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Laura G. Merino: “Los periodistas necesitamos a las organizaciones sanitarias para conocer la evidencia científica detrás de lo que estamos escribiendo”

Médicos y Pacientes habla con la periodista Laura García Merino, que participará en el próximo seminario del Observatorio contra las Pseudociencias, Pseudoterapias, Intrusismo y Sectas Sanitarias (OPPISS) de la Organización Médica Colegial (OMC), ‘Herramientas para la verificación de información en el ámbito de la salud’, el próximo 29 de febrero.

La coordinadora de la sección Maldita Ciencia en el medio Maldita.es, Laura G. Merino, nos explica algunos de los procesos que sigue para verificar la información en salud, así como el impacto que tienen las redes sociales y las nuevas tecnologías en la propagación de información falsa.

¿Cuáles son algunas de las herramientas más efectivas que utiliza para verificar la información en el ámbito de la salud?
Normalmente no utilizamos ‘herramientas’ como tal, como sí lo hace el equipo de Maldito Bulo (además, para todo tipo de formatos: desde fotografías e imágenes creadas a través de inteligencia artificial hasta retoques, nombres de usuarios, origen real de un fotograma concreto, etc.).


En relación con los contenidos desinformadores sobre Medicina y salud, echamos mano de la evidencia científica al respecto. En este sentido, utilizamos idealmente revisiones y metaanálisis de estudios (teniendo en cuenta las posibles limitaciones), posicionamientos de las sociedades científicas al respecto, información facilitada de universidades u hospitales y, evidentemente, expertos en el tema en cuestión (muchas veces de aquellas que forman parte de nuestra comunidad y que han registrado lo que nosotros llamamos ‘superpoderes’ para poder echar un cable en lo relativo los temas sobre los que controlan).

¿Qué criterios o metodologías sigue al evaluar la veracidad de la información relacionada con la salud?
Depende del tipo de artículo que utilicemos para cada contenido:
Bulo: aquellos temas que consideramos que son un bulo siguen la misma metodología de Maldito Bulo. En esos casos los artículos se publican en las dos secciones.


Sin evidencias: afirmamos que de algo “no hay evidencias” cuando no existen estudios mínimamente sólidos (con una muestra representativa, grupo de control y sistema de doble ciego) que sustenten una afirmación y nos encontramos con un consenso científico generalizado, estable y asentado en el tiempo del que participan tanto instituciones y sociedades científicas como los expertos a los que consultamos.


Afirmaciones falsas: otros temas sobre contenidos desinformadores que necesitan explicación y contexto porque están basados en premisas falsas que ya hemos desmentido previamente pero que no cumplen con la metodología de un bulo incluirán en su titular la frase “Las afirmaciones falsas de…” o “Cuidado con…”. Aquí un ejemplo, aquí otro.
Divulgación: Artículos más divulgativos que no responden a ninguno de los titulares anteriores y suelen ser más abiertos, con titulares encabezados con “¿por qué…?, ¿qué es…? o enumeraciones”.


En cualquier caso, existen tres niveles de verificación: desde el redactor, pasa por la coordinadora de Maldita Ciencia y, posteriormente, por un editor senior. Es necesario que los tres niveles estén de acuerdo en que la verificación se ha hecho correctamente para que sea publicada.


Además, en el proyecto Maldita Alimentación contamos con un consejo asesor externo formado por cuatro profesionales de distintas áreas relativas a la alimentación y los alimentos. El objetivo de este consejo asesor es que actúen como fuentes de conocimiento y a la vez que mantengan una vigilancia constante sobre los contenidos que se publiquen como parte de este proyecto, señalando y corrigiendo cualquier error o falta de rigurosidad que pudiéramos cometer.

¿Cómo cree que la tecnología ha impactado en la forma en que verificamos la información médica en la actualidad?
Ha servido para el desarrollo de muchas herramientas que permiten localizar el origen real del contenido, si ha sido o no modificado, si ha sido creado por inteligencia artificial, etc. Aunque también para crear contenidos desinformadores más ‘creíbles’. Como un sabio comentó a Peter Parker: un gran poder conlleva una gran responsabilidad, es decir, utilicemos la tecnología para hacer el bien y no para desinformar.

¿Existen desafíos específicos al verificar la información en el ámbito de la salud en comparación con otros campos?
Sobre los contenidos relacionados con salud (y, por ende, alimentación), hay que tener en cuenta que se trata de un tema especialmente sensible y delicado, porque puede impactar directamente en la vida de la persona que accede a ellos.


Circula mucha (pero mucha) patraña pseudocientífica, en muchos casos formando consolidadas narrativas, que empujan al espectador a utilizar remedios naturales en vez de tratamientos respaldados por la evidencia científica, que prometen resultados milagrosos y que incluso culpan al ‘paciente’ de su propia enfermedad. Todo esto, evidentemente, puede tener consecuencias en la salud tanto física como mental de la persona que confía en lo que se le está mostrando en pantalla. Persona en ocasiones, además, desesperada por encontrar remedio para una dolencia, enfermedad o situación concreta y en la que el halo de miedo o esperanza, común en la desinformación, cala más fácilmente. “Circulan muchas patrañas pseudocientíficas que empujan al espectador a utilizar remedios naturales en vez de tratamientos respaldados por la evidencia científica”

¿Qué consejos daría a los profesionales de la salud y al público en general para discernir entre información precisa y errónea en línea?
“Un estudio dice que…”: ¿de qué estudio se habla? ¿Se enlaza en el artículo? ¿Puedo, como usuario, localizarlo? ¿Está publicado en una revista científica? ¿Qué metodología ha utilizado? ¿Existen conflictos de interés? ¿Se reconocen limitaciones? Son muchas las preguntas que deberíamos hacernos ante esa mención gratuita a estudios o investigaciones. Mucho ojo. Casi seguro que, si hay consenso científico al respecto, haya universidades, hospitales, sociedades médicas etc. que hayan hablado del tema antes.


¿“Milagro de la Ciencia”?, ¿“Remedio mágico”?, ¿“Solución fácil ante un problemón (ej.: blablablá cura el cáncer”?, ¿“Seguro que no verás esto en los medios”?: sospechemos. Fijarnos siempre, siempre, siempre en quién escribe, quién publica, qué dice el artículo/contenido (no quedarnos en el titular). Si no se trata de una publicación en medios de comunicación, ¿utiliza [la cadena / mensaje / post / lo que sea] un lenguaje que intenta apelar directamente a nuestras emociones (miedo, enfado, ira, esperanza…)? ¿Está escrito con faltas de ortografía? ¿Habla de algo de lo que se han hecho eco los medios de comunicación?

¿Qué papel cree que juegan las redes sociales y los medios de comunicación en la difusión de información errónea sobre salud? ¿Cómo podemos contrarrestar este fenómeno?
Desempeñan un papel de altavoz. Especialmente a través de perfiles con muchos seguidores que, además, generan confianza con ellos (si yo sigo a Pepito, consumo continuamente su contenido, me genera una sensación de confianza y me voy a creer todo lo que me cuente, como si fuese un colega). Además, suelen utilizar casos personales, con los que se logra empatizar más (tanto el lenguaje como la situación acercan al usuario a lo que se está contando) y que resultan mucho más ‘atractivos’ que la información ‘oficial’.

¿Cuál es su opinión sobre el papel de las organizaciones y autoridades de salud para combatir la desinformación en este campo?
Imprescindibles. La gente se fía del personal sanitario, mucho más que de lo que dice un periodista. Además, necesitamos a estas organizaciones y autoridades sanitarias para conocer la evidencia científica detrás de lo que estamos escribiendo: primero conocerlo, después entenderlo y, por último, contarlo. Lo que tenemos que intentar es hacer ver a la gente es que no se tiene que fiar de nosotros “porque somos periodistas” sino porque, como periodistas, hemos contactado la gente que sabe de verdad sobre el tema del que estamos hablando. No lo estamos diciendo nosotros, lo está diciendo la gente que sabe sobre ello.

Herramientas para la verificación de la información en el ámbito de la salud

La Organización Médica Colegial (OMC), a través de su Observatorio contra las Pseudociencias, Pseudoterapias, Intrusismo y Sectas Sanitarias (OPPISS), y en colaboración con la Fundación para la Formación de la OMC (FFOMC), pone en marcha el próximo 29 de febrero, a las 17:30 horas, el seminario online titulado “La verificación de información en el ámbito de la salud” al que se podrá asistir de manera gratuita a través de este enlace.

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