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Dra. Ibáñez: “El tratamiento del trastorno por juego es como un puzle, y si se cumplen todas las partes, es mucho más fácil la recuperación”

Con motivo de la celebración del día internacional del juego responsable este sábado, 17 de febrero, la Dra. Ángela Ibáñez, jefa de Psiquiatría del Hospital Universitario Ramón y Cajal y secretaria de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental (FEPSM), explica a Médicos y Pacientes cómo prevenir y cómo afrontar el trastorno por juego.

¿Qué es el trastorno por juego?

El trastorno por juego es una enfermedad reconocida por la OMS y otros organismos internacionales. Esta se reconoció por primera vez como enfermedad en 1980, cuando se incluyó en el DSM-III (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), que es el manual oficial de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA).

La Dra. Ángela Ibáñez explica que la persona que padece esta enfermedad “tiene un impulso para el juego de azar con conductas recurrentes y persistentes a pesar de que las consecuencias negativas que tiene en todos los ámbitos de su vida”.

Las consecuencias alcanzan todos los ámbitos de su vida. A nivel personal porque pueden tener ansiedad u otros síntomas por el malestar que les provoca la espiral en la que entran. Estas personas no pueden controlar jugar, cada vez juegan más, y esto tiene una implicación en dinero y tiempo cada vez mayor, lo que provoca que dejen de lado otras actividades, explica la experta.

Una conducta muy característica es que vuelven a jugar para recuperar las pérdidas, pero eso solo conduce a aumentar la deuda. “A continuación, empiezan las mentiras para ocultar lo que ocurre, y cuando se dan cuenta de que tienen un problema ya es muy difícil salir de este bucle”, afirma Ibáñez.

Edades tempranas

Para los adolescentes, que están en desarrollo a todos los niveles, entrar en contacto con el juego implica que puedan tener mayor predisposición a desarrollar este tipo de problemas “porque tienen menos factores de protección para poner límites”, destaca la doctora. Ello, sumado a que durante la adolescencia se suelen tener mayores niveles de impulsividad, significa que el acceso durante esta etapa puede ser un factor de riesgo. Los jóvenes que desarrollan esta enfermedad pueden presentar dificultades para continuar con sus estudios, absentismo al centro educativo, menor rendimiento, etc.

Además, el juego online tiene el problema añadido de que está disponible las 24 horas del día, los siete días de la semana, y desde cualquier lugar.

Abordaje de la enfermedad

La jefa de Psiquiatría expone que hay tres niveles o grados de jugadores: aquellos que no tienen ningún problema; los que solo cumplen algunos de los requisitos, pero no han desarrollado el trastorno; y quienes han desarrollado la enfermedad.

Lo primero que hay que hacer, explica, “es una evaluación completa del caso para definir si se trata de un juego problemático o si ya estamos ante una enfermedad”. También es esencial valorar si el paciente presenta alguna comorbilidad o trastorno asociado a esta enfermedad (ansiedad, otras adicciones, …), añade.

“El tratamiento es como un puzle y si se cumplen todas las partes, es mucho más fácil la recuperación”, explica. Lo que ocurre es que a veces, cuando piden ayuda, no lo hacen por sus propios medios y no siempre han tomado conciencia de que tienen un problema, sino que acuden a los profesionales alentados por la familia. Es mucho más probable una recaída en una persona que no es consciente de que tiene un problema, porque su implicación con el tratamiento no es total.

En función de esta evaluación, hay que hacer un abordaje integral del trastorno. “Dentro de las terapias psicológicas, la que está más reconocida porque tiene más evidencia científica es la cognitivo-conductual, y es preferible hacerla de forma grupal por las características que tiene”.  Junto a ello, la psiquiatra explica que el apoyo familiar es muy importante, “y se pueden hacer terapias en paralelo con grupos familiares para que puedan ayudar a la recuperación del paciente”.

También se puede incluir un tratamiento farmacológico, sobre todo al principio, “ya que puede ayudar a reducir el malestar de síntomas como la ansiedad o la impulsividad”. Sin embargo, la Dra. Ibáñez explica que “solo un tratamiento farmacológico no tendría ninguna eficacia y así se ha demostrado con el conocimiento actual”. Además, “los grupos de apoyo rehabilitados también son muy importantes y de mucha ayuda”, y tienen la ventaja de que llegan a lugares donde no llega la ayuda profesional.

En definitiva, se trata de ayudar al sujeto a identificar todos los factores que están relacionados con el juego y desarrollar estrategias para prevenir en el futuro esas conductas. El juego es universal y está ahí.

Control del acceso al juego y apoyo familiar

Al principio, señala, es muy importante que, junto con las familias, “haya un control del acceso al juego”. Además, “es importante intentar que el paciente se dé de alta en el registro de autoprohibición. e incluso limitar el dinero y el acceso a las cuentas corrientes”, incide.

Es importante también buscar una salida para hacer frente a los problemas que haya podido tener como consecuencia de la enfermedad. “Si tiene deudas y no se busca una solución, el problema puede volver con mayor facilidad”, explica la experta en trastorno por juego.

El mensaje es positivo porque con ayuda pueden dejar de jugar. Sin embargo, hay que tener presente que estas personas no pueden volver a tener una relación con el juego normal. Si vuelven a jugar, lo más probable es que vuelvan a desarrollar el problema.  

A pesar del tratamiento, hay personas que tienen tendencia a las recaídas y ante ellas, es necesario actuar lo antes posible. Además, “no hay que vivirlas como un fracaso del tratamiento porque pueden ser una forma natural de la evolución de la enfermedad”, destaca, y lo que hay que hacer en estos casos es que el sujeto aprenda y poner medidas para intentar que no ocurra de nuevo.

Investigación

Desde que en 1980 se reconoció este trastorno como una enfermedad, la investigación se ha visto impulsada. La psiquiatra explica que esta se centra en tres vías: “bases neurobiológicas y genéticas del trastorno, aspectos psicológicos como la impulsividad y la compulsividad, y el tratamiento tanto farmacológico como psicoterapéutico”.

Además, explica que se ha estudiado si hay algún perfil concreto pero la realidad es que no lo hay, “aunque se han encontrado rasgos que pueden predisponer a desarrollar el problema”.

Se sabe que hay muchos factores que influyen y que abarcan un amplio abanico: predisposición familiar -es frecuente encontrar familiares de primer grado que están afectados por el mismo problema-, factores psicológicos de personalidad, personas que tienen algún problema mental y juegan para “evitar o evadirse” de dicho problema, … Ibáñez resalta que se trata de “factores que pueden influir, pero que de por sí solos no suponen una mayor predisposición a desarrollar este problema”.

Asimismo, cuanto más disponible y aceptado socialmente esté, las personas vulnerables tendrán más facilidades para entrar en contacto con el juego y desarrollar un trastorno.

Prevención

“La prevención no es suficiente ni mucho menos, y es un elemento fundamental. Es esencial informar del riesgo de las conductas de juego desde muy temprana edad para que se pueda prevenir el desarrollo del problema”.

Actualmente está sobre la mesa que los menores sin control parental en el uso de los dispositivos acceden a todo tipo de contenidos.

“Sin horario, sin restricciones y sin control parental de tipo de páginas a las que pueden acceder, los más jóvenes empiezan a meterse en todo tipo de páginas no solo de juego, sino también de videojuegos (que a veces son la antesala de las adicciones de juego) o de pornografía”, afirma.

“Cuanto más temprano se da acceso al móvil sin límites y sin control, peor”, destaca.

Otro problema para los jóvenes es que personas a las que siguen como deportistas, actores, etc., sean imagen de promoción del juego, porque entonces se normaliza esa conducta. “Como los jóvenes intentan imitar a sus ídolos, eso ha generado muchos problemas”, afirma.

Lucha contra el estigma

Según Ángela Ibáñez, para luchar contra el estigma “lo más importante es tomar conciencia de que es una enfermedad y la persona que tiene un problema no lo ha elegido, y preferiría no tenerlo. No es un vicio, no es que la persona quiera”. Aunque todo esto no debe utilizarse como excusa, afirma, para continuar con el juego.

Es importante educar y concienciar sobre este problema, aunque la experta echa en falta que desde los medios de comunicación se muestre también un mensaje positivo y destaquen que hay posibilidades de recuperación.

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