Un nuevo estudio de la Universidad de Texas en Austin (Estados Unidos) publicado en ‘The Lancet Global Health’ revela una tensión previamente subestimada en el centro de las negociaciones internacionales sobre el clima: las políticas diseñadas para proteger a los países en desarrollo de asumir una parte injusta del costo de la reducción de las emisiones de carbono podrían, inadvertidamente, privar a esos mismos países de millones de dólares en mejoras vitales de la calidad del aire.
Los responsables del estudio también identifican una vía prometedora para resolver este dilema. El estudio, realizado en colaboración con la Universidad de Emory, la Universidad de Princeton de Estados Unidos y colaboradores de otros seis países, modeló diversos enfoques para alcanzar el objetivo del Acuerdo de París de limitar el calentamiento global a dos grados Celsius, con el fin de evaluar el impacto de las políticas en las emisiones, la calidad del aire, los resultados de salud y el bienestar económico en 178 países hasta finales de siglo.
Los investigadores descubrieron que la acción climática coherente con el objetivo de dos grados Celsius evitaría más de 13,5 millones de muertes prematuras por contaminación atmosférica entre 2020 y 2050, principalmente en países de ingresos bajos y medios. Sin embargo, la magnitud y la distribución de estos beneficios para la salud dependerían fundamentalmente de cómo se reparta la carga global de la mitigación.
Según un enfoque de menor costo (donde se reducen las emisiones donde resulta más económico) los países de ingresos bajos y medianos asumen una parte significativa del esfuerzo de mitigación, pero también obtienen los mayores beneficios en cuanto a la calidad del aire. En cambio, con un enfoque basado en la equidad (donde las naciones más ricas asumen una mayor carga), los países de ingresos bajos y medianos pagan menos, pero se evitan casi cuatro millones de muertes prematuras en esos países, ya que la reducción de combustibles fósiles es menor donde la contaminación del aire es más grave.
«Demostramos que existe una difícil tensión entre la justicia climática distributiva internacional y el objetivo de salvar vidas mediante los beneficios colaterales de la reducción de la contaminación atmosférica», plantea Mark Budolfson, profesor asociado de filosofía, geografía y medio ambiente en la Universidad de Texas en Austin y coautor principal del estudio. «Dentro del actual marco climático del Acuerdo de París, que contempla las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional para la reducción de las emisiones globales, trasladar la mitigación de los países pobres a los ricos tiene el efecto perverso de reducir el número de vidas salvadas gracias a las mejoras en la calidad del aire en los países pobres, posiblemente en millones».
Los investigadores también probaron un escenario que resuelve esta disyuntiva: un régimen climático basado en la equidad, en el que los países de ingresos bajos y medianos invierten sus ahorros en costos de mitigación en controles convencionales de la contaminación del aire, como tecnologías de tratamiento al final del proceso dirigidas al hollín, el dióxido de azufre y otros contaminantes, por ejemplo, en las chimeneas de las centrales eléctricas. Este escenario de «Equidad + Calidad del Aire» resultó ser el más favorable en general, ya que ofrece tanto los beneficios de equidad al trasladar los costos climáticos a las naciones más ricas como todo el potencial de salvar vidas que supone un aire más limpio en el mundo en desarrollo. Es fundamental destacar que el estudio halló que, para casi todos los países de ingresos bajos y medianos, los ahorros derivados de la reducción de los costos de mitigación del cambio climático cubren con creces el gasto de estas medidas adicionales de calidad del aire.
«Existe una necesidad urgente de diseñar regímenes de mitigación del cambio climático centrados en la justicia para garantizar que los países en desarrollo no pierdan la oportunidad de lograr reducciones transformadoras de la contaminación atmosférica», plantea Noah Scovronick, otro de los autores principales del estudio. «Identificamos una forma atractiva de abordar esta tensión».
Los resultados tienen relevancia directa para futuras rondas de negociaciones climáticas en las que los países actualizarán sus compromisos de reducción de emisiones. Los autores señalan que, si bien su escenario basado en la equidad se aproxima al principio de «responsabilidades comunes pero diferenciadas» consagrado en el Acuerdo de París, la dimensión de la calidad del aire ha estado insuficientemente representada en esos debates.
«Nuestra investigación demuestra los beneficios de considerar conjuntamente el desarrollo y las políticas climáticas», expone Navroz K. Dubash, profesor de la Universidad de Princeton. «Diseñar políticas que aborden de forma proactiva las disyuntivas entre limitar las emisiones de manera equitativa y combatir la contaminación atmosférica produce los mejores resultados».
El estudio utilizó una serie de modelos de última generación (entre ellos el Modelo de Análisis del Cambio Global (GCAM) para la energía y las emisiones, GEOS-Chem para la química atmosférica y el modelo GIVE para los daños climáticos) para rastrear los vínculos desde las decisiones políticas hasta las emisiones, la calidad del aire, los resultados en materia de salud y el bienestar económico en 178 países hasta finales de siglo. El estudio fue financiado por una subvención de la Fundación Nacional de Ciencias de los Estados Unidos.



