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Sábado, 4 Febrero 2023

Tribuna del Dr. Jaime Sanz Ortiz: "Cuidados Paliativos como área de atención del profesional sanitario"

20/01/2012

¿Cuál es la razón de ser de la medicina paliativa?, se pregunta en este artículo el doctor Jaime Sanz Ortiz, jefe del Servicio de Oncología Médica y Cuidados Paliativos del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, de Santander. Como bien expone,  "tenemos que recuperar las funciones asistenciales No Curativas que la medicina ha cultivado a lo largo de su historia". Además, cree necesario que hay que integrar en el conjunto de la estrategia terapéutica las necesidades no biológicas de las personas en fase terminal (psíquicas, sociales, familiares, emocionales y espirituales o trascendentes). "Hay que considerar al enfermo y a la familia como diana de nuestra actividad prestándoles toda la ayuda técnica y humana que necesiten"

Santander, 20 de enero 2012 (medicosypacientes.com)

"Cuidados Paliativos como área de atención del profesional sanitario", por el doctor Jaime Sanz Ortiz

Somos portadores de un mensaje que debe ser escuchado por la sociedad, los planificadores sanitarios y los profesionales de la salud. El extraordinario desarrollo científico y técnico de la medicina en su faceta curativa obliga a los profesionales a ponerse al día de forma continuada en los avances obtenidos. Esta labor necesita tiempo, esfuerzo y entusiasmo. A pesar de lo cual un porcentaje elevado de enfermos no son curables, ellos tienen que recorrer el espinoso camino que les conduce hacia el final de la vida. Por lo tanto no van a precisar la aplicación de las nuevas técnicas curativas incorporadas como herramientas de trabajo. ¿Qué ofrecemos a estos enfermos y sus familias desde el punto de vista técnico y humano?

El rápido avance científico tecnológico ha conducido a la compartimentalización de la medicina en múltiples y diversas especialidades, de tal manera que no es extraño que más de 10 facultativos entren en contacto con el paciente al término de una consulta hospitalaria, pero en ese periplo ninguno de ellos se sentará a escuchar las dudas y miedos que, además de su enfermedad, preocupan a la persona. En este escenario no se abordan los aspectos que afectan a la problemática social, laboral, familiar y de pareja que indiscutiblemente están ligadas a esa persona. No se puede establecer una relación médico paciente continuada y no existe un médico de referencia para el enfermo y su familia.

Escuchando a los enfermos podemos oír: “me han pasado por todas las máquinas y todavía no sé lo que tengo”. El proceso de avance tecnológico ha introducido un nuevo factor distorsionante, ”la máquina” (RNM, PET, TAC, Gammágrafo, etc). Ella interfiere negativamente en la relación médico-paciente.

La deshumanización ha venido de la mano de la ciencia y de la técnica. Este talante de la cultura occidental actual ha penetrado en la práctica de la medicina distorsionando la comunicación entre las personas. Resulta paradójico que en la era de la revolución de las comunicaciones (teléfonos móviles, contestadores automáticos, e-mail, redes sociales, etc) las relaciones interpersonales lleguen a estar bajo mínimos. No hay tiempo para escuchar a los demás, la prisa nos invade. Nuestros pacientes comienzan a quejarse de que no encuentran a nadie que les escuche y mucho menos que les atienda y consuele. Es más fácil para el paciente conseguir tres scanners en un año en el hospital, que una conversación relajada y distendida con “el médico” acerca de los problemas que le plantea su enfermedad.

Con el incremento tecnológico de las opciones terapéuticas el médico ha dejado de utilizar la palabra (comunicación), las manos (contacto físico) y su humanidad en la relación con el enfermo disminuyendo así su capacidad para sanar y aliviar.

Actualmente la sociedad vive de espaldas a la muerte propia, la niega, la oculta, la contempla como un fracaso técnico y no quiere hablar de ella. Vista la vida desde la óptica de la muerte, esta sigue siendo la misma pero la vida se transforma. Algunas cosas en las que antes no nos fijamos ahora se convierten en un oasis de sentido. El tiempo se hace más valioso. Seleccionas mejor las alternativas diarias. Ver algo por última vez es casi tan emocionante como ver algo por primera vez. La relación con los demás cambia, se gana en tolerancia y serenidad y se viven más intensamente todos los ratos compartidos. El conocimiento de nuestra muerte anunciada es lo que sentido, urgencia y belleza a cada día de nuestra vida. La muerte nos permite reaprender nuestra forma de “estar” en el mundo, a fin de disfrutar y protagonizar nuestra vida.

Morir bien es una preocupación tan vieja como el ser humano. Lo que ha cambiado en la actualidad es el significado de “bien”. Se habla mucho de la muerte y de los moribundos, de los problemas psicológicos y emocionales que se plantean, pero nadie se ocupa de que el paciente esté confortable durante el proceso. Ropa de cama limpia, sin arrugas y seca. Almohadas blandas y suficientes en número. Estreñimiento y dolor controlados. Cuidadores solícitos permanentes, etc. Los consejos y diálogos religioso/espirituales  poco efecto pueden tener cuando la cama está húmeda o los síntomas físicos atormentan al enfermo. Sin dolor, con enfermeras entrenadas, con deposiciones diarias, con boca limpia y húmeda y cuidadores amigables, sólo entonces los problemas psico-emocionales y espirituales pueden ser adecuadamente tratados.

Si contemplamos que todo lo que tenemos es pasajero (incluida la salud) y que a todos nos aguarda un final común se nos presenta otra oportunidad para iniciar una vida nueva, más libre y gratificante. La vida no se improvisa, sino que en cierto modo se programa, tiene un significado amplio que abarca todos los contenidos que se dan dentro de ella: biología, sicología, historia personal, cultura, plano social y espiritualidad. Debemos de dejar de vivir como si fuéramos inmortales. La persona que se encuentra cerca de la muerte moviliza lo mejor del ser humano, tanto en lo que refiere a sus sentimientos, como a sus acciones. Hay que convertir la rebeldía ante la muerte en principio de aceptación.

Las técnicas de “cuidar” (la faceta más antigua de la medicina) también han experimentado un desarrollo importante. El alivio integral del dolor y demás síntomas, la comunicación, el apoyo emocional, el no mentir, el mantener la esperanza, el cómo dar malas noticias, el cómo responder preguntas difíciles, la ayuda a la familia, la información, el respeto a la autonomía del enfermo, la libertad de elección, la muerte a su tiempo, la ayuda en el duelo anticipado, el reconocimiento y tratamiento del estrés de los profesionales, la ética de la fase final de la vida, etc. Estos aspectos técnicos tienen que ser incorporadas como actitudes y herramientas en nuestros hospitales y centros sanitarios. El mensaje no es nuevo, pero si pocas veces aplicado en la práctica diaria.

¿Cuál es la razón de ser de la medicina paliativa? Tenemos que recuperar las funciones asistenciales No Curativas que la medicina ha cultivado a lo largo de su historia. Hay que integrar en el conjunto de la estrategia terapéutica las necesidades no biológicos de las personas en fase terminal (psíquicas, sociales, familiares, emocionales y espirituales o trascendentes). Hay que considerar al enfermo y a la familia como diana de nuestra actividad prestándoles toda la ayuda técnica y humana que necesiten.

La medicina paliativa es el intercambiador natural del Curar y del Cuidar. Dos partes de la medicina nunca excluyentes y siempre complementarias. Para cuidar bien antes hay que saber curar mejor. En el caso del paciente moribundo es todavía un ser vivo y como tal hay que tratarle; compartiendo sus ilusiones, sus temores, sus esperanzas, ayudándole a utilizar sus recursos y autonomía que le permitan vivir con mayúsculas el tiempo que le quede.

Dr. Jaime Sanz Ortiz,
Jefe del Servicio de Oncología Médica
del Hospital Marqués de Valdecilla de Santander