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Susana Rodríguez: “El mundo todavía no está muy preparado para profesionales o alumnos que tienen alguna cualidad diferente”

Tener una discapacidad visual muy grave no ha frenado a Susana Rodríguez en sus propósitos: ser deportista de élite y doctora. Medalla de oro en los Juegos Paralímpicos de Tokio, campeona del mundo y de Europa, esta médica y triatleta paralímpica gallega, finalizó, además, en 2020 su formación MIR en la Unidad de Medicina física y de Rehabilitación del Hospital Clínico Universitario de Santiago (CHUS). Su historia, que es un ejemplo de superación para muchos, ha llegado hasta la portada de la revista ‘Time”. Ahora centra el número de la sección “Medicina violeta” de la Revista del CGCOM

Se trata de hacer lo máximo que puedas en cada momento con los recursos que tengas disponibles”. Es su premisa tanto para la Medicina como para el deporte. Para Susana Rodríguez ambas disciplinas guardan un vínculo muy especial y comparten valores como “la lucha, la constancia, la disciplina y el esfuerzo”.

¿Pero, cómo llega una triatleta paralímpica a ser médica? Con vocación. “Siempre tuve interés por la Medicina. Tuve el ejemplo de mi padre que es anestesista. Ahora está jubilado, pero siempre lo vi satisfecho con su profesión, a pesar de las largas horas trabajando”, explica. 

Durante la pandemia estuvo colaborando con el Servicio Gallego de Salud. “Estudiábamos los posibles casos de pacientes con síntomas de COVID-19 y decidíamos si solicitábamos o no PCR”. También continuó, en este servicio, con las consultas de rehabilitación no urgentes a través de consulta telefónica.

“Estoy contenta por haber elegido este camino y, aunque ahora mismo en la actualidad esté trabajando sólo en el deporte, tengo un vínculo constante con la Medicina y con mis compañeros porque son estupendos”, afirma Susana Rodríguez quien cuenta que “para mantener mi cabeza en relación con la Medicina está realizando un Máster en Prevención del Dopaje”.

En su profesión como médica, tener una discapacidad visual muy grave si ha condicionado cosas como, por ejemplo, tener que necesitar adaptaciones en su puesto de trabajo o de estudios. “Esta discapacidad limita las técnicas que requieren de precisión. En mi especialidad por ejemplo todo el trabajo guiado por ecografía o relacionado con ella”, explica.

Para ella, “elmundo todavía no está muy preparado para profesionales o alumnos que tienen alguna cualidad diferente”.

En el deporte le ha ocurrido también. “A veces hay personas que no han tenido contacto previo con deportistas con discapacidad visual y, por lo tanto, no conocen bien nuestra realidad y empiezan de cero con ella. Explicar cualquier concepto de técnica de un deporte es más difícil”, expone.

A pesar de las dificultades, ha logrado ser medalla de oro en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020 junto a su guía Sara Loehr, completando su triple corona, de ser campeona del mundo y de Europa en la clase PTVI (deportistas con discapacidad visual).

“Para mí a nivel deportivo el mayor reto fue continuar compitiendo cuando me diagnosticaron una cardiopatía a principios de 2020”, cuenta. Algo que no le detuvo. “Siempre quise estar en unos Juegos Olímpicos, ganar una medalla, pero de ahí a que esto suceda hay un mundo”, explica.

Comenzó a practicar deporte en 1998, cuando tenía 10 años y participó en un campeonato de España Escolar organizado por la ONCE para niños y niñas con discapacidad visual de todo el país. Con el triatlón entró en contacto mucho después, en 2010 y fue de casualidad. “La primera competición que hice me enganchó y desde entonces no he parado”, afirma.

Para ella la preparación física es tan importante como la mental. “Tengo claro que la preparación física sin la mental no permite llevar al máximo nuestras capacidades durante la competición… Pero la preparación mental sin la física tampoco es posible”.

En lo que respecta a las diferencias de género; para ella ser mujer no ha influido en su carrera profesional ni como médica ni como deportista. Sin embargo, “en mi experiencia personal si he visto diferencia de trato de algunos pacientes a su médico dependiendo de si éste es hombre o mujer. Todavía hay personas que hablan con un tono de voz diferente y que no respetan exactamente por igual”.

Para acabar con ello, en su opinión, es “necesaria educación igualitaria desde las familias y las escuelas; y que cuando existan desigualdades y se corroboren haya sus respectivas sanciones”.

Finalmente, se pronuncia sobre la labor de la Fundación para la Protección Social de la OMC, de la que es socio protectora.

“Es una labor encomiable y necesaria. El profesional médico en nuestro país todavía no tiene, en general, unas condiciones acordes a la responsabilidad que requiere el trabajo. Cuando esto se lleva a situaciones límite o con un estrés y presión mucho mayores a los habituales a veces es difícil mantenerse emocionalmente bien” explica la doctora para después resaltar “que es importante que haya opciones a las que recurrir cuando hace falta ayuda, como el TAP y PAIME. Los médicos también a veces enfermamos y es una situación muy peculiar y difícil de gestionar como para cualquier paciente y con conocimientos de la situación muchas veces mayores que los de la población no sanitaria”.

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