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Lunes, 28 Noviembre 2022

Casi la mitad de las mujeres con artritis reumatoide se ven obligadas a dejar de trabajar por las secuelas de la enfermedad

09/03/2009

El pasado 8 de marzo se celebró el Día Internacional de la Mujer trabajadora

La Artritis Reumatoide (AR) es la causa más frecuente de incapacidad potencialmente tratable en el mundo occidental y afecta, en mayor medida, a la población femenina. Las barreras con las que se encuentra una persona con AR en su puesto de trabajo no son sólo físicas. Existen otro tipo de barreras que vienen dadas por el desconocimiento de la enfermedad, tanto por el paciente como por la sociedad en general

Madrid, 7 de marzo 2009 (medicosypacientes.com)

Artritis Reumatoide

Un movimiento tan sencillo como hacer un click con el ratón del ordenador puede convertirse en una tarea difícil y dolorosa para las personas que sufren Artritis Reumatoide (AR), una enfermedad reumática crónica y degenerativa que afecta a 200.000 personas en nuestro país y en mayor medida a la población femenina.

De hecho, por cada tres mujeres que sufren AR sólo es diagnosticado un hombre. Además, debido a que el sexo femenino tiene una esperanza de vida superior al masculino, se padece la enfermedad durante un mayor periodo de tiempo, a pesar de estas personas viven una media de 10 años menos a causa de la dolencia.

Debido a la discapacidad progresiva que provoca la AR, entre el 25 y el 50 por ciento de las mujeres que la padecen se ven obligadas a dejar sus puestos de trabajo a los 10 años desde el inicio de la enfermedad. Por otro lado, se piensa que la AR es la causa más frecuente de incapacidad potencial tratable en el mundo occidental.

Según el doctor Manuel Romero Jurado, de la sección de Reumatología del Complejo Hospitalario de Jaén, “la pérdida de la capacidad laboral por las secuelas de la AR tiene gran trascendencia social y económica, ya que se trata de una dolencia que se presenta en plena edad productiva y que debido a la inflamación de las articulaciones y el dolor que provoca, hace que ciertas actividades no se puedan realizar con total normalidad”.

Aunque no se conoce la causa exacta de esta enfermedad, el sexo femenino tiene una mayor predisposición a padecerla, por lo que existen varias teorías que indican que los factores hormonales influyen en su desarrollo.

Dificultades en las labores del hogar

Las articulaciones de las manos son las que se ven más afectadas y de forma más precoz por el desarrollo de la AR. Por este motivo, actividades de la vida cotidiana se ven limitadas de tal forma que subir una cremallera, o abrir un bote, actos que para una persona sana resultan sencillos y rápidos, pueden convertirse en una verdadera odisea para estos pacientes.

En este sentido, las labores del hogar constituyen otro obstáculo importante en la vida cotidiana de las personas con AR y sobre todo para las amas de casa. “Pelar patatas, tender la ropa, coger peso y cuidar de los hijos se convierten en labores que ofrecen serias dificultades”, explica Laly Alcaide, secretaria ejecutiva de la Coordinadora Nacional de Artritis (ConArtritis).

“Las amas de casa sufren especialmente esta enfermedad”, continúa explicando Laly Alcaide. “Al limitarse su trabajo al entorno doméstico, se relacionan menos con otras personas y este aislamiento implica que dedique más tiempo a pensar en su enfermedad, lo que supone un padecimiento psicológico importante. Además, en muchas ocasiones no cuentan con los recursos económicos suficientes que permitan aliviar este trabajo doméstico”.

Barreras físicas y barreras psicológicas

Las barreras con las que se encuentra un paciente con AR no se limitan sólo a las tareas cotidianas que deben dejar de hacer y a su cambio de hábitos. “Existe una barrera psicológica muy grande que los propios enfermos nos creamos. Ante un primer trabajo, surgen dudas sobre si debemos decir u ocultar que padecemos esta dolencia. También tenemos la incertidumbre sobre si podremos llevar a cabo las tareas con normalidad o simplemente si seremos seleccionados sabiendo que en algún momento de nuestra vida tendremos alguna limitación”, explica Laly Alcaide.

Pero sin duda, la gran barrera con la que se encuentran las personas que padecen AR es el desconocimiento que la sociedad tiene sobre esta enfermedad. Este hecho, unido a que si el paciente no se encuentra en un estadio muy avanzado de la enfermedad, el deterioro físico no es evidente a simple vista, hace que exista una gran incomprensión hacia estas personas, sobre todo en el entorno laboral.

“Por un lado, nuestros compañeros de trabajo no entienden nuestro tipo de dolor, nuestro cansancio en ciertas ocasiones y nuestra imposibilidad para realizar ciertas tareas”, apunta Laly Alcaide. “Por otro lado, tampoco solemos contar con facilidades y flexibilidad en nuestros puestos de trabajo que permitan que podamos llevar una jornada laboral lo más productiva posible”.

El hecho de vivir en una gran ciudad se convierte también en un problema a la hora de desplazarse hasta el lugar de trabajo puesto que el transporte público no está adaptado para las limitaciones que puedan tener las personas con AR.

La dificultad de agarrarse a las barras de sujeción de metro y autobuses, la imposibilidad de subir los brazos y la problemática que conlleva bajar y subir unas escaleras hacen que los traslados desde el hogar hasta el puesto de trabajo también impliquen un gran esfuerzo. “Además, el hecho de que las secuelas de la enfermedad no se contemplen a simple vista hace que el resto de personas no nos cedan un asiento fácilmente”, explica Laly Alcaide.

Tratamientos que incrementan la calidad de vida

Los nuevos fármacos biológicos han sido un paso importante en el incremento de la calidad de vida de los pacientes con AR. Según el doctor Romero Jurado, “son terapias eficaces y seguras tanto en el tratamiento de los síntomas como en la modificación de la enfermedad. De hecho, existen muchos estudios que abogan por introducir este tipo de tratamientos desde el principio”.

Para Laly Alcaide, “los pacientes tratados con fármacos biológicos experimentan un gran cambio físico, ya que se reduce el dolor y la inflamación, por lo que se gana en calidad de vida. Pero la mejora psicológica es también enorme, puesto que el hecho de ver controlada la enfermedad y que se puedan realizar un mayor número de actividades sin esfuerzo y dolor, hace que nos enfrentemos a ella de una forma más positiva”.

Por este motivo, un diagnóstico precoz y un tratamiento temprano con este tipo de fármacos hacen que la enfermedad se ralentice, llegando incluso a la remisión, y que las pacientes puedan llevar a cabo su trabajo de forma casi totalmente normalizada. El hecho de que remita la enfermedad no significa que ésta desaparezca, sino que con el tratamiento adecuado, sus signos y síntomas se minimizan hasta incluso ser imperceptibles.

Tal y como comenta el doctor Romero Jurado, “la buena formación que están recibiendo los médicos de Atención Primaria está haciendo que la AR se diagnostique de forma más temprana, puesto que los pacientes son derivados cada vez antes a los Servicios de Reumatología”.

Acerca de la AR

La Artritis Reumatoide es una enfermedad autoinmune, crónica y degenerativa que se caracteriza por la inflamación de la membrana que rodea las articulaciones. Esta inflamación produce dolor, rigidez e hinchazón, lo que puede derivar en la destrucción irreversible de las articulaciones.
Esta dolencia es altamente discapacitante y afecta a adultos jóvenes con edades comprendidas entre los 35 y los 55 años.

En nuestro país hay 200.000 personas que padecen esta enfermedad, y su incidencia es del 0,5 por ciento. El coste medio anual por paciente en España asciende a 15.000 euros. Si nos referimos a los países europeos de nuestro entorno, el número de casos asciende a los tres millones y su coste medio por cada uno de ellos a 17.000 euros.

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