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Dr. Rogelio Altisent: «Aristóteles recuperado»

El profesor Altisent, expone en este artículo publicado en el «Heraldo de Aragón», la importancia que adquiere en estos momentos cultivar la bioética enfocada al buen trabajo,»que respete y beneficie a los ciudadanos, evitando que la ciencia y la tecnología supongan una amenaza física o moral». Para ello juegan un papel fundamental los Comités de Bioética que, según sus palabras,» aspiran a ser una escuela de reflexión, prudencia y responsabilidad donde Aristóteles se sentiría cómodo»

 

Zaragoza, 3 de febrero 2014 (medicosypacientes.com)

 

«Aristóteles recuperado»

Profesor Rogelio Altisent, presidente del Comité de Bioética de Aragón

El Gobierno de Aragón aprobó en mayo de 2013 un decreto por el que se regula el Comité de Bioética de Aragón y los comités de ética asistencial en las instituciones sanitarias de nuestra Comunidad, que tienen como función asesorar a los ciudadanos, a los profesionales de la sanidad y a las instituciones en cuestiones relacionadas con la bioética.

En las últimas décadas la medicina ha experimentado tres cambios trascendentales. En primer lugar, estamos presenciando continuos avances científicos con nuevas oportunidades para mejorar la salud de la población; basta citar como ejemplos los trasplantes de órganos, las técnicas de soporte vital o los desafíos de la genética. En segundo lugar, hemos confirmado el reconocimiento ético y legal de los derechos del paciente, que le sitúan en el centro de la organización sanitaria con una significativa capacidad de decisión, lo cual se traduce en el consentimiento informado. En tercer lugar, asistimos a la consolidación de los modernos sistemas sanitarios de cobertura universal, que han supuesto un logro social incuestionable, pero que también plantean retos complejos a la hora de seleccionar las prestaciones que merecen financiación  o en el modo de organizar las listas de espera.

En síntesis, se están planteando nuevas cuestiones que requieren nuevas respuestas. Pero también hemos tomado conciencia de que no todo lo técnicamente posible es éticamente aceptable. Esta es la razón por la que la bioética como disciplina académica se encuentra en estos momentos en el candelero, tanto en el campo profesional como en los medios de comunicación social. Este panorama nos ayuda a comprender de qué modo la dimensión ética impregna la medicina y la asistencia sanitaria.

En este marco entran en escena los comités de ética como órganos consultivos que nacen para asesorar en la toma de decisiones éticas difíciles. Su esbozo se sitúa históricamente hacia 1960, cuando en Estados Unidos se pone en marcha la primera unidad de diálisis renal en la ciudad de Seattle. Allí se enfrentaron al problema de tener más pacientes para dializar que aparatos disponibles y la respuesta no era solo técnica, sino sobre todo ética: ¿quién tenía prioridad?, ¿con qué criterios? Así se constituyó una comisión donde no sólo había médicos y profesionales sanitarios, sino también ciudadanos y cuidadores. Se trataba de buscar la decisión prudente, lo cual requiere deliberar tomando en consideración diferentes perspectivas y sensibilidades. No  es tanto adoptar decisiones por mayoría como desarrollar un diálogo ilustrado bien razonado y fundamentado. Esta es la aportación de los comités de ética: ayudar a cultivar la prudencia  en la toma de decisiones.

Aristóteles definió la prudencia como sinónimo de sabiduría práctica. En lenguaje más coloquial diríamos que la decisión prudente es la decisión sensata, aquella que se alcanza mediante la deliberación, con el fin de alcanzar el bien y en definitva la felicidad, pues no es otra la finalidad de la ética. Se suele explicar que la prudencia busca el término medio entre dos extremos, pero conviene aclarar que esto no significa optar por la mediocridad. Al contrario, el auténtico mensaje de la bioética está estrechamente unido a la exigencia de calidad asistencial y, por tanto, a la excelencia profesional. En otras palabras, nos interesa cultivar la bioética porque queremos hacer un buen trabajo, que respete y beneficie a los ciudadanos, evitando que la ciencia y la tecnología supongan una amenaza física o moral.

Este decreto genera el derecho de los ciudadanos y de los profesionales de la salud a recibir asesoramiento por parte de los comités creados en las instituciones sanitarias públicas o privadas que soliciten la correspondiente acreditación. Una característica importante de la composición de un comité de ética asistencial es la diversidad de sus miembros, donde además de médicos y enfermeras se debe contar al menos con un trabajador social, un experto en derecho sanitario y un ciudadano, de tal manera que se pueda garantizar la pluralidad en una reflexión multidisciplinar del problema analizado, evitando la visión monocular.

Los dictámenes de un comité tendrán siempre un carácter asesor, de manera que cuando un profesional realice una consulta no pueda eximirse de su responsabilidad al tomar una decisión clínica, aunque es indudable el valor añadido que aporta el asesoramiento  experto ante una situación problemática que genera dudas.

Los comités de ética aspiran a ser una escuela de reflexión, prudencia y responsabilidad donde Aristóteles se sentiría cómodo.

 

 

 

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