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Viernes, 30 Septiembre 2022

A la hora de transmitir una mala noticia en Medicina hay que ser conscientes de la repercusión que va a tener en quien la recibe

08/11/2010

La Organización Médica Colegial celebró ayer, jueves 4 de noviembre, una jornada para medios de comunicación bajo el título "Malas noticias:¿se puede transmitir mejor?", que contó con la participación de dos expertos en estos temas como son los doctores Marcos Gómez Sancho y Javier Rocafort. Con este encuentro formativo, que tuvo una inmejorable respuesta por parte de los asistentes, se ha pretendido ofrecer un espacio de reflexión para que con la participación de los medios tanto médicos como informadores avancen en ampliar conocimientos sobre este tipo de comunicación y sus distintas formas de expresión, y superar barreras que pueden entorpecerla o distorsionarla

Madrid, 5 de noviembre 2010 (medicosypacientes.com)

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El doctor Rodríguez Sendín participó en la
inauguración de esta Jornada.

La cotidianidad está llena de noticias malas tanto a nivel individual como colectivo, esto, en parte, resulta algo común tanto en el ejercicio de la Medicina como en el del periodismo. Saber manejar esta clase de comunicación en ambas parcelas puede contribuir a aminorar el sufrimiento de los receptores de este tipo de mensajes. Y es que como ha corroborado el presidente de la Organización Médica Colegial (OMC), “los efectos de las malas noticias tienen repercusión en las personas a título individual. Los médicos lo vemos inmediatamente tras comunicárselo a la persona que corresponda, mientras que los medios de comunicación provocan respuestas individuales a todos aquellos que les siguen, o a todos los que se les ofrece información”.

Estas declaraciones del doctor Rodríguez Sendín se enmarcan en la jornada organizada ayer jueves, 4 de noviembre, por la OMC, con la que, bajo el título ”Malas Noticias en Medicina: ¿Se pueden transmitir mejor?”, se pretendió crear un espacio de reflexión para que, con la participación de los medios de comunicación, tanto médicos como informadores avancen en ampliar conocimientos sobre este tipo de información y sus distintas formas de expresión, y poder superar, de esta forma, barreras que puedan entorpecerla o distorsionarla.

La jornada, que tuvo una gran acogida por parte de representantes de medios de comunicación, contó la intervención de dos especialistas de primera talla en cuidados paliativos, los doctores Marcos Gómez Sancho y Javier Rocafort. El primero, presidente de la Comisión Central de Deontología Médica de la OMC, y el segundo, presidente de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos. Como moderadora actuó la profesora de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid Yolanda Martínez, mientras que la inauguración corrió a cargo del propio presidente de la OMC, el doctor Juan José Rodríguez Sendín.

Un buen ejemplo de lo que estamos hablando lo constituye la Gripe A, transmitida en directo y no bien asimilada la información por muchos, con la consiguiente alarma social que causó. De ahí, las consecuencias que puede acarrear la forma de transmitir una noticia. De todo esto se desprende "la importancia de que los responsables de dar noticias, en este caso médicos y comunicadores, seamos conscientes de las respuestas individuales que se pueden producir, para articular de la mejor manera aquello que comunicamos. No se trata de dar una noticia espectacular, todos somos ciudadanos y responsables de los efectos que provocan nuestras acciones, sobre las personas a las que nos dirigimos. Es muy importante considerar que la realidad puede ser, de alguna manera, deformada", según apuntó el presidente de la OMC.

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Como en otros encuentros formativos,
el número de asistentes fue muy alto.

Dada la distinta naturaleza de cada uno, las reacciones ante una mala noticia no son siempre las mismas. En este sentido, desde la OMC se ha rechazado la forma elegida por la Dirección General de Tráfico (DGT) de comunicar por teléfono la muerte de un ser allegado, causada por accidente de tráfico, tal como mostraba una campaña reciente de esta institución. "Desde el punto de vista de la profesión médica hay que buscar una intermediación suficiente porque no sabemos quién está recibiendo la peor de las noticias y si está en condiciones de salud para asimilarla. Es muy importante, por tanto, a la hora de dar una mala noticia, en este caso por los médicos, articular y ver de qué manera se ajusta a cada una de las personas a las que se la transmitimos, para lo cual es muy importante encontrar un feedback con el receptor de esa información", tal como señaló el doctor Rodríguez Sendín.

Al igual que el presidente de la OMC, el doctor Marcos Gómez Sancho, presidente de la Comisión Central de Deontología Médica, también mostró su desacuerdo en la forma empleada por la DGT en una de sus últimas campañas “se trata de un excelente ejemplo de cómo jamás habría que dar una mala noticia, es decir, por teléfono”. Sin embargo, y como lamentó el doctor Gómez Sancho, también hay médicos que dan este tipo de noticias por teléfono. Así, hizo referencia a un estudio realizado en EE.UU., según el cual un 23 por ciento de enfermos fueron informados por sus médicos de un cáncer terminal, a través de una llamada telefónica.

"Auténtico acto médico"

Este experto considera como un auténtico acto médico la comunicación de malas noticias al paciente, cuyas técnicas hay que aprenderlas para poder transmitirlas lo más correctamente posible. Y es que, como lamentó, "en las Facultades se emplean cientos de horas en enseñarnos cómo diagnosticar enfermedades rarísimas que nunca nos vamos a encontrar y ni un solo minuto en cómo dar bien una mala noticia".

Tal vez por la inexistencia de un material docente sólido y homogéneo para todos, como recordó el doctor Gómez Sancho, "existen tantas formas de dar malas noticias, como enfermos y médicos. Será la experiencia profesional de estos últimos, su conocimiento de técnicas de comunicación, su bagaje cultural y su estatura humana, las únicas herramientas de que dispondrán los profesionales para poder enfrentarse a tan delicada tarea. Por tanto, no hay una forma “justa” o una forma “equivocada” para hacerlo. "Además, ningún médico con sentido común usaría la misma técnica para todos los pacientes", según concretó.

A este tipo de recomendaciones que aportó durante su exposición, sumó otras como la necesidad de cuidar el entorno en el que se va a producir ese tipo de comunicación entre médico y paciente: un lugar tranquilo, confortable, donde los ruidos o sonidos no interrumpan el acto, que ofrezca confianza al enfermo y a sus familiares.

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Momento del acto, con la profesora
Martínez, de moderadora.

La comunicación tiene mucho que ver con la atención al final de la vida, en muchas ocasiones. Si ésta es importante a lo largo de toda la vida del paciente, en el momento final, cobra una especial importancia, tal como recalcó el presidente de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAl), Javier Rocafort.

Desde los medios es importante saber que cuando se habla o se escribe para la población, entre ésta se encuentra gente que está en una situación próxima al final de la vida o sus propios familiares. Así, de cada millón de habitantes, unos 2.000 pueden encontrarse entre tres y seis meses antes de su final de la vida. Si, además sumamos familiares o personas muy allegadas a ese enfermo, el resultado es que una de cada 50 personas a las que se dirigen los medios de comunicación sufre una enfermedad terminal o le sucede a alguno de sus familiares más cercanos. De ahí la importancia que cobra una buena y correcta transmisión de este tipo de información.

El papel de los familiares

Está demostrado que es malo para el médico cualquier enfrentamiento que pueda producirse entre el médico y su familia. a sabiendas de que esta juega un papel fundamental. Ésta cobra más relevancia si cabe en el ámbito latino frente al anglosájón, según señaló el doctor Gómez Sancho. Lo importante, a su juicio, es impedir por todos los medios "la conspiración del silencio", lo que equivale a evitar que el propio enfermo tenga conocimiento de su situación real.

En este sentido, y según datos manejados por el doctor Rocafort, se podría decir que hasta en un 50 por ciento de los casos, la familia puede interferir en la relación médico-paciente.

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Representantes colegiales también
se dieron cita en este evento.

Sin embargo, la obligación de informar al paciente sobre su estado de salud es reciente en nuestro ordenamiento jurídico, tal como explicó el presidente de la Comisión Central de Deontología de la OMC. Existe un primer documento, en 1984, como es la "Carta de Deberes y Derechos del Insalud", donde se recoge esta obligación, la cual es incluida posteriormente en la Ley General de Sanidad en 1986. Posteriormente, y con la entrada en vigor de la Ley de Autonomía del Paciente, en 2002, este derecho es explícitamente regulado. No obstante, y como señaló el doctor Gómez Sancho, " existen excepciones al deber del profesional sanitario, cuando el profesional sospecha que esa información va en perjuicio del paciente y cuando éste rechaza saber su situación".