de colaborar en la implementación y desarrollo de todas aquellas medidas formativas, informativas y divulgativas encaminadas a las acciones preventivas para tratar el consumo de alcohol y otras drogas en el ciudadano / paciente que conduce.

Finalmente, no hay que olvidar que el consumo de alcohol influye en la salud de la población en su conjunto, que los hábitos de consumo peligrosos e incontrolados forman parte de las principales causas subyacentes de enfermedad, violencia, discapacidades, problemas sociales y muertes prematuras, e igualmente contribuyen a la desigualdad social y sanitaria.