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Dra. Alicia Díaz Revilla: La violencia de género deja un daño profundo con secuelas a corto, medio y largo plazo para las mujeres y su entorno

“La violencia de género deja un daño profundo, produciendo secuelas a corto, medio y largo plazo para las mujeres y su entorno”, así lo manifiesta la doctora Alicia Díaz Revilla, médica de Atención Primaria y experta en violencia de género, con motivo del Día Internacional de la Mujer

La Dra. Díaz Revilla, miembro de grupo de Trabajo de Atención a la mujer de SoMaMfyC, aborda en la entrevista esta problemática desde el punto de vista profesional y reclama la necesidad de contar con conocimientos específicos sobre el problema de la violencia de género para poder dar respuestas más seguras y profesionales en el ámbito de la Atención Primaria.

En su opinión este importante problema de salud pública es una traba de primer orden para la igualdad entre hombres y mujeres y representa una de las violaciones más extendidas de los derechos humanos e incide en que “negar la violencia de género es imprudente y carente de rigor que se hace con el propósito de no lograr una sociedad equitativa”.

Atención Primaria es clave para abordar la violencia de género al ser la puerta de entrada al sistema sanitario ¿Existen protocolos y herramientas para detectar y apoyar a las víctimas de esta violencia?                                                                                                                                     

Si, desde que se aprobó la Ley orgánica 1/2004, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, a nivel Estatal, con unas directrices de actuación en distintos ámbitos: sanitario, educativo, social, etc., las diferentes Comunidades Autónomas han ido desarrollando leyes de actuación en sus territorios; existiendo protocolos para actuar ante este problema. En cuanto a las herramientas para la detección, es algo más complicado que no se puede abarcar en una guía.

¿Por qué cuesta detectar casos de violencia de género en Atención Primaria? ¿Qué está fallando?

Sin intentar eludir el papel de la Atención Primaria, yo preguntaría: ¿por qué cuesta tanto detectar la violencia de género en la sociedad? Pues porque está normalizada en muchos casos, porque faltan programas educativos desde la infancia y sensibilización social, y los/as médicos/as de atención primaria vivimos en este contexto.  La violencia de género (VG) es “invisible”, en la mayoría de las ocasiones. La mujer víctima siente vergüenza de sufrir violencia, se siente culpable por ello y tiene miedo, esto dificulta que saque a la luz el problema y nos pida ayuda; por otro lado, para muchos profesionales ni siquiera es un tema de salud prioritario y no se lo plantean como posibilidad diagnóstica. Para detectar debemos hacer el esfuerzo de ponernos las “gafas violetas” que nos permitan ver con perspectiva de género.

Hemos avanzado mucho en las últimas décadas, aunque queda por hacer y mejorar. Es un problema complejo el de la violencia de género, y precisa medidas diversas, falta financiación y empeño, (ahora mismo con el PIN PARENTAL más en controversia) para adoptar medidas educativas y preventivas desde la infancia, debemos aumentar los recursos de ayuda a mujeres y menores que no deseen un proceso judicial o informarles de su conveniencia, y formar a los diferentes agentes implicados para realizar un trabajo multidisciplinar coordinado.

¿Están los médicos de familia preparados para abordar esta problemática en sus consultas? ¿Están bien formados en este ámbito?

A pesar de los años trascurridos, de la publicidad y visibilidad que aparentemente tiene el tema, como comentábamos, sigue detectándose poco y registrándose aún menos. Existen obstáculos institucionales, personales, profesionales que favorecen que así sea y en los que los/las médicos/as de familia nos escudamos para abordar el problema en las consultas (agendas llenas, falta de tiempo, problemas de conciencia, privacidad, desconocimiento, no recursos, etc.)

Cada vez más, los/as médicos/as de familia reconocen y asumen la violencia de género como un tema de salud a solventar en su consulta con profesionalidad, lo que implica aumentar su sensibilidad y conocimientos.

La formación es fundamental, la de parte de la profesión es muy básica. Falta formación, pues en el momento actual no es obligatoria en nuestro curriculum.  En la Universidad tendría que iniciarse este aprendizaje y continuar intensificándose con la especialidad MIR. La mejor herramienta, para afrontar el problema de la violencia de género, es tener conocimientos específicos sobre este problema, que tiene unas características diferentes, eso nos permitirá dar respuestas más seguras, más profesionales y menos personales. 

¿Qué indicios les ayudan a ver que una mujer esta siendo víctima de malos tratos? ¿Cuáles son los más comunes?

Las mujeres que sufren violencia están inmersas en un proceso que se va instaurando de manera progresiva, adoptando diferentes formas; a medida que progresa, se hace más grave y las repercusiones en su salud son más severas. Los efectos en su salud se pueden dar a corto, medio y/o largo plazo. Sabemos que el 93% de las víctimas acuden a la consulta por otros motivos, por lo que llamamos “malestares”, que en muchas ocasiones no identifican son debidos a ese maltrato. Como médicos y médicas hemos de saber relacionarlos.

Las repercusiones en salud son diversas, van desde el asesinato, las lesiones físicas, deterioro de la salud mental, afectación de la salud sexual y reproductiva (violaciones, embarazos no deseados y/o infecciones de transmisión sexual), malestares y síntomas difusos como dolor de espalda, mialgias o artralgias, cefaleas, pérdida de apetito, problemas digestivos (dolor abdominal, desórdenes gastrointestinales, colon irritable). Es frecuente el aislamiento de las mujeres de sus amistades, familia, vecindario, asociaciones y grupos sociales.

Hay indicadores que pueden ser signos de sospecha de violencia de género, así en función de las lesiones serían: que haya retraso en la demanda de asistencia de lesiones físicas, incongruencia entre el tipo de lesiones y el mecanismo que explica como causante, o lesiones en diferentes estadios de curación. También algunas actitudes de la mujer: que esté temerosa o evitativa, sentimientos de culpa o de vergüenza, vestimenta que intenta ocultar lesiones, cambio de actitud cuando está su pareja delante, justificación de sus lesiones o quitarle importancia a las mismas. Otros serían según el proceder de la pareja:  solicitar estar presente en todo momento de la consulta, actitud controladora, agresiva o despectiva ante el problema de salud de su mujer, entre otras.

Si detecta indicios ¿cuál es el siguiente paso para conseguir confirmación por parte de la agredida? ¿Cómo ayudan a resolver esa situación?

Es clave crear un clima de confianza, escucha respetuosa y seguridad. Las mujeres suelen acudir con inseguridad, miedo a que no las crean, indefensión y resignación aprendida.  Cada caso debe valorarse de forma individual. Ante una sospecha, una opción es hacer alguna de las preguntas introductorias sobre cómo es su relación de pareja y si se siente bien tratada.

Si la mujer nos confirma el maltrato o refiere que la relación es mala, podríamos preguntarle si alguna vez ha sentido miedo de su pareja. Es una pregunta con gran capacidad para predecir malos tratos.

Cuando la respuesta es negativa y mantenemos la sospecha, realizaremos una valoración biopsicosocial y seguimiento en consulta.

Cuando es positiva, pasaríamos a realizar una valoración completa de la situación. Hay que analizar si hay riesgo vital, los tipos de violencia que sufre (física, psíquica, sexual, ambiental, económica…), el tiempo de evolución, las esferas afectadas de su salud, si existe violencia a menores a su cargo o a otros familiares, si se plantea denunciar, el momento del ciclo de la violencia y basados en el modelo de Prochaska y Diclemente la etapa del proceso de cambio.

¿Su labor debe limitarse a la detección o también al acompañamiento posterior?

Al igual que en otros problemas de salud, y desde la medicina de familia es algo inherente a la especialidad, nuestra labor no se limita nunca sólo a la detección.  La violencia de género tiene repercusiones en muchos aspectos de la salud, con la detección se inicia el proceso de acompañamiento a la mujer. Es fundamental que respetemos sus ritmos, abordando con ella las distintas etapas: identificación de la situación y relación de sus síntomas de salud con la violencia, asesoramiento y adopción de las medidas oportunas en cada momento. Favoreceremos la toma progresiva de conciencia de su situación, teniendo en cuenta que la mujer debe de ser la protagonista en la toma de decisiones para permitir que vayan sanando las distintas facetas de su salud afectadas, la recuperación de su autoestima y que retome el control de su vida.

Por lo tanto, será necesario un proceso de apoyo largo en el tiempo, con visitas sucesivas a veces de años, y con trabajo en equipo para atender además de los aspectos sanitarios, los psicológicos, sociales y jurídicos.

Cuando hay violencia los daños físicos suelen ser evidentes, pero ¿cuáles son los más comunes respecto a la salud mental?

Los daños en la Salud mental son devastadores y difíciles de poner en relación con la situación de maltrato, de manera que es importante identificarlos de forma temprana.

Están asociados a VG el trastorno de estrés postraumático, la reacción por estrés agudo, los trastornos adaptativos con síntomas ansiosos y depresivos, (más frecuente la depresión de 3 a 5 veces más riesgo en mujeres en situación de VG), también las somatizaciones. Son más frecuentes ciertos comportamientos de riesgo, como adicciones, menos medidas para prevenir ITS o embarazos no deseados, disminución de autocuidado. Por último, encontramos muchos trastornos mal definidos: miedo, tristeza, angustia, insomnio…no encuadrables en una categoría diagnóstica del DSM-IV pero que expresan un importante malestar psicológico.

¿La violencia de género o machista es un problema de salud pública?

Por supuesto, sin lugar a dudas, así lo reconoce la OMS desde hace años (49ª Asamblea Mundial de la Salud. OMS, 1996) catalogándola además de importante problema de salud pública en el mundo e instando a los Estados miembros a evaluar la dimensión del problema y realizar actividades para definir causas y repercusión.

La Violencia de Género es un problema importante de salud pública por su magnitud, su gravedad y sus repercusiones. Un problema de salud pública es una situación que afecta negativamente al bienestar de las personas y de la población. Cuando entendemos la salud desde un modelo biopsicosocial, conocemos que en los procesos de salud-enfermedad influye no solo lo biológico sino también los factores psicológicos y sociales interrelacionándose entre ellos de una manera dinámica.

Atendiendo a su prevalencia, según la Organización Mundial de la Salud, el 35% de la población femenina ha sufrido alguna vez en su vida violencia física y/o sexual de un compañero sentimental o violencia sexual de otro hombre sin esa relación. La que se produce por la pareja o expareja es la más frecuente, afectando al 30% de las mujeres del mundo. La Macroencuesta de Violencia hacia la Mujer realizada en España en 2015 recoge que el 12,5% de las mujeres de 16 y más años han sufrido a lo largo de su vida violencia física o sexual de sus parejas o exparejas. La cifra llega al 24,2% cuando los agresores incluyen a otros hombres sin dicho vínculo.

En cuanto a la gravedad de la afectación de la salud de las mujeres y convivientes, sabemos que la violencia de género deja un daño profundo, produciendo secuelas a corto, medio y largo plazo.

¿Cómo definiría las consecuencias de esa violencia en la vida de las mujeres y de la sociedad en su conjunto?

La violencia contra las mujeres es una traba de primer orden a la igualdad entre hombres y mujeres en la sociedad y representa una de las violaciones más extendidas de los derechos humanos. No conoce límites geográficos, económicos culturales o sociales. Es un obstáculo para el desarrollo de una sociedad democrática y vulnera los derechos a la vida, la salud, la seguridad, la libertad, y la dignidad de las mujeres. En consecuencia, nos interpela a toda la sociedad.

La violencia de género siempre tiene consecuencias graves para la salud de las mujeres, para su entorno familiar y social. Las y los menores pueden manifestar síntomas similares a la madre tanto físicos, emocionales y relacionales. Puede producirse retraso en su desarrollo intelectual, en el lenguaje, y en las habilidades motoras, un menor rendimiento escolar. Pueden presentar dificultades en las relaciones con sus compañeras y compañeros, e incluso llegar a manifestar comportamientos de soledad y aislamiento. Pueden aprender a afrontar los conflictos mediante la violencia y reproducir posteriormente los comportamientos de sus progenitores. Además, los hechos muestran que la VG puede afectar también a otros seres queridos de la víctima incluso a sus animales domésticos.

¿Se están dando pasos atrás a nivel sanitario en este ámbito? ¿Qué diría a los negacionistas de la violencia de género?

Si hablamos a nivel estatal, yo diría que no, la intención es seguir avanzando, pero en sanidad están trasferidas las competencias y siendo cierto que hay interés en formar y en divulgar, es muy desigual y tiene muchas veces un carácter voluntario, cosa que no sucede con otros temas sanitarios. En los últimos años, aunque siempre ha existido, tiene más voz y repercusión, el empeño por algunos sectores en cuestionar evidencias, en repetir falsedades, de manera que vayan dejando un poso de sospecha ante la importancia y necesidad de ocuparnos en este problema de salud. Es necesaria la formación y contar con recursos para abordar la violencia de género desde muchos ámbitos, y para ello se necesitan presupuestos que ahora en algunas comunidades se han reducido, o no se incrementan como deberían, lo cual supone la interrupción de programas y protocolos en desarrollo. Por otro lado, tenemos mucho avanzado, a nivel sanitario y a nivel social, y no va a ser fácil convencernos para no seguir dando pasos. Soy optimista y diría que es un camino sin marcha atrás, aunque haya obstáculos en el mismo.

La mayoría de los negacionistas tiene una intención clara, no conseguir una sociedad equitativa, entre otras cosas, entre hombres y mujeres, pues lo ven como una amenaza, en lugar de como un beneficio para todos y todas. Intentar negar la violencia de género es imprudente y carente de rigor. Los derechos humanos no son negociables, los derechos de las mujeres son irrenunciables. La realidad y los datos de numerosas investigaciones acreditan la existencia de este problema de salud pública y sus repercusiones para la salud de sus víctimas. La legislación internacional, europea y estatal nos avala. Como sociedad no podemos permitirnos retroceder en un asunto de tanta trascendencia. Su negación podría tener consecuencias muy graves para la educación de generaciones presentes y futuras, para la salud de las mujeres, y para nuestra sociedad. Todo esto está por encima de cualquier interés particular.

¿Hay igualdad en España entre hombres y mujeres? ¿y dentro de la profesión médica?

En España, hemos conseguido entre todos y todas que cada vez exista más igualdad entre hombres y mujeres, además en pocos años hemos dado grandes pasos, pero aún no podemos decir que somos un estado igualitario. Un reciente informe del Banco Mundial, que refleja la situación no real, pero sí sobre el papel, nos coloca entre los diez primeros países.

En la profesión médica, que por cierto está cada día más ejercida por mujeres, quedan aún desigualdades, el acceso a los puestos de poder sigue siendo difícil, la maternidad sigue siendo una traba para tu progreso profesional, la categorización de algunas especialidades como “poco femeninas” es algo que todavía existe. 

¿Como se puede desde la profesión médica promover la igualdad de la mujer en España?

Es una pregunta muy interesante, porque podemos hacer mucho como médicos y médicas, además en mi Grupo de Trabajo de Atención a la mujer de Somamfyc, tenemos varias propuestas. Creemos en primer lugar que desde una sanidad pública y de calidad es más fácil atender todas las demandas de la mujer, y en ella la Atención primaria con médicos y médicas especialistas en Familia y Comunitaria tenemos un papel importante de educación a la población en equidad, en corresponsabilidad de los cuidados, que casi siempre recaen en las mujeres, en preocuparnos por el acceso a la anticoncepción, o al aborto, o a técnicas de fertilidad. Es importante también reivindicar una sanidad universal, porque sin esta atención, las mujeres por su situación de mayor precariedad y cargas familiares tienen más problemas. En fin, una profesión médica con perspectiva de género, promoverá mejor la igualdad y ganaremos todos y todas.

 

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