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El COM A Coruña expone la obra de la fotógrafa Nancy Durrell McKenna, In SafeHands

En la muestra se exhibieron 33 fotografías acerca de temas como la mutilación genital femenina, el matrimonio y embarazo infantil, la fístula obstétrica o el sida

Durante el mes de febrero, la sala de exposiciones de Riego de Agua, del Colegio de Médicos de A Coruña, acogió la muestra fotográfica titulada In SafeHands, de la fotógrafa, activista y reconocida filmógrafa canadiense Nancy Durrell McKenna. En ella se exhibieron un total de 33 imágenes que ha tomado la fotógrafa entre 1998 y 2018 en sus numerosos viajes a países del tercer mundo como Sierra Leona, Etiopía o Kenia.

 
Según explica su autora, “las imágenes muestran la realidad sobre temas como la mutilación genital femenina, el matrimonio y el embarazo infantil, la fístula obstétrica o el sida”. Cada una de las fotografías cuenta la historia que hay detrás de ellas por medio de una leyenda “muy personal”, redactada por la propia autora, que conoce personalmente a cada una de las personas que aparecen en las imágenes.

De hecho, una de las historias que más ha tocado de cerca a la canadiense ha sido la de Wube-Enat y Abebe, protagonistas de dos fotos de la exposición. Ella los conoció primeramente en el año 2008, cuando Wube-Enat tan solo era una niña de 9 años y Abebe un joven de 15 que trabajaba en el campo, a la vez que se preparaba para ser sacerdote de la Iglesia Ortodoxa etíope. Él, que la había visto por primera vez cuando estaba pidiendo limosna, decidió que iba a ser su mujer y le pidió a su padre que arreglara el matrimonio con ella. Nancy Durrell McKenna retrató el día de su casamiento.

Años más tarde, la activista cuenta que “tuve la ocasión de regresar a esa zona de Etiopía por otro proyecto. Yo no sabía dónde vivían exactamente o si seguirían juntos, pero algo que siempre recordé de ellos era el nombre del puesto de salud que les correspondía por cercanía. Allí, por norma general, la gente se suele asentar en un círculo de 5 kilómetros a la redonda de estos puestos de salud”. Por este motivo, cuando se dirigía hacia el lugar, habló con su chofer y le pidió que parase cuando viese una agrupación de gente para mostrarle la foto de ambos y ver si conseguía encontrarlos.

La búsqueda no duró mucho, ya que con el tercer grupo que se toparon consiguieron localizarlos. “Una de las personas del montón reconoció a Abebe. Le pregunté si podía traerlo y me dijo que, si esperaba una hora, me prometía que vendría”. Aunque ya era tarde y las ONGs, por norma, tienen establecido intentar terminar el trabajo antes de que anochezca, ella aceptó y “fue la mejor decisión”, asegura.

“Abebe vino exactamente en una hora” y ese encuentro le permitió continuar el contacto con la pareja. “Los he visto por lo menos 5 veces a lo largo de los años y, para una fotógrafa como yo, ser capaz de encontrar a alguien en una zona aislada y tener la oportunidad de seguir capturando su historia, es como un sueño hecho realidad”.

Para la activista, el objetivo de esta exposición es “educar y concienciar acerca de los problemas que viven otras mujeres en el mundo”. Nancy Durrell McKenna ha pasado más de 40 años fotografiando y filmando a mujeres, niños y comunidades de más de 70 países, pero según indica “las mujeres embarazadas siempre han sido como un imán para mí”. En 2003 decidió fundar su propia ONG, —del mismo nombre que la exposición— SafeHands, dedicada a mejorar la salud sexual y reproductiva y los derechos de niñas y mujeres en todo el mundo.

La organización nació tras un viaje que tuvo que realizar a Tailandia, Indonesia y Bangladesh para hacer un reportaje sobre maternidad segura, encargada por una agencia de desarrollo de Canadá. Allí tenía que hacer un reportaje acerca de la fístula obstétrica. “El hecho de ver a niñas de 13 años dando a luz fue algo realmente impactante para mí. Sus cuerpos no estaban listos para un parto y, como consecuencia, muchas acaban desarrollando incontinencia, debido a la fístula obstétrica”.

Después de pasar un mes en esos países y presenciar este problema tan de cerca, la fotógrafa cuenta que las vivencias que experimentó con esas mujeres la llevaron a reflexionar y querer “hacer algo para mejorar su situación”. Por ello, pensó que era el momento de “dejar de solicitar fondos para mi carrera profesional y crear una ONG”. Su marido, el cardiólogo William J. McKenna, que “siempre ha sido mi gran apoyo”, también la animó a hacerlo.

Y así fue como Nancy Durrell McKenna emprendió su camino en SafeHands, a pesar de que al principio ni se imaginaba el trabajo que conllevaba crear y sacar adelante una ONG. “Hablé con una mujer que conocía y con la que tenía bastante confianza porque también tenía su propia organización no gubernamental”. Esta le advirtió sobre todo lo que implica fundarla, pero también la animó a seguir con el proyecto, aconsejándole que aprovechase sus imágenes para llegar a las personas. “Me dijo: Tú puedes conectar con la gente por medio de tus fotos”. Y eso hizo.

Desde entonces, la canadiense ha usado sus películas y fotografías para “concienciar a la población”. En todo este tiempo han conseguido grandes beneficios para las mujeres en el tercer mundo, educando tanto a ellas como a los más jóvenes con respecto a la salud reproductiva y sexual, además de hacerles conocedores de sus derechos.

Actualmente cuentan con tres grandes proyectos en marcha. El primero está ubicado en Etiopía, en la región de Amhara, donde “estamos colaborando con el gobierno regional que ha construido las llamadas casas de espera para mujeres embarazadas. Allí, los viajes desde las aldeas hasta los hospitales o los centros de salud pueden llegar a ser de horas o incluso de 2 o 3 días. En SafeHands, trabajamos con personal sanitario local para concienciar a la población sobre la importancia de aprovechar estas casas para evitar posibles riesgos durante el parto y utilizamos emisoras de radio, películas y tabletas para difundir nuestro mensaje. Con esto lo que pretendemos es que las mujeres puedan desplazarse con anterioridad al parto para que puedan quedarse en estas casas, que están cerca de comadronas y médicos.

El segundo proyecto se encuentra en Uganda, donde “estamos usando aplicaciones móviles para que los adolescentes puedan comunicarse con el personal sanitario y plantear preguntas acerca de temas relacionados con la salud sexual”. Varios de los trabajadores comunitarios “se desplazan a distintas aldeas con unas tablets donde enseñamos a los jóvenes lo que estamos haciendo, les mostramos nuestras películas educativas y les proporcionamos información que ellos pueden guardar en sus dispositivos móviles”.

El tercer proyecto se asienta en Londres, lejos del tercer mundo, donde “tenemos un programa de colaboración con distintas escuelas en las que concienciamos a los alumnos acerca de la mutilación genital femenina”. Asimismo, cuentan con dos embajadores de la causa. Una de ellas es una mujer que “fue víctima de la peor forma de mutilación cuando tan solo tenía 6 años. Ella, que protagonizó hace un año una película que hicimos con su historia, se encarga de sensibilizar a los jóvenes con su testimonio”.

Sin embargo, a pesar de todos estos años de trabajo, Nancy Durrell McKenna cuenta que “todavía no ha cambiado la situación de estas mujeres en el tercer mundo”. Para ella, una de las cosas que más satisfacción le aporta es “ver que una mujer ha podido dar a luz con una comadrona y que tanto ella como su niño recién nacido están bien. Quizás pueda parecer algo insignificante, porque aquí es lo que se espera que suceda, pero esto no pasa en todo el mundo. En los países en desarrollo, que todo salga bien no es lo más habitual”.

Por ello, cree que “todavía tenemos que concienciar más a la gente para que entienda lo que está pasando allí”. Sobre todo, lamenta que la pandemia derivada de la covid-19 ha dificultado este trabajo, porque no ha permitido “celebrar demasiados eventos para recaudar fondos”. Aun así, considera que “los proyectos que tenemos en marcha ahora mismo son buenos” y esperan seguir prosperando en el futuro.

Por otra parte, actualmente la canadiense se encuentra viviendo con su marido en A Coruña. Se mudaron aquí hace aproximadamente 18 meses por motivos laborales del doctor McKenna y cuenta que “esto es un paraíso. Es una ciudad muy especial, con unas vistas increíbles y está todo a mano”. Nancy Durrell McKenna afirma que tienen previsto quedarse al menos “un año más”, pero que incluso cabe la posibilidad de que sea más tiempo por propia convicción.

Para la fotógrafa, el reto “es conseguir que esta exposición viaje por otros lugares de España y del mundo y que el mensaje llegue al mayor número de personas posible”. A través de las páginas web www.nancydurrellmckenna.comy www.safehands.orges posible obtener más información sobre su trabajo, los proyectos que lleva a cabo y la ONG.

 

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