Con el fin de colaborar en la labor psicoeducativa de los médicos de Atención Primaria, la OMC y Lilly, presentaron ayer la «Guía de Buena Práctica Clínica en Psicoeducación en pacientes con depresión» así como «Consejos psicoeducativos para pacientes con depresión»
Madrid, 21 de noviembre de 2012 (medicosypacientes.com)
Presidido por el Dr. José Mª Rodríguez Vicente, tesorero de la OMC, el acto de presentación, que tuvo lugar en la sede de la OMC, contó con la presencia de la Dra. Inmaculada Gilaberte, Psiquiatra, coordinadora de la Guía y gerente de investigación clínica de Lilly; del Dr. Enric Aragonès, médico de familia del Centro de Atención Primaria de Constantí (Tarragona); y del Dr. Narcís Cardoner, médico del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitari de Bellvitge (Barcelona), ambos autores de la Guía.
Para el Dr. José María Rodríguez Vicente el objetivo de esta Guía es «ayudar a los médicos de Atención Primaria a disminuir la variabilidad de la práctica clínica, así como la incertidumbre en consulta» además de ofrecer a los profesionales «una herramienta con la que puedan tomar la mejor decisión clínica», esto es, contribuir a que puedan «elegir el mejor tratamiento o el mejor diagnóstico para sus pacientes», explicó.
No se trata de un texto de estudio, pues para ello «ya hay escritos más profundos y extensos» manifestó el Dr. Rodríguez Vicente y destacó que la labor fundamental de este material es «ayudar a tomar decisiones en el momento y lugar en que se presenten las dudas».
Además, subrayó el carácter «eminentemente práctico» con el que han querido dotar a este documento. «No podemos olvidar-manifestó-que en el mundo actual en que vivimos, con Internet y nuevas tecnologías, con excesiva información y una difusión global de la misma, los problemas que se presentan son de complejidad creciente y las decisiones a la hora de solucionar dichos problemas se siguen tomando a nivel individual, en la consulta del médico y delante del paciente. Por eso, las Guías intentan aportar conocimientos al profesional. Siempre hemos intentando que sirvan de ayuda real», explicó.
Referido a los «Consejos psicoeducativos», destacó la labor fundamental de la familia en el trato y recuperación de estos pacientes. A este respecto, manifestó que la Guía está pensada para «ayudar a familiares a que conozcan la enfermedad y poder así ayudar al paciente».
El Dr. Narcís Cardoner, informó que a lo largo de la vida un 11% de los españoles pueden padecer depresión. Para todos ellos, así como a sus familiares (la labor del entorno es fundamental, subrayó), quiso destacar que «es una enfermedad que se puede tratar». Y añadió que este tipo de Guías «ayuda a los pacientes y sus familiares a saber lo que les está pasando». La depresión también afecta y mucho al entorno del enfermo, pues es difícil dar apoyo sin agobiar. «Hay que lograr un equilibrio» declaró.
Señaló esta enfermedad como una de las patologías que van a tener un mayor impacto en el futuro. A este respecto, dijo que el número de muertes por suicidio en jóvenes supera ya al de accidentes de tráfico.
Por su parte, el Dr. Enric Aragonés hizo un repaso de los cuatro grandes capítulos en que se divide el documento: enfermedad, tratamiento, autociudado y familia. Desde su punto de vista, «el paciente ha de tener un mayor papel en esta enfermedad», dijo.
Por último, la Dr. Inmaculada Gilaberte, coordinadora de la Guía subrayó la dificultad de la educación de estos pacientes y, en este sentido, conseguir que esto sea más sencillo es lo que pretendemos con la Guía, señaló.
Cerca del 30% de los pacientes abandonan el tratamiento
Estos profesionales recordaron que cerca del 30% de los pacientes con depresión abandonan el tratamiento durante el primer mes y hasta un 50%, a los 3 meses. Este abandono precoz comporta una serie de consecuencias perjudiciales como son el riesgo de evolución crónica del trastorno, el aumento de posibles recaídas, así como el deterioro de la funcionalidad y calidad de vida del paciente. Por este motivo, es fundamental que el médico de Atención Primaria sea capaz de «educar» al paciente en su enfermedad, que sepa explicarle de forma clara y sencilla los aspectos claves de su enfermedad, y de responsabilizarle de su propio tratamiento, explicándole los efectos positivos de cumplirlo, así como los riesgos de dejarlo. Para evitar el número de recaídas, los expertos afirmaron que, además de mantener el tratamiento farmacológico en todos los pacientes, al menos durante 6 meses tras la remisión del episodio depresivo, la psicoeducación es eficaz y un fuerte protector frente al desarrollo de la depresión.
Las claves: no abandonar, fijar retos alcanzables y fomentar la comunicación
Reducir las cifras de abandono es, sin duda, uno de los grandes retos para los profesionales que tratan a pacientes con trastornos depresivos. Según el Dr. Cardoner, «la mayoría de pacientes responden al tratamiento con antidepresivos a las 6-8 semanas, pero sólo un 30-40% logra la remisión en este tiempo. Sin embargo, si se éste se prolonga, hasta un 70% de los pacientes alcanza la remisión. De ahí la importancia de seguir con el tratamiento y ensayar nuevas opciones terapéuticas»
Asimismo, otro de los retos pasa por conseguir que el paciente recupere la autoestima. Para ello, el médico debe enseñar al paciente a identificar sus emociones, a controlar los pensamientos negativos y a manejarse en el día a día, planteándole retos modestos y asequibles. «Pactar con el paciente una hora para levantarse de la cama; obligarle a ducharse y vestirse cada día, salir de casa aunque sólo sea a buscar el pan o dar la vuelta a la manzana, y realizar al menos 3 comidas al día, son algunos objetivos que puede plantear el médico», apuntó el Dr. Colom.
La comunicación abierta y directa con el paciente también es fundamental, especialmente cuando se trata de temas tan delicados como el pensamiento suicida. Las ideas suicidas son frecuentes en el paciente deprimido y es un síntoma más del cuadro clínico. De ahí que el Dr. Aragonés anime a los médicos a hablar de ello con sus pacientes, puesto que «al hablar de estos pensamientos (que el paciente suele tener, pero no verbaliza) y normalizarlos explicándole que es un síntoma habitual de la enfermedad, se ayuda al paciente a reducir la angustia y el sentimiento de culpa».



