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Dra. María Sáinz: “La atención y protección social tiene que adecuarse a la demanda concreta por parte del profesional de la medicina que está jubilado”

La Dra. María Sáinz Martín, médica jubilada, doctora y especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública, fundadora y presidenta de la Asociación de Educación para la Salud (ADEPS) participa, el miércoles 15 de junio, en la XII Jornada de la Fundación para la Protección Social de la Organización Médica Colegial (FPSOMC) con el personal administrativo de los Colegios de Médicos, donde abordará la “Atención y Protección al médico senior y jubilado. Envejecimiento personal y jubilación profesional; un proyecto propio”

En esta entrevista, para Médicos y Pacientes, agradece la oportunidad que tuvo de aprender y de servir como responsable de Protección Social de la FPSOMC en el Colegio de Médicos de Madrid, durante cuatro años, desde el 2016 hasta el 2020, “he podido analizar ciertas carencias o necesidades que no eran atendidas por el sistema de la seguridad social o de las mutuas a las que se habían cotizado durante la vida laboral de los médicos y médicas jubilados”. “La atención y protección tiene que adecuarse a la demanda concreta por parte del o de la profesional de la medicina que está jubilada”, asegura.

¿Cuál es el horizonte de la jubilación en los médicos y médicas?
 
El horizonte es tanto una figura retórica como poética además de la línea que separa la tierra del firmamento y como decía el escritor Eduardo Galeano sirve para caminar, porque cuanto más te acercas el horizonte se aleja más y más.
 
Los médicos y médicas tenemos que analizar con tiempo la jubilación laboral de nuestros servicios a terceros a través del sistema sanitario público, aquí trabajamos la mayoría de la profesión. También de la empresa o mutua donde hayamos desarrollado nuestra vida laboral durante 35 o más años. La gran mayoría, desde que hiciéramos la residencia de la especialidad vía MIR o según procedencia de otros países convalidados en España, nos jubilamos a los 65 años o la edad legal correspondiente, aunque si se tiene la actividad conjunta con la docencia médica se puede prolongar la vida laboral hasta los 70 años e incluso unos años más con las figuras de emérito.
 
Afortunadamente la mayoría de las personas que nos hemos jubilado o se están jubilando pertenecemos a las promociones de la década de los setenta y principios de los ochenta. Venimos con una carga intelectual muy fuerte, pues cuando nos estábamos formando como médicos especialistas nos creíamos partícipes del desarrollo del Sistema Nacional de Salud y de los servicios regionales de salud desde nuestros ámbitos profesionales  según el desarrollo de las CCAA.
 
Esas ilusiones y los muchos trabajos realizados durante tantos años sirvieron para sentir ahora en el jubileo el sentimiento de la labor bien hecha. Lo que significa un descanso para la mente.
 
También por haber fomentado y cultivado unas raíces profundas que no se pierden con el traspaso del supuesto “activo a pasivo” en las estadísticas globales del INE.
 
Así, que espero que la mayoría de mis colegas vean la jubilación como una etapa diferente de la vida personal y profesional que continúa persiguiendo el horizonte, aunque reciba menores emolumentos desde el ministerio de la Seguridad Social en lugar del ministerio de Sanidad.
 
¿Hay diferencias de género? ¿Qué ocurre en el caso de las médicas?
 
Las diferencias de género entre varones y mujeres en la sociedad que vivimos atraviesan todos los aspectos sociales, laborales, económicos, culturales y educativos.
 
El hecho de haber estudiado una carrera de medicina, luego una especialidad y quizás un doctorado con o sin maestrías junto a un sinfín de cursos, congresos y jornadas durante nuestra vida laboral no nos enajena del medio donde nos movemos, pero sí nos pueden dar mejores códigos de interpretación de la realidad que vivimos y el estatus que hayamos podido alcanzar antes de jubilarnos.
 
El trabajo en la Medicina suele ser intenso y apasionante. Siempre se desea y se trabaja lo mejor posible para atender, diagnosticar y tratar a los pacientes y familiares, por ello se espera la gratificación y reconocimiento social e institucional, no solo la compensación económica, que también es muy importante. En los años de carrera profesional y laboral la competencia es muy dura y frecuentemente sesgada a favor de los varones.
 
Además, si hemos formado una familia y hemos tenido hijos e hijas e incluso alcanzamos el estatus de abuelo/a socialmente hablando se nos presentan nuevas escenas que atender y que pueden favorecer los sentimientos personales de bienestar pero que también suelen ser directamente proporcionales a las dificultades que se hayan tenido de escalar en la carrera profesional.
 
Afortunadamente se van corrigiendo esas diferencias de jerarquías, pero muy lentamente, a pesar de ser un sector laboral eminentemente feminizado.
 
Y como es lógico cuando las mujeres que son madres se jubilan, sean o no médicas, han cultivado las relaciones sentimentales con la familia. Muchas de ellas se dedican a hacer una atención extra en estos ámbitos.
 
Algo que no suele suceder en la mayoría de los varones que son padres y que han mantenido el apego familiar bajo mínimo o delegado en las madres o terceros. El vértigo que les produce el jubilarse puede ser tremendo y de hecho retrasan, siempre que pueden, pasar a ser jubilado. Además, algunas connotaciones de sus papeles sociales como el poder o las influencias y el pensar en perderlo, les dificulta la transición con mayor naturalidad.
 
Así pues, tenemos que decir que hay diferencias y que vienen de temas ajenos a la profesión y el ejercicio de la medicina.
 
¿Cuáles son las mayores inquietudes y preocupaciones de este colectivo a la hora jubilarse?
 
Cada persona tiene sus propias expectativas cuando va cumpliendo años, pero creo que en general nadie se prepara para la jubilación.
 
Y eso es muy preocupante, porque a no ser por causas mayores de enfermedad o accidente laboral la edad de jubilación llega tarde o temprano para todos y todas. Lo cual, no se puede vivir como un cierre de actividad sino un cambio de estas.
 
Ahora mismo que hablamos de nuestros colegas posiblemente haya quien lo esté temiendo, pero otros muchos deseándolo, porque después de vivir trágicamente la pandemia de la COVID-19 y el sobreesfuerzo laboral, junto a dificultades en los puestos y sustituciones, se está produciendo un profundo cambio del sector sanitario con respecto a la jubilación.
 
Yo recuerdo la figura de mi padre, médico titular y forense en Alburquerque y probablemente mi abuelo, médico en Malagón, que la jubilación en sus mentes no existía y eso me lo transmitieron. Es decir, que la vocación médica cuando se obtiene es para toda la vida.
 
Quizá sea muy utópica esa concepción de la profesión, pero yo siempre vi a mi padre estudiando, leyendo y ordenando sus papeles de medicina y llevaba varios años jubilado.
 
Probablemente las inquietudes económicas hagan mella sino se han producido ahorros durante la etapa laboral y máxime si se tienen familiares a cargo.
 
Otra preocupación son las redes sociales y amistades, pues como antes comentaba la profesión puede ser muy absorbente.
 
También el deterioro físico e intelectual puede afectar si no se sigue ejerciendo de alguna manera la atención personal, familiar y a los demás. Pues lo inevitable, en paralelo con la jubilación, es el envejecimiento fisiológico y las dificultades por el deterioro bucal, visual y auditivo en diferentes grados que nos pueden alterar nuestra vida cotidiana y relacional.
 
¿Cómo es el envejecimiento en el colectivo médico?
 
Hablando del colectivo, creo que nuestro envejecimiento se vive mejor que la población en general según los grupos etarios.
 
En gran parte es lógico debido al conocimiento profundo del funcionamiento de nuestro cuerpo y también el poder conocer con mayor propiedad lo que nos sucede cuando sufrimos alguna patología. El saber interpretar correctamente las dudas, cuando las hubiera por problemas de salud, quita los miedos que son tan peligrosos para avanzar en la vida y superarlos e incluso negociar con ellos.
 
También conocemos por experiencia profesional y con nosotros mismos, que desde el saber hasta el hacer puede haber un largo recorrido.
 
Por ello, los médicos y médicas que han desarrollado durante su vida laboral algún tipo de ejercicio físico o deporte, cuando llega la jubilación se satisfacen en incrementar y ampliar otras actividades individuales o grupales. Lo mismo sucede con una buena y equilibrada alimentación o actividades intelectuales o artísticas.
 
Por ello, la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas (ASEMEYA) a la que pertenezco desde hace más de treinta años nos da una vía de acción intelectual y relacional muy interesante. Además, nuestra sede oficial está en la OMC.
 
También si hemos desarrollado, colaborado y/o potenciado nuestra vida con otras asociaciones culturales o sociales, aparte de las científicas y profesionales, nos ofrecen un camino para seguir andando activamente.
 
Afortunadamente disfrutamos de una gran longevidad, aunque hayamos perdido un año y medio en la Esperanza de Vida al Nacer por la pandemia de la COVID-19 pero seguimos con una media de unos 20 años de vida a partir de los 65 años para las mujeres y algo menos para los varones. Son muchos años de vida y como anunciaba la OMS en los años 90 hay que “añadir vida a los años y no años a la vida”
 
Los cambios sociológicos son tan importantes que podemos hablar de mayores jóvenes hasta los 80 años y de senectud a partir de los ochenta años. Incluso disfrutamos de grandes longevos a partir de los cien años.
 
Nuestro capital de salud, física, psíquica, social y espiritual se va desarrollando desde el nacimiento y solo nuestra carga genética, el medio ambiente dónde vivimos junto con las enfermedades crónicas son las que pueden mermar nuestras posibilidades para esa longevidad.
 
¿Y la atención y protección al médico senior y jubilado?
 
Esta pregunta es muy pertinente pues tenemos que asumir que no todo es de color de rosa para todos por igual y que tenemos derecho a una atención y protección como la que hemos desplegado durante nuestra vida profesional para los demás.
 
Aunque duele observar como las enseñanzas de respeto a nuestros mayores e incluso a nuestros maestros y maestras, durante nuestra vida laboral y curricular, se están perdiendo por desconocimiento o por prejuicios sociales sobre lo moderno, lo técnico, lo presencial. Y eso es muy doloroso para los y las profesionales que vuelven a sus centros hospitalarios por alguna enfermedad y se sienten como ajenos a la misma por parte de los que están en activo. Eso produce desapego cuando no rabia por el tiempo entregado a la institución.
 
Afortunadamente tenemos algunos centros sanitarios y hospitales que a través de la responsabilidad social corporativa han puesto o facilitado programas para su personal jubilado. Así lo vivo yo en el hospital Clínico de San Carlos en Madrid, dónde me formé y desarrollé mi vida laboral y social. Aunque yo sea una rara avis pues he puesto en marcha muchos programas y proyectos como SONRISAS, la Red de Bibliotecas para Pacientes, y un largo etc., a través de la FUNDADEPS ya que mi especialización en medicina Preventiva y Salud Pública me facilitó ampliar mi visión especializada.
 
La atención y protección tiene que adecuarse a la demanda concreta por parte del o de la profesional de la medicina que está jubilada. Gracias a la oportunidad de aprender y de servir que tuve como responsable de Protección Social del ICOMEM durante cuatro años, desde el 2016 hasta el 2020, he podido analizar ciertas carencias o necesidades que no eran atendidas por el sistema de la seguridad social o de las mutuas a las que se habían cotizado durante la vida laboral.
 
¿Qué retos tienen que afrontar los médicos y médicas en esta etapa?
 
Si durante la vida profesional, tanto la formativa como la laboral, nos hubieran reforzado con la metodología del DAFO (Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades) que se utiliza para desarrollar una empresa, creo que nos hubiéramos acostumbrado a analizar más correctamente todo lo que tenemos que afrontar en las diferentes etapas de la vida.  
 
Creo que no hay mayor empresa que vivir. Y que tenemos que comprender las diferentes etapas con la mejor y mayor plenitud como ciudadanos y ciudadanas que han tenido el privilegio de ejercer una labor profesional aceptada, admirada y valorada por la mayoría de la población.
 
No excluyo las situaciones anómalas de acoso y agresiones internas y externas que sufren actualmente algunos de nuestros colegas, por lo que muchos quieren dejar cuanto antes la profesión, pero esos son casos minoritarios afortunadamente.
 
Los retos principales, desde mi punto de vista, son los de mantener el mejor estado de salud posible y también el de saber que pueden y deben pedir ayuda cuando lo necesiten. La búsqueda de la felicidad es un gran motor y también el reconocimiento social. Debemos luchar contra el edadismo.
 
Que cuando la sociedad en general y las administraciones en particular les piden ayuda de forma excepcional, como ha sucedido con la pandemia, la respuesta sea tan grande y generosa como ha sucedido incluso jugándose la vida por la salud de los demás.
 
Ese valor social de la profesión médica es un indicador de esperanza y sabiduría que no puede perderse nunca.
 
¿Qué opinión le merece la Fundación para la Protección Social de la OMC, fundación de médicos para médicos, que vela por la protección de los médicos una vez se han jubilado?
 
La Fundación para la Protección Social de la OMC es una entidad única e históricamente ejemplar de la profesión médica para los médicos y sus familiares. He tenido la suerte de ser parte activa durante esos cuatro años de mi cargo como responsable en el ICOMEM, tal como he mencionado anteriormente.
 
La atención social que se presta a los profesionales de la medicina y sus familiares es de un gran servicio porque no solamente informa de las prestaciones sociales de las que pueden beneficiarse los colegiados sino del asesoramiento en multitud de situaciones sobre las familias, los menores, la dependencia, los recursos sociales y psicológicos, los nutricionales y los aspectos jurídicos o legales que se pudieran necesitar. Es ese punto de información centralizada que cualquier profesional o ciudadano desearía tener para resolver los problemas de su vida.
 
Además, las prestaciones asistenciales son muy amplias porque pueden ser para esos hijos e hijas que sufren la orfandad de un padre o madre médica y que sin estas prestaciones sus vidas y estudios se alteran enormemente.
 
Pero además la persona que sufre la viudedad también se le apoya y por supuesto a los médicos y médicas con discapacidad. Y es importante saber que aquellos médicos jubilados que por ciertas circunstancias no obtienen una pensión de jubilación que les pueda sostener económicamente hay complementos de compensación.
 
Y una de las joyas, desde mi punto de vista, son las prestaciones a la dependencia y/o discapacidad con prestaciones muy amplias que van desde favorecer la autonomía personal a tratamientos especiales o atenciones residenciales tanto para el respiro de los cuidadores como para las estancias en las residencias.
 
Pero la joya más brillante es la relacionada con la prevención de la enfermedad, la protección y promoción de la salud de los profesionales de la medicina. El Programa de Atención Integral al Médico Enfermo (PAIME) es de un valor incalculable pues pretende recuperar temporalmente situaciones de crisis para recuperar al máximo la normalidad de acción vital y profesional de los afectados.
 
Podría extenderme mucho más pero solo me gustaría añadir que estas ayudas tienen que ser conocidas y valoradas por todo el colectivo médico. Es un orgullo pertenecer a este colectivo.
 
¿Cuál es el papel de médico jubilado en la sociedad?
 
Los profesionales de la medicina pueden actuar como referentes, asesores ad honorem y como guías o tutores de los jóvenes estudiantes de Medicina. También si se mantienen activos en sus respectivas sociedades científicas y por supuesto a través de ASEMEYA o de las actividades de sus colegios médicos provinciales pueden tener una vida social y relacional muy satisfactorias.
 
La sociedad necesita creer y sentirse segura con sus referentes sociales. Los médicos y médicas en España tenemos una valoración muy importante durante nuestra vida activa, no hay por qué tirarlo todo por la borda cuando nos jubilamos.
 
Nuestra vida personal y familiar puede enriquecerse desde el ejercicio y disfrute de las Bellas Artes hasta la Filosofía, pasando por las universidades de mayores como docentes o discentes. Y en cualquier academia como la Real Academia de Medicina y sus delegaciones. También en las academias de otras áreas del conocimiento nos esperan si vamos con nuestra sabiduría y experiencia.
 
La sociedad es para todas las edades y construida por todas las edades.
 
No renunciemos, precisamente cuando somos más libres de gestionar nuestra vida diaria y nuestro quehacer intelectual, a dar lo mejor de cada uno de nosotros y de nosotras a una sociedad en continuo cambio y a veces con desajustes si no intervenimos con la máxima de la experiencia humana y no solo con la ciencia, tal como nos enseñaron nuestros antecesores y maestros.

 

 

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