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Dr. García-Salido: “En Redes Sociales es fundamental dejar claros los posibles conflictos de intereses”

“En Redes Sociales es fundamental dejar claros los posibles conflictos de intereses”, así lo pone de manifiesto el doctor Alberto García – Salido, pediatra intensivista en el hospital del Niño Jesús en Madrid, escritor y referente en redes sociales con tweets e hilos que han logrado altos índices de viralización (@nopanaden)

En esta entrevista el pediatra pone de relieve la importancia de las redes sociales como herramienta de divulgación, una acción que se logra “con una base sólida de conocimientos que lleve a un discurso que se entienda y que entretenga, no por entretener significa que sea menos riguroso” – asevera.

Respecto a la situación de los profesionales sanitarios en España asegura que la estabilidad laboral es una condición innegociable, reclama más apoyo para poder realizar carreras investigadoras de calidad, cuidar la Atención Primaria, e invita al nuevo Ministro de Sanidad a “no solo defender sino enriquecer la sanidad pública para no olvidar que la mayoría de las personas lo que necesita es que le pongan un fonendo encima y se disponga de tiempo para escucharles”- explica.

Usted es un profesional de referencia en las Redes Sociales ¿Cuál es el secreto de su éxito divulgador?

No soy un profesional de referencia. Tener más seguidores no me convierte en referencia, quizá me convierte en cansino por aparecer muchas veces en muchos sitios distintos. Tampoco tengo un mayor conocimiento que otros compañeros, ni mucho menos. La gente debe dudar de mí lo mismo que de cualquier otro. No me molesta si es con educación. Profesional de referencia es el que tienes a tu lado cuando hay algún problema, al que puedes tocar y mirar a los ojos. Lo que sé con certeza es que de algún modo esto se me ha ido de las manos. Me gusta emplear esa expresión porque es la sensación que tengo. Cuando algún tuit o un hilo se viraliza sientes que se escapa y empieza a viajar llegando a gente que en la vida habría leído algo mío. Es una sensación curiosa, sin duda. A mí me gusta escribir y la cuenta de twitter, siendo sincero, la hice para “hablar de mis libros”. Así de triste. Pasó el tiempo e incluso dejé de usar la cuenta. Tras ser padre, al obtener una percepción que quizá antes no tenía como pediatra, empecé a escribir con la intención de divulgar sobre lo que estábamos viviendo en casa. Sin más ambición que compartir e intentar explicar las cosas con lenguaje sencillo. Hay mucho negocio con los niños y ser pediatra te permite ver lo que otros padres no perciben como tal. Eres como un infiltrado en el negocio que hacen los demás. Sea quien sea, lleve o no lleve bata. Dado el número de “players” (hijos) digamos que en casa hemos generado material para esto. A su vez, la inmediatez de twitter, el disponer de un espacio acotado en caracteres y teniendo poco tiempo para escribir, me dio una herramienta para redactar historias cortas, lo que con el tiempo han sido los hilos. De lo uno, lo que soy, y de lo otro, lo que me gusta y valoro, ha ido surgiendo el crecimiento paulatino en seguidores. Ignoro si a todo esto se le puede llamar “secreto”. A mí me sigue sorprendiendo cada día y estoy más que agradecido por el trato que generalmente recibo.

¿Cuáles son las reglas éticas básicas para gestionar bien las redes siendo médico?

En mi caso particular el principal problema es la ignorancia sobre lo que me preguntas. ¿Reglas? Dado que todo ha sido algo sobrevenido no me había formado, ignoraba pero intuía esas reglas. Desde el principio, y en mi opinión que puede ser equivocada, creí que los puntos cardinales serían el respeto, la educación, el sentido común y escribir únicamente sobre lo que sé. Mezclando la sinceridad con esos cuatro aspectos digamos que he ido encontrando mi forma de gestionar las redes sociales. Algunos compañeros, más formados que yo, me han ayudado en todo esto. Procuro ser coherente. Si alguien escribe o comenta algo y no atiende a evidencia o no estoy de acuerdo generalmente participo. Desde el respeto. En relación a esto me parece fundamental dejar claros los posibles conflictos de intereses. La gente tiene derecho a saber si lo que digo tiene alguna influencia más allá del querer contarlo porque me parece interesante la divulgación al respecto. Para mí es más importante contar lo que quiero contar que compartir aquello que otros quieren que cuente. No sé si me explico, me ha salido un trabalenguas estupendo.

¿El humor es un elemento indispensable para llegar a la audiencia y lograr mayor divulgación?

Por supuesto. El humor es fundamental. Mi objetivo no es llegar a más gente, es pasármelo bien con lo que hago. En el momento en el que eso no ocurra pasaré de seguir escribiendo. Hay que tener humor para recibir las críticas y hay que tener humor para contar las cosas. Eso una herramienta estupenda para facilitar la comprensión de determinados conceptos. Creo que la divulgación se logra con una base sólida de conocimientos que te lleva a un discurso que se entiende y, si es posible, entretiene. Eso no quiere decir que por entretener seas menos riguroso. El respeto por el que te escucha es también abrirle una puerta a lo que dices. Es igual que hablar en público. Todos conocemos a expertos mundiales que no son capaces de capturar la atención del que tienen delante. Hay que lograr que lo que tienes que contar se entienda y se disfrute. Si me vas a soltar un texto sobre el tratamiento de la leucemia con linfocitos T modificados que por lo menos me lleve algo a casa. Dame una historia que haga que lo que me has contado sea distinto, que me deje un sello o me haga pensar. Si no es así vas a desconectar y pasaras a lo siguiente. Resulta estupendo que la gente sienta que merece la pena hacer una pausa contigo.

¿Qué le han aportado las redes sociales a su vida laboral?

Mi vida laboral no ha cambiado. Hago lo mismo que hacía. Procuro además ser estricto con eso. No hago nada relacionado con redes en horario laboral, intento no quitarle tiempo a mi familia. Eso reconozco que cuesta, las redes son un alimento para el ego, no hay duda, y el ego siempre quiere tú tiempo y el que tienes para los demás. Pero laboralmente no ha cambiado nada. No me gusta poner en redes nada relacionado con mi trabajo inmediato. No pongo fotos ni cuento los casos que vemos durante el trabajo. Esas historias son de los pacientes, no mías. En el caso de contar algo siempre cumplo alguno de estos tres criterios que me he inventado: debe estar previamente publicado en revistas científicas, debe haber ocurrido hace más de un año y debo cambiar datos para que no sean reconocibles. Mis hilos salientes de guardia son más reivindicativos o con reflexiones personales que otra cosa. Tampoco hablo sobre el ámbito de investigación básica en el que me muevo. Si aparece una noticia sobre ello genial pero no lo muestro de forma individual. En cuanto a las relaciones con otros compañeros sí reconozco que Twitter me ha permitido establecer contacto con profesionales estupendos o realizar proyectos de colaboración en red como @SoMe4MV (ventilación mecánica con el doctor Federico Gordo), @egis_sepsis (grupo europeo sobre inmunología y sepsis) o @ElHiloOriginal (pediatras y divulgadores).

Al tiempo, y esto es algo que disfruto terriblemente, es cierto que actualmente hago cosas que me alejan del ámbito de la medicina. Respirar otro aire es estupendo. Así colaboro en una revista que admiraba y leía de forma asidua (@JotDownSpain), realizo podcast sobre cine (@webbtertainment) o participo en el programa “Más de Uno” de Carlos Alsina en OndaCero (@MasDeUno). De todo ello no puedo más que dar las gracias puesto que me permiten tomar distancia del fonendo. Son gente fantástica y muy generosa de la que estoy aprendiendo mucho y, sobre todo, diferente.

¿Está a favor de “prescribir” webs o cuentas de redes sociales para combatir los efectos adversos del Dr. Google y los bulos en redes Sociales?  

Tras un tiempo en Twitter he tenido la posibilidad de conocer y leer a expertos en temas diversos. Tanto de mi ámbito de conocimiento como en otros. Esto me permite, en el caso de la medicina sobre todo, dirigir consultas a expertos en aquello que se pregunta. Cuando hago esto intento ser cuidadoso, respetuoso y coherente. Como en el mundo real, sea lo que sea eso, creo fundamental conocer las limitaciones de cada uno. Tener más seguidores no es un aval de mayor conocimiento. El hecho de que sea pediatra no me hace conocedor de todos los ámbitos de la pediatría. Eso es básico reconocerlo. Soy consciente de lo que no sé. Esto nos pasa a todos pero a algunos les cuesta más dejarse de disfraces. De imprescindible o necesario no tenemos nada. Por muchos seguidores que uno tenga si mañana dejo de escribir no se me echará de menos en ninguna pantalla. Así que jugando con esas carencias encuentro no solo dónde mejorar sino también gente a quién derivar consultas cuando sea pertinente. En mi caso los llamo “tuits de interconsulta”. No tener opinión formada sobre todo ni aparentar tenerla me permite tener tranquilidad de espíritu. Además, aprendo de mis compañeros cuando me indican errores o inexactitudes. Lo mismo que deberíamos hacer en nuestro día a día en el trato con las personas. Trabajar el “no lo sé” es un ejercicio que no viene nada mal.

En relación a los bulos hay algunas páginas o cuentas que están haciendo una gran labor en cuanto a recopilación de la evidencia que los confronta (@maldita_ciencia o @SaludsinBulos). Su éxito además pivota en una redacción comprensible y accesible a todos. Además tejen una red de especialistas reconocidos que aportan en muchos casos de forma altruista tiempo y conocimiento. Es triste leer noticias o comentarios que no tienen más objeto que la de buscar un mayor número de visitas o usar el miedo y la incertidumbre de determinadas personas.

Usted es pediatra intensivista ¿Cómo está la situación en este ámbito en nuestro país?

Las subespecialidades pediátricas no se encuentran reconocidas en España. En nuestro país la asistencia al paciente crítico pediátrico tiene un excelente nivel. Los profesionales que trabajan en este tipo de unidades no solamente son referencia nacional sino que muchos de ellos lo son también internacional. Han liderado y lideran un tipo de asistencia centrada en el niño que resulta un ejemplo.

Esta falta de reconocimiento se traduce en muchas ocasiones en unas condiciones laborales precarias para muchos compañeros intensivistas. Existe una gran tasa de eventualidad asociada en gran medida a contratos que se sustentan única y exclusivamente en horas de asistencia continuada (guardias). Gente que afronta situaciones de gran complejidad y que posee un muy elevado nivel clínico y formativo que se enfrenta a un escenario laboral que prácticamente se comporta con ellos como muro. Hablo de intensivistas pediátricos pero seguro que de este hecho no escapan otras especialidades y otros compañeros. No hay que centrarse siempre en un discurso que termine girando sobre ganar más dinero, creo que hay que lograr mejores condiciones laborales. No me considero una persona excesivamente reivindicativa. Creo que las peticiones o comentarios acerca de las condiciones laborales son transversales a prácticamente todo el personal sanitario. Incluyo a enfermeras, auxiliares de enfermería, celadores y otros trabajadores de la sanidad pública. Se habla mucho de cuidar al cuidador pero ese enfoque no se sostiene en gran cantidad de casos. En mi caso, hoy y ahora, me siento afortunado de mi situación laboral. Pero uno debe mirar alrededor sobre todo cuando está bien y puede ayudar. El tan hablado éxito de nuestra sanidad pública tirita un poco cuando se mira de cerca en lugar de aplaudirse de lejos.

¿Qué medidas deben tomar las administraciones para mejorar en este campo?

Te diría que ni idea. Sinceramente, creo que esta pregunta excede a mi ámbito de conocimiento. Quiero decir, yo no soy nadie para sugerir medidas más allá de las que pueden derivarse de quién soy y mi experiencia clínica. Como ya dije, creo que la estabilidad laboral y la existencia de un trato digno es innegociable. Debe haber un intercambio adecuado entre lo que se da y lo que se recibe. Creo que las administraciones deberían poner el acento en cuidar a todos aquellos que trabajan en el ámbito sanitario. Yo tengo mucha suerte y trabajo en un hospital en el que las condiciones laborales son buenas. Existe un elevado compañerismo y alto grado de satisfacción entre los profesionales. No me puedo quejar. Pero eso es hoy, ahora, después de un viaje en el que la eventualidad ha supuesto un quebradero de cabeza. No solo ha influido en el desarrollo profesional, también para llevar a cabo un proyecto vital y de familia. Esto debe ser entendido por las administraciones, estén vinculadas o no a la sanidad. No pedimos mucho más que aquello que entendemos como justo.

¿Qué le pide al nuevo Ministro de Sanidad?

Le pediría conocimiento de causa. Implicarse y acercarse para entender qué significa y qué es la sanidad para nuestro país. El ámbito sanitario es complejo y está compuesto por muchísimas personas con sensibilidades y necesidades distintas. Lo que haga o decida tendrá influencia más allá de los trabajadores sanitarios. El hecho de que las competencias sanitarias estén tan fragmentadas dificultará su labor, pero para eso es Ministro. ¿No? Esto es sin acritud, que no quiero que se enfade. Debe no solo defender si no también enriquecer la sanidad pública. A la sanidad pública no se la defiende con fotos, ni acudiendo solo a un hospital cuando se publica un trabajo o se realiza un procedimiento complejo. Eso es lógico hacerlo, claro. También se defiende y se cuida visitando centros de atención primaria, por ejemplo. O siendo sensible al estado de la urgencia en épocas epidémicas de enfermedades estacionarias. Nos preparamos para el coronavirus, que pasa una vez en la vida, pero para la gripe que pasa todos los años no nos preparamos. Es cuanto menos peculiar. La sanidad se protege con medidas que defienden a las personas trabajen o no en ese ámbito. Cuidando a los profesionales de atención primaria, asegurando una buena interrelación entre ese ámbito y los especialistas hospitalarios. Proporcionando medios a unos y a otros. Una gestión dirigida al día a día, que quizá no salga mucho en los periódicos pero que puede que mejore la atención a las personas. Romper posibles inequidades entre comunidades autónomas. En ocasiones se quiere mostrar lo mucho que se hace comprando máquinas, haciendo reformas o financiando grandes intervenciones. Pero no se debe olvidar que la mayoría de las personas lo que necesita es que le pongan un fonendo encima y se disponga de tiempo para escucharles. O al revés. Ni más ni menos.

También le hablaría de lo fundamental que es cuidar la investigación asociada al ámbito clínico. Facilitar su vínculo con la investigación básica y potenciar un enfoque conjunto. Los profesionales sanitarios tenemos muchísimos problemas para realizar carreras investigadoras de calidad. No tenemos tiempo a pesar de tener interés y ganas. Lo mismo ocurre con la docencia. Nos enfrentamos en muchos casos a situaciones en las que solo a través de nuestro tiempo libre o mediante el trabajo altruista y gratuito podemos progresar lentamente en el campo de la investigación. En mi caso, no quiero tener que decirle a los residentes o adjuntos más jóvenes que como yo tuve que sacrificar tiempo y dinero ellos también deben hacerlo. Es ilógico. Todos conocemos a alguien que no cobra por lo que hace, que está a la espera de una beca o una fuente de financiación que a veces nunca llega. Y si no conoces a nadie en esa situación probablemente seas tú el que está así. En nuestro país presumimos de ser uno de los generadores más importantes de literatura científica. Pero esto se hace a expensas del trabajo y esfuerzo de individuos que no se pone en valor. Hay que poner en valor esas personas. No dudo de que sea muy difícil ser Ministro de Sanidad, pero en esa dificultad radica también el interés. Tiene la posibilidad de cambiar las cosas e intentar hacerlas mejores. Le deseo lo mejor por supuesto. Pero a ver si tenemos suerte y por primera vez las promesas electorales son más que palabras y terminan siendo hechos.

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