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El desafío de la COVID-19 para la Salud Pública y Administración Sanitaria

Los presidentes la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas) desde su creación, en 1987, señalan en un manifiesto público que “estamos viviendo un momento histórico, porque  en los últimos cien años no había ocurrido algo así. Hemos sentido miedo, rechazo social, muerte y enfermedad, pero también han destacado la abnegación, las curaciones, el apoyo social y esfuerzo investigador. Además, retransmitido por los medios casi en tiempo real, desde todos los puntos del globo, durante muchas horas al día"

El manifiesto está firmado por Rafael Manzanera, Joan R Villalbí, Andreu Segura, Vicente Ortún, Carlos Álvarez-Dardet, Juan Cabasés, M. Dolores (Rula) Fiuza, José Ramón Repullo-Labrador, Beatriz González López-Valcárcel, Lluís Bohigas, Ildefonso Hernández-Aguado, Juan Luis Beltrán, Joan Clos y Josefa Cantero, que han servido en algún momento en la presidencia de la Sespas.

Se trata de una enfermedad infecciosa muy extendida, producida por un virus nuevo, fruto de una mutación reciente. Se trata de un virus de comportamiento sorprendente, de difícil diagnóstico, con inmunidad aún en estudio, y sin tratamiento específico ni vacuna (que están en fase de investigación). Algunas personas afectadas desarrollan una enfermedad muy grave, letal o de recuperación dificultosa. Y esto empezó hace poco más de dos meses. Sin duda es un periodo excepcional para nuestra salud pública y nuestro sistema sanitario.

Mirando hacia atrás

A lo largo de nuestra vida hemos compartido otros momentos especiales. Vivimos la difícil transición política, la reconstrucción de una sociedad democrática, la mejora de las condiciones de vida y protección social de las personas (con tanto aún por hacer), la dureza –con terrorismo incluso- de la disensión. Pero también vivimos en esos años la consolidación de un excelente tejido profesional y la modernización del sistema sanitario (creación del Ministerio, transferencias a las comunidades autónomas, Ley General de Sanidad, reforma de la atención primaria, desarrollo de los hospitales modernos, incluso el intento de proteger la dependencia…). Todo ello configura un largo camino.

La Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS) se fraguó y nació en 1987 en ese contexto, a partir de las sociedades profesionales y científicas de ámbito territorial o temático existentes. Pasamos momentos de crisis y desánimo profundos, pero también otros de esperanza y de futuro. Hoy hemos pensado que convenía compartir nuestro punto de vista

Las personas

La población ha cambiado y mejorado en muchos aspectos. En la crisis actual, la respuesta de las personas ha sido formidable. Sensatez, calma, apoyo a los profesionales y paciencia, han sido la norma.

Viene ahora una época dura y desde distintos puntos de vista, en lo social, psicológico, económico o emocional. Como profesionales de la salud pública, nuestra principal preocupación son las personas, que nunca son una mera cifra. Son biografías y proyectos vitales, que han ayudado a mejorar y a modernizar nuestra sociedad.

Y si esto es así en general, lo es más para las personas internadas en las residencias para mayores. En muchos de los centros se han vivido situaciones inenarrables. Con el tiempo, y con más información y perspectiva, podremos analizar a fondo lo que ha sucedido y sus causas. Pero lo que sabemos hoy es terrible y conviene decirlo con claridad. A la vez que hay que agradecer a las personas cuidadoras de estos centros, que han pilotado el barco lo mejor que han podido.

Las profesiones sanitarias

Profesionales de la medicina, enfermería, auxiliares y personal de apoyo, han sacado lo mejor de sí mismos.

Los profesionales de la atención primaria de salud, no recuperada aún de recortes substanciales en todo el territorio, han estado ahí discretos y eficientes, parando el primer golpe, lejos de los focos. Su papel ha sido formidable aún sin suficientes equipos de protección, sin apenas medios diagnósticos, conteniendo infectados y enfermos en el domicilio, haciendo seguimiento y cuidando, siempre cuidando.

En los dispositivos de vigilancia epidemiológica de los servicios de salud pública su labor ha sido titánica. Con medios escasos han procurado el seguimiento precoz de la epidemia, proporcionando elementos cuantitativos para dimensionarla, valorar diferencias territoriales, y evaluar las medidas de control adoptadas.

Los profesionales de los hospitales, su capacidad de adaptarse a las necesidades, de crear nuevos espacios, de compartir la información a las personas, llegando hasta el llanto al cuidar a los pacientes críticos, han tenido una actuación inolvidable. Como lo ha sido también la de los profesionales de otros componentes del sistema, como los servicios de emergencias y ambulancias, y por supuesto a quienes estuvieron en el foco del incendio en las residencias de mayores, o desembarcaron en ellas. Nunca podremos agradecerles lo suficiente su entrega.

La articulación de nuestro sistema

Nuestro Sistema Nacional de Salud se ha enfrentado a una dura prueba. Y ha respondido con lo mejor de sí mismo. Pero han quedado de manifiesto algunos aspectos que deberían abordarse para mejorar sus capacidades, cuanto antes mejor.

Por un lado, la necesidad de mejorar su financiación, que necesita de un consenso general y sobre las prioridades a desarrollar.

Por otra parte, la necesidad de reforzar la atención primaria de salud, que es el nivel asistencial que ha lidiado con el grueso de la infección y la enfermedad, con recursos aún hoy inferiores a los de diez años atrás. Además, en la etapa que se abre van a ser más necesarios aún si queremos ser capaces de detectar muy precozmente los nuevos casos para aislarlos, y para poder localizar e investigar a sus contactos.

También ha quedado patente la precariedad de los dispositivos de vigilancia epidemiológica de los servicios de salud pública. En la nueva fase de la pandemia, su rol será crucial para controlar todo riesgo de reaparición de brotes. Su dotación debe mejorarse para poder responder a estas situaciones. La creación del Centro Nacional de Salud Pública por la Administración General del Estado prevista en la Ley 33/2011, de 4 de octubre, General de Salud Pública, con el desarrollo reglamentario previsto y la estructura de gestión apropiada, probablemente ayudaría a afrontar mejor estas situaciones.

Finalmente, los espacios de coordinación y consenso entre las consejerías de salud de las CCAA y el Ministerio en materia de salud pública necesitan de un marco más adecuado. Habrá que ver cómo mejorar las estructuras previstas en nuestro ordenamiento para la cooperación, la coordinación y el consenso entre las Consejerías de salud de las Comunidades Autónomas y el Ministerio, siempre desde la lealtad institucional.

La política y las políticas

Muchos aspectos de nuestra situación política son mejorables. La expresión de las naturales discrepancias es a menudo exagerada y exasperante. En un contexto como el actual, sería deseable que los responsables institucionales se centraran en cómo abordar los problemas más que en destacar sus discrepancias, que a menudo acaban siendo irrisorias y a veces se fundamentan en falsedades. Nuestra situación sanitaria es similar a la de otros países, las dificultades de los gobiernos también, y las propuestas para frenar la transmisión y gestionar la vuelta a la normalidad también son parecidas. La escenificación de las discrepancias aparece con una teatralización ruidosamente innecesaria.

Mirando al futuro

Hay mucha incertidumbre. Nos ha afectado y nos seguirá afectando algo poco conocido, aun no controlado, que produce dolor y muerte, y restringe en forma dramática nuestra vida y nuestra economía.

Es momento de agradecer a la ciudadanía su comportamiento ejemplar, que debe seguir siéndolo porque es esencial. Distancias físicas entre personas, lavado de manos, cumplimiento de horarios y medidas promovidas por las autoridades sanitarias. También agradecer a los profesionales sanitarios y de apoyo, así como a quienes trabajan en las farmacias y supermercados, que hayan contribuido a cierta normalidad en la crisis. También a quienes han liderado profesionalmente su gestión, en las CCAA y en el Centro de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio, que en condiciones de dificultad extrema y de algunas críticas feroces y desconsideradas, se han mantenido en una actitud profesional y analítica.

También es momento de expresar nuestro agradecimiento a los responsables políticos que han mirado hacia delante, que han actuado con transparencia, sin generar dudas gratuitas, sin fomentar la desazón y el malestar entre sus conciudadanos, entre ciudades o comunidades autónomas, buscando espacios de consenso y evitando conflictos para facilitar la confianza ciudadana.

Los profesionales que aquí nos manifestamos hemos servido en la presidencia de SESPAS y queremos expresar y compartir, nuestra convicción de que este momento lo superaremos, con dolor, pero con la esperanza de que nos sirva para mejorar como personas y como sociedad. Ya hemos pasado por momentos tan difíciles como el actual y, si aprendemos de nuestros errores, los podremos superar mejor en el futuro.

 

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