- La ciencia interesa al 80% de las personas, principalmente por “el placer de aprender cosas nuevas” (58%) y, en menor medida, por su “utilidad práctica” (32%), y cerca de un 60% se considera informado acerca de temas científicos.
- Un test de conocimiento de conceptos básicos sobre un amplio abanico de áreas de la ciencia muestra una comprensión generalizada sobre los factores que influyen en la personalidad, el origen del oxígeno y la posición de la Tierra en el universo, mientras que existe un bajo nivel de conocimiento sobre cuestiones como la regeneración de las neuronas, la ineficacia de los antibióticos para combatir los virus, así como sobre los factores causales del cambio climático.
- Una amplia mayoría comprende cómo se obtiene y valida el conocimiento científico: el 93% otorga mucha o bastante importancia a la comprobación experimental y el 72% comprende los mecanismos institucionales de aceptación del conocimiento científico como conocimiento público validado a través de su publicación en revistas científicas.
- Existe un rechazo claramente mayoritario a teorías conspirativas como el terraplanismo, la relación de vacunas con autismo, el negacionismo del cambio climático, el cuestionamiento de la llegada del ser humano a la Luna y la llegada de extraterrestres a la Tierra, si bien hay segmentos minoritarios (5%-28%) que las aceptan.
En una sociedad avanzada, la cultura científica desempeña un papel fundamental. El conocimiento que tiene la población sobre la ciencia, unido a sus actitudes y a la confianza que depositen en la comunidad científica y sus instituciones, tiene efectos directos e indirectos tanto en la esfera pública como en la privada.
Así, el conocimiento y la confianza en la ciencia ofrecen herramientas robustas para la toma de decisiones individuales sobre alimentación, salud o consumo, sirviendo además para mantener la cultura cívica y la racionalidad en la esfera pública, afectando en particular a políticas públicas relacionadas con el cambio climático, la salud pública, la adopción y la regulación de tecnologías como la inteligencia artificial, y otros muchos dominios en los que la ciencia está anidada. Desde el punto de vista individual y colectivo, una cultura científica sólida actúa como filtro frente al relativismo, las falsedades y las creencias en teorías conspirativas promovidas por algunas élites y grupos de interés, difundidas principalmente a través de las redes sociales digitales.
La Fundación BBVA ha llevado a cabo el Estudio sobre Cultura Científica en España, que examina un amplio conjunto de indicadores del grado de cercanía y conocimiento respecto a la ciencia, así como sobre los valores y actitudes ante la misma. En esta primera nota se presentan dos facetas de la componente cognitiva de la cultura científica de la población: el interés y cercanía de los ciudadanos con la ciencia y el nivel de conocimiento científico.
Los resultados obtenidos ofrecen un estado de situación positivo, con algunas cualificaciones: emerge una sociedad bastante homogénea respecto a la vinculación con la ciencia, que despierta un alto interés, si bien el nivel de conocimiento sobre conceptos científicos elementales no supera un umbral medio, con algunas áreas de comprensión generalizada y otras claramente minoritarias. Además, la mayoría de la población entiende cómo se obtiene y se valida este conocimiento. Las diferencias principales en cuanto al conocimiento científico sustantivo (de conceptos y enunciados científicos) se asocian principalmente al nivel educativo. Existe un rechazo mayoritario a teorías conspirativas contrarias a la evidencia científica como el terraplanismo, un postulado vínculo entre vacunas y autismo, y el negacionismo del cambio climático. Sin embargo, particularmente en este último caso, la influencia de la ideología, además del conocimiento, resulta significativa en el eco que encuentra en una parte de la población, reflejando el efecto de la controversia en la esfera política y las redes sociales.
Los datos se han obtenido a partir de dos encuestas telefónicas realizadas en noviembre de 2025 a dos muestras de 2014 y 2042 casos, respectivamente, a personas de 18 y más años, representativas de la población española. Cada cuestionario incluye un bloque común de preguntas y otro específico, profundizando en el conocimiento científico, en el primer caso, y en las actitudes ante la ciencia, en el segundo (aspecto que será objeto de una nota posterior).



