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Sábado, 13 Agosto 2022

Escribe el lector: ante la nueva Ley del aborto

27/01/2010

El doctor Fausto Gómez-Guillén reflexiona, desde el punto de vista del profesional médico, sobre el aborto

Madrid, 28 de enero 2010 (medicosypacientes.com)

Reproducimos la carta enviada por el Dr. Fausto Gómez-Guillén en la que da su opinión, como profesional médico, sobre la nueva Ley del aborto:

Los Colegios de Médicos ante la nueva Ley del aborto provocado

La nueva Ley sobre “El aborto provocado” merece ser analizada, en mi opinión y desde el punto de vista del profesional médico, al menos, en los siguientes aspectos:

- La pretensión de defender legítimos intereses de la mujer y la de proporcionar seguridad jurídica a los profesionales que provoquen el aborto.

Pretende defender los derechos de la mujer reafirmando la pretensión de quienes se auto califican como feministas y/o progresistas, de que ella, como dueña absoluta de su cuerpo, puede hacer con él cuanto quiera. Si un embarazo surge como una consecuencia no deseada de una relación sexual a la que tiene pleno derecho en tanto en cuanto es un acto que le produce satisfacción o placer, desembarazarse de la consecuencia de esa relación es un derecho suyo y sobre el que nada tiene que explicar ni responder. Obviamente, quien así piensa, no puede entrar en consideraciones biológicas y menos morales de si un embrión es o no un ser humano en un determinado estadio evolutivo. El embrión es como un amuleto, un objeto de adorno o como un quiste o verruga que le molesta y hay que eliminar.

Pero si esos argumentos pueden constituir una coartada para ciertas mentes, no pueden ser válidos para un médico. Razones morales aparte, es innegable que un óvulo fecundado, aunque célula embrionaria y “pluripontencial” en sus primeros días de desarrollo, es un embrión con información genética y capacidad de desarrollo suficientes, como para que, dejado a su natural evolución, nueve meses más tarde, acabe siendo un niño fuera del útero materno; la eliminación de ese embrión, mediante la provocación de un aborto, es un acto muy diferente a la valoración que la ley le otorga.

De ahí que la objeción de conciencia sea un elemental derecho del médico y la Organización Médica Colegial tenga, como inexcusable responsabilidad, defender al médico para ejercerla. Si el médico, actuando en conciencia, de forma directa o indirecta, se viese coaccionado para provocar un aborto, ocurriría que el derecho, más que discutible, que se le regala a la mujer, se haría a costa de otro derecho fundamental, el del médico, a objetar en conciencia provocar abortos.

Es también discutible que esta Ley proteja jurídicamente al profesional sanitario que provoque un aborto. La posibilidad de que se pueda realizar un aborto a una menor de edad, sin el consentimiento de sus padres, va a plantear otro grave problema por la inmensa responsabilidad de dicho acto, responsabilidad que el médico no debería asumir. Cuando hoy se exige el consentimiento informado para cualquier intervención médica, y más aún en el campo de la ginecología, sería un verdadero sarcasmo, en un verdadero Estado de Derecho, que a una adolescente, a la que no se le reconoce madurez mental suficiente para participar en unas elecciones ni para ser encausada penalmente, se le considere capacitada para firmar un documento, en condiciones de verdadero conflicto psicológico, asumiendo las consecuencias de una actuación médica, como es su propio aborto. Ante cualquier posible complicación y daño físico o psíquico y moral de la adolescente, ¿podrán y deberán los padres o tutores, exigir las responsabilidades de todo tipo que sean oportunas?. Y llegado este supuesto, ¿Quién asumirá la responsabilidad, ¿el médico o el Estado legislador?. Mientras se dilucida esa cuestión, el médico, con toda seguridad, será el primero en desfilar ante los Tribunales.

-Otra consideración que merece la comentada Ley es la nimiedad que otorga a la educación y a las relaciones interpersonales:

Es muy posible que, en muchas ocasiones, el embarazo de una adolescente sea la consecuencia de un acto que obedece a una cultura que convierte en trivial e intranscendente la relación sexual; en no pocas ocasiones, hasta es posible que esa relación se haya mantenido sin pensar en sus consecuencias y bajo los efectos del alcohol o cualquier otra droga. Por ello lo que debiera hacer el Estado es, en primer lugar, proporcionar la educación, incluida la moral, y los medios necesarios para que cada vez sean menos los embarazo no deseados y más las ayudas que se ofrezcan a la mujer para que no vea, en el aborto provocado, un medio anticonceptivo más o la única solución a esa situación imprevista y no deseada. Eso será mucho mejor que pretender resolver el problema mediante la idea, tan absurda como cargada de ideología, de crear una asignatura para enseñar a los futuros médicos, durante sus estudios de licenciatura, cómo se provoca un aborto.

Dr. Fausto Gómez-Guillén