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El CEEM considera imprescindible una reforma completa de la docencia de la Bioética en las universidades

Cecilia Sanjuán, coordinadora de la Comisión de Bioética y ética Médica del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM), participó en el XI Curso de Verano de Enseñanza e Investigación en Bioética de la Cátedra de Profesionalismo y Ética Clínica de la Universidad de Zaragoza, donde expresó que “es necesario que la docencia en Bioética en las universidades dé un giro completo”

Durante su ponencia ‘Perspectiva de los estudiantes sobre la medicalización en la enseñanza de la Medicina’, Cecilia Sanjuán explicó que “la comisión de Bioética y Ética Médica del CEEM está formada por aquellos estudiantes de Medicina a los que nos gusta plantearnos cuestiones sobre este tipo de temas y buscar soluciones, muchas veces, debido a la falta de formación que recibimos al respecto en la universidad. En la comisión hemos estado investigando sobre la medicalización en la enseñanza y hemos llegado a más preguntas que respuestas”. 

Desde esta comisión del CEEM “comprobamos cómo a lo largo de los seis años de nuestra formación  no tenemos ningún punto de inflexión en el que se nos enfoque una mirada más crítica en relación a la profesión, sino que simplemente participamos de una enseñanza que promueve la memorización de conceptos sin poder siquiera reflexionarlos o rebatirlos. En las últimas décadas la enfermedad ha pasado de ser un constructo social a ser un proceso industrial en la medida en que ciertos grupos de interés y empresas tienen la puerta a crear enfermedades. La salud es, como define la OMS, una utopía del estado perfecto humano, y entendiendo esto, todo aquello que lo ‘’interrumpa’’ es considerado una enfermedad”.

Por este motivo, Sanjuán hizo hincapié  en que “es importante fijarse en los agentes que intervienen en la medicalización de la vida y cómo estos pueden llegar a afectar a nuestra formación convirtiéndonos a los estudiantes en parte de este proceso. Ejemplos como la campaña PharmaFree de AMSA (American Medical Students Association) o del BMJ ‘’Too much medicine’’ demuestran que este es un problema real y como estudiantes creemos que la profesión médica también debe actuar ante la creciente medicalización de la vida, puesto que los profesionales sanitarios somos un actor clave”.

El CEEM es rotundo sobre este asunto: “es necesario que la docencia en Bioética en las universidades dé un giro completo, al igual que el resto de la formación médica. Bioética no debería ser una asignatura de pocos créditos que es fácil aprobar sin ir a clase: debería pasar a ser una materia en la que el estudiante pasase a adoptar una postura activa de manera continua, alejándonos del común rol de actor ‘’pasivo’’ que por norma vivimos en nuestras facultades. Hemos de pensar maneras mediante las cuáles potenciar nuevas metodologías de aprendizaje que sitúen al estudiante en el centro del proceso”.  

La sostenibilidad del sistema 

Uno de los asuntos más relevantes del Curso de Verano de Enseñanza e Investigación en Bioética de la Cátedra de Profesionalismo y Ética Clínica giró alrededor de la sostenibilidad del sistema.  Sobre este tema, Marina García, presidenta electa de CEEM, subraya que “por norma general, la adaptabilidad de las estructuras académicas y la integración de la actualidad socioeconómica y de los contextos político y cultural del momento suponen un paradigma poco potenciado en la educación médica implantada en nuestros días. Hablar de sostenibilidad implica desviar el foco de una enseñanza tecnificada e inmutable, esencia de un sistema universitario obsoleto aún a la carrera por repensar, reformar y reconstruir sus bases. 

García destaca que “los estudiantes de Medicina permanecemos ajenos a la dimensión económica de la Medicina en tanto en cuanto la atención a estos aspectos queda subyugada a formación muy específica que viene a través de contenidos optativos, en caso de existir en nuestras facultades, o a anecdóticas experiencias que vivimos en nuestras prácticas médicas, quirúrgicas y rotatorios. La enseñanza suele enfocarse en el posgrado, con la matrícula específica de másteres, o dirigiendo la formación MIR hacia especialidades que puedan abarcar competencias que valoren la dimensión económica”. 

El CEEM estima que el cambio pasa por “trasladar el debate de la profesión médica a la sociedad en su conjunto y conformar un activismo capaz de integrar el conocimiento, la capacidad y el consenso en la propuesta de un nuevo paradigma. Pese a ser uno de los objetivos principales que recoge el Libro Blanco de la Medicina, la “capacidad de reconocer los elementos esenciales de la profesión médica, incluyendo los principios éticos, las responsabilidades legales y la repercusión económica en sus actuaciones”, la enseñanza continúa anclada en visiones tradicionales”. 

Marina García argumenta que “la necesidad de contribuir al cambio y a la innovación de la educación médica de pregrado está hoy día ampliamente documentada y aceptada por todos aquellos agentes que conformamos la profesión. Es primordial integrar a la sociedad en el proceso creativo para reflexionar sobre la medicina y los sistemas, y sobre las características, habilidades y competencias que ha de poseer un médico, para reorientar nuestra formación y posibilitar la respuesta a los presentes desafíos. Solo a través de un diálogo compartido podremos anteponernos a los retos que nos depara la sociedad del futuro”. 

El CEEM tiene claro que la formación que están recibiendo no está dando respuesta a objetivos como la integración de la responsabilidad social, el desarrollo e investigación, la implicación con la comunidad y la relación con la formación médica de posgrado, claves para afrontar los retos de la Medicina del siglo XXI. 

“El aprendizaje y el ensayo de la resolución de problemas prácticos ha de venir de la mano de la adquisición de competencias a través de la implementación de nuevas propuestas docentes, del desarrollo de aquellas consideradas transversales y, sobre todo, de la práctica diaria. El papel de los estudiantes de Medicina como agentes capaces de enriquecer el equipo asistencial no es siempre potenciado y los recursos y la planificación de las necesidades formativas del grado en Medicina se ven una y otra vez cuestionados por intereses políticos, mercantiles o regionalistas.”, asegura la presidenta electa del CEEM.

 

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