La Fundación de Estudios Sanitarios, organización encargada de proveer de formación continuada, acreditada y de calidad a los médicos colegiados de Bizkaia, en colaboración con el Hospital San Juan de Dios de Santurtzi, acaba de poner en marcha un curso específico sobre «Cómo cuidar a un enfermo».
Bilbao, 4 de octubre de 2013 (medicosypacientes.com)
La primera sesión del curso, dirigido a los facultativos y especialmente a la ciudadanía en general, se celebró el martes, día 2, en la sede del Colegio y corrió a cargo de Iñigo Santisteban, psicólogo del hospital santurzano quien ha abordado la cuestión del «El impacto de la enfermedad en la familia». La organización del curso ha contado con el asesoramiento y la colaboración del doctor Jacinto Bátiz, presidente de la Comisión de Deontología del Colegio de Médicos de Bizkaia-Bizkaiko Medikuen Elkargoa y jefe del Área de Cuidados del Hospital San Juan de Dios de Santurtzi.
Tal y como ha expuesto Iñigo Santisteban ante una nutrida audiencia de profesionales sanitarios y cuidadores de personas dependientes, «tres de cada cuatro familias en las que uno de sus miembros presenta una enfermedad avanzada sufren incertidumbre e inseguridad».
Según ha explicado, «la inseguridad e incertidumbre acarrean bloqueos para la toma de decisiones en el núcleo familiar, así como problemas de comunicación de la familia con el paciente y con el equipo de salud, más tensión emocional en los cuidadores y el paciente, desmotivación en los cuidadores, etc.».
El psicólogo del Hospital San Juan de Dios de Santurtzi y responsable -junto a la trabajadora social del Hospital, Vanesa Machado- del programa Cuidando Contigo-Zurekin Zainduz de atención a personas y familiares de pacientes con enfermedades avanzadas, ha señalado que «en muchas ocasiones, la familia siente un gran malestar emocional que le dificulta los cuidados a realizar, bien sea por la incertidumbre que genera su desconocimiento, por la sensación de no tener la formación o los recursos necesarios para el afrontamiento de la situación de enfermedad o por la inseguridad sobre su posible evolución. No obstante, a veces esa percepción no está basada en un análisis objetivo y realista de los recursos que posee la familia, tanto técnicos como humanos o sociales; sin embargo, es suficiente para generar un problema en la familia y en la prestación de cuidados».
La enfermedad es un acontecimiento vital «que provoca cambios en la familia, tanto en los roles de sus diferentes miembros como en su propio estilo de vida. La enfermedad es percibida como algo invasivo e intrusivo, que trastoca las creencias de la familia sobre la enfermedad e, incluso, su sistema de valores».
Así, existen una serie de variables objetivas tanto en la enfermedad como en la familia que pueden determinar en cierto modo el decurso de los cuidados del paciente en el seno de la familia. Entre las variables referidas a la enfermedad, el psicólogo ha citado «la trayectoria de la enfermedad, la disfuncionalidad que provoca, si existe o no deterioro cognitivo, la complejidad del control de los síntomas o las pérdidas asociadas a la misma».
Por su parte, entre las variables correspondientes a la familia, «se pueden enumerar el tamaño de la misma, su dispersión geográfica, la relación entre sus diferentes miembros y la percepción que éstos tengan respecto a si tienen o no los suficientes recursos para hacer frente a los cuidados que el enfermo dependiente precisa».
Por último, Iñigo Santisteban señaló en la sede del Colegio de Médicos de Bizkaia una serie de consejos para que los familiares puedan disponer de unas claves de afrontamiento ante estas situaciones. «Es importante que los familiares consulten con su médico, de atención primaria, especializada o de Cuidados, sobre las características de la enfermedad en cuestión y su previsible evolución. Además, es importante no dejarse asesorar por lo que se encuentra en Internet, que en ocasiones corresponde a informaciones sin el rigor científico exigible».
«Además», ha continuado desgranando el experto, «es muy conveniente organizarse el tiempo, reconocer las pérdidas y carencias que supone la enfermedad tanto para el paciente como para sus cuidadores, promover cambios en el estilo de vida que la enfermedad provoca y adaptar la vida en la medida de lo posible a la propia realidad que marca la patología que afecta al paciente».



