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Más de 800 millones de personas sufren subalimentación crónica en el mundo

Más de 800 millones de personas sufren subalimentación crónica, según un reciente informe de la ONU en el que se confirma, por otra parte, una tendencia positiva en la reducción del hambre en el mundo. Sus conclusiones y recomendaciones serán discutidas por los gobiernos y la sociedad civil el próximo mes de octubre en reunión del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial, en la sede de la FAO en Roma

 

Madrid, 17 de septiembre 2014 (medicosypacientes.com)

Más de 800 millones de personas en el mundo sufren subalimentación crónica, según se desprende del Informe sobre «inseguridad alimentaria, 2014» que la Organización Naciones Unidas (ONU) hizo púbico ayer, en el que se confirma, por otra parte, una tendencia positiva de la reducción en 100 millones del número de personas que sufren hambre en el planeta. Dicho informe (SOFI 2014, en sus siglas en inglés)  es publicado anualmente por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA).

Estos tres organismos hacen hincapié en que «una reducción del hambre acelerada, sustancial y sostenible es posible con el necesario compromiso político», y que éste «tiene que contar con información suficiente y una buena comprensión de los problemas nacionales, las opciones de política pertinentes, amplia participación y lecciones de otras experiencias».

El informe subraya cómo el acceso a los alimentos ha mejorado rápidamente y de manera significativa en países que han experimentado un progreso económico general, en particular en Asia oriental y el Sudeste asiático. El acceso a los alimentos también ha mejorado en Asia meridional y América Latina, pero sobre todo en países con redes de seguridad adecuadas y otras formas de protección social, incluyendo para los pobres rurales.

A pesar del progreso significativo en general, varias regiones y subregiones se han quedado rezagadas. En África subsahariana, más de una de cada cuatro personas permanecen crónicamente subalimentadas, mientras que en Asia -la región más poblada del mundo- es donde viven la mayoría de los hambrientos: 526 millones de personas.

América Latina y el Caribe han logrado los mayores avances globales en el aumento de la seguridad alimentaria. Mientras tanto, Oceanía ha logrado sólo una modesta mejora (una disminución del 1,7 por ciento) en la prevalencia de la subalimentación, que se situó en el 14 por ciento en 2012-14, y de hecho ha visto el número de víctimas del hambre aumentar desde 1990-92.

Con una cifra de personas todavía desnutridas «inaceptablemente alta», los responsables de la FAO, el FIDA y el PMA destacaron la necesidad de renovar el compromiso político para combatir el hambre y de transformarlo en acciones concretas. En este contexto, los tres valoraron positivamente la promesa en la cumbre de la Unión Africana ?realizada en junio de 2014- de acabar con el hambre en el continente en 2025.

«La inseguridad alimentaria y la malnutrición son problemas complejos que no pueden ser resueltos por un solo sector o parte interesada, sino que deben abordarse de manera coordinada», añadieron, pidiendo a los gobiernos que trabajen en estrecha colaboración con el sector privado y la sociedad civil.

El documento de la FAO, el FIDA y el PMA especifica que la erradicación del hambre requiere establecer un entorno favorable y un enfoque integrado. Este enfoque incluye inversiones públicas y privadas para aumentar la productividad agrícola; el acceso a la tierra, los servicios, las tecnologías y los mercados; y medidas para promover el desarrollo rural y la protección social para los más vulnerables, incluido el fortalecimiento de su resiliencia ante los conflictos y los desastres naturales. El informe también hace hincapié en la importancia de los programas de nutrición específicos, en particular para hacer frente a las deficiencias de micronutrientes de las madres y niños menores de cinco años.

El Informe de este año incluye siete estudios de caso -Bolivia, Brasil, Haití, Indonesia, Madagascar, Malawi y Yemen- que ponen de relieve algunas de las formas en que los países abordan el hambre y cómo los eventos externos pueden influir en su capacidad para cumplir con el logro de los objetivos de seguridad alimentaria y nutrición. Estos países fueron elegidos debido a su diversidad política, económica ?en particular el sector agrícola- y a sus diferencias culturales. En el caso de Bolivia, se ha creado instituciones para involucrar a una amplia gama de partes interesadas, en particular los pueblos indígenas antes marginados.

El Programa Hambre Cero de Brasil, que situó el logro de la seguridad alimentaria en el centro de la agenda gubernamental, es la base del progreso que llevó al país a lograr tanto los ODM como los objetivos de la CMA. Los actuales programas de erradicación de la pobreza extrema en Brasil se basan en el enfoque de vincular políticas para la agricultura familiar con la protección social de forma muy inclusiva.

Haití, donde más de la mitad de la población sufre subalimentación crónica, sigue todavía luchando para recuperarse de los efectos del devastador terremoto de 2010. El informe señala cómo el país ha adoptado un programa nacional para fortalecer los medios de vida y mejorar la productividad agrícola, favoreciendo el acceso de los pequeños agricultores familiares a los insumos y servicios.

Indonesia ha adoptado marcos legales y establecido instituciones para mejorar la seguridad alimentaria y la nutrición. Su mecanismo de coordinación de políticas comprende ministerios, ONG y líderes comunitarios. Las medidas abordan una amplia gama de retos, desde el crecimiento de la productividad agrícola a las dietas nutritivas e inocuas.

Madagascar está saliendo de una crisis política y está reanudando relaciones con los socios internacionales de desarrollo destinadas a luchar contra la pobreza y la desnutrición. También trabaja en asociación para crear resiliencia frente a las crisis y las amenazas climáticas, incluyendo ciclones, sequías y plagas de langostas, que a menudo afligen a la nación insular.

Malawi ha alcanzado la meta de los ODM sobre el hambre, gracias a un compromiso sólido y persistente para impulsar la producción de maíz. Sin embargo, la malnutrición sigue siendo un problema: el 50 por ciento de los niños menores de cinco años sufre retraso del crecimiento y el 12,8 por ciento tienen falta de peso. Para hacer frente al problema, el gobierno promueve intervenciones nutricionales de base comunitaria para diversificar la producción e incluir legumbres, leche, la pesca y la acuicultura, para lograr una alimentación más saludable y mejorar los ingresos de las familias.

Conflictos, crisis económica, baja productividad agrícola y pobreza han hecho de Yemen uno de los países con mayor inseguridad alimentaria del mundo. Además de restablecer la estabilidad política y económica, el gobierno pretende reducir el hambre en un tercio para 2015 y lograr que el 90 por ciento de la población disfrute de seguridad alimentaria para el año 2020. También tiene como objetivo reducir las graves tasas actuales de malnutrición infantil en al menos un punto porcentual por año.

Las conclusiones y recomendaciones del Informe SOFI 2014 serán discutidas por los gobiernos, la sociedad civil y representantes del sector privado en la reunión del 13 al 18 octubre del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial, en la sede de la FAO en Roma.

El informe también será un elemento clave de la Segunda Conferencia Internacional sobre Nutrición (CIN2) que tendrá lugar en Roma del 19 al 21 de noviembre, y que la FAO está organizando conjuntamente con la Organización Mundial de la Salud. Estar reunión intergubernamental de alto nivel busca, a nivel global, un compromiso renovado para combatir la malnutrición, con el objetivo general de mejorar la alimentación y elevar los niveles de nutrición.

Se adjunta en PDF Informe ONU

 

 

 

 

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