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Líderes mundiales adoptan una declaración política con medidas urgentes para erradicar la tuberculosis

Los jefes de Estado y de Gobierno, entre ellos la ministra Carcedo, asistentes a la reunión de alto nivel de la ONU sobre Tuberculosis (TB), que tuvo lugar, recientemente, en Nueva York, adoptaron una declaración política como culminación de los recientes compromisos de liderazgo a nivel mundial y regional, incluida la Declaración de Moscú de 2017 para poner fin a la tuberculosis, para impulsar el acceso universal, la financiación suficiente y sostenible, la investigación e innovación intensificada y la rendición de cuentas en todos los sectores

La celebración de esta reunión de alto nivel ha representado para los gobiernos y todos los asociados comprometidos en la lucha contra la tuberculosis un paso adelante importante y sin precedentes, y  es resultado  de la Conferencia Ministerial para Poner fin a la tuberculosis celebrada en Moscú el pasado mes de noviembre de 2017, en la que ministros y otros dirigentes de 120 países asumieron compromisos de alto nivel para avanzar más rápidamente hacia el fin de la enfermedad.

Actualmente, la tuberculosis es considerada como una epidemia que infecta a unos 10,4 millones de personas en todo el mundo, alimentada por la pobreza, la desigualdad, la migración y el conflicto.

Entre las medidas adoptadas se acordó movilizar 13 mil millones de dólares al año para el año 2022 para implementar la prevención y atención de la tuberculosis, y 2 mil millones de dólares para la investigación. Se comprometieron a tomar medidas firmes contra las formas de la enfermedad resistentes a los medicamentos; crear responsabilidad y priorizar cuestiones de derechos humanos como el estigma que aún prevalece en torno a la TB en muchas partes del mundo. 
 
Se observó que la tasa actual de progreso estaba poniendo en peligro las perspectivas de cumplir los objetivos mundiales para erradicar la tuberculosis. Como se recordó, en la actualidad la tuberculosis sigue siendo la enfermedad infecciosa más mortal del mundo, teniendo en cuenta que mató a 1,6 millones de personas en 2017, incluidas 300 000 personas con VIH. En ese mismo año, 10 millones de personas enfermaron de tuberculosis.  
 
Universalidad y tuberculosis

A la reunión asistió por parte de España la ministra de Sanidad María Luisa Carcedo que, en su intervención, vinculó la recuperación de la universalidad como una «pieza clave» en la lucha contra la tuberculosis y, en general, en «la protección de la salud individual, especialmente de las personas en situación de mayor vulnerabilidad, y colectiva». «El acceso y cobertura universales para la prevención, diagnóstico y tratamiento de la tuberculosis son las claves sobre las que tienen que basarse el conjunto de acciones para el control de esta enfermedad y construir una sociedad más justa y mejor», indicó la ministra.

 
Carcedo se refirió a las barreras de acceso a los servicios sanitarios como uno de los «principales aliados» de la tuberculosis, además de otros factores como «la pobreza y la exclusión, la marginación social o la presencia de otras patologías y comorbilidades». Por ello, ha insistido en la trascendencia de medidas como la recuperación de la atención sanitaria normalizada para todas las personas en España, y en la necesidad de «no dejar a nadie atrás».
 
«Debemos extender la cobertura sanitaria universal y fortalecer las capacidades de los sistemas sanitarios del mundo. Debemos hacerlo tanto por razones de justicia social como por ser más eficaces en la lucha contra enfermedades, que ya no tienen fronteras. Por eso, en España hemos recuperado la cobertura sanitaria universal del Sistema Nacional de Salud», ha incidido.
 
La responsable de Sanidad recordó que el Plan Nacional para la Prevención y Control de la Tuberculosis, aprobado en España en 2009, se alinea con la estrategia Mundial y el Plan de Acción regional de la OMS frente a la enfermedad. Además, aludió a la necesidad de responder a distintos retos que plantea la tuberculosis, como «el aumento de resistencias».
 
«Necesitamos disponer de un arsenal terapéutico más amplio y adaptado para afrontar la creciente presencia de resistencias a los fármacos antituberculosos», indicó Carcedo. Además, defendió la importancia de «fortalecer las capacidades de acompañamiento de los tratamientos para que culminen con éxito», o fijar estrategias para el control de la enfermedad en poblaciones de elevada movilidad. Todo ello, «con el estricto respeto a los derechos humanos».
 
Con motivo de la asistencia a la reunión de alto nivel, la ministra aprovechó una serie de encuentros bilaterales con altos cargos de distintos estados y organizaciones internacionales. Entre ellos, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus; el Comisario Europeo de Salud y Consumidores, Vytenis Andriukaitis; la ministra de Salud de Francia, Agnés Buzyn; el ministro de Salud de Portugal, Adalberto Fernández; y el ministro de Sanidad, Trabajo y Bienestar Social de Japón, Katsunobu Kato.
 
Poner fin a la enfermedad
 
La tuberculosis tiene graves consecuencias a nivel mundial. En 2016 fue una de las 10 principales causas de defunción en todo el mundo: mató a 1,8 millones de personas, de las cuales 0,5 millones eran infectados por el VIH. De acuerdo con las estimaciones, en ese año 10,4 millones de personas se infectaron por el bacilo tuberculoso en todo el mundo.
 
La crisis de salud pública causada por la tuberculosis multirresistente todavía no se ha controlado, según las autoridades sanitarias. Las actividades de lucha contra la enfermedad han logrado salvar la vida de 53 millones de personas desde 2000, pero las inversiones y las medidas adoptadas resultan claramente insuficientes para poner fin a la epidemia. Para alcanzar los objetivos establecidos a escala mundial, los países deben trabajar más intensamente a fin de prevenir, detectar y tratar la tuberculosis. Para ello es necesario actuar a nivel multisectorial, abarcando los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
 
En septiembre de 2015, los Estados Miembros de las Naciones Unidas aprobaron 17 ODS. Una de las metas del ODS 3 («Garantizar una vida sana y promover el bienestar de todos a todas las edades») es poner fin a la epidemia de tuberculosis.
 
Se adjunta en PDF declaración política sobre TB adoptada en Asamblea ONU.
 

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