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Historias para entender la historia: cómo la FPSOMC ampara a la profesión médica en los momentos más difíciles

Varios testimonios de personas que han recibido ayudas de la FPSOMC ponen en valor la necesidad de mantener este espacio de solidaridad médica.

Aunque la creación del Colegio de Huérfanos Médicos, auspiciado por los ilustres facultativos Carlos María Cortezo y José Pando, date del 1917, fue tras la Guerra Civil cuando las ayudas de la Fundación, el entonces conocido como Patronato de huérfanos, tomaron un papel fundamental en la vida de muchos médicos. Así lo cuenta M.ª Antonia Herrero, viuda de médico y madre de nueve hijos, quien perdió a su marido hace 36 años y desde entonces recibe ayudas por parte de la profesión médica: “Mi vida quedó arrasada, destrozada. Encontré el apoyo en el patronato de huérfanos. Hoy mis hijos son personas de provecho y lo único que les pido es que sean humanos y traten bien a la gente”.

Este espíritu solidario de la profesión médica ya ha ayudado a más de 3000 personas en situaciones de vulnerabilidad. Y como los números alejan muchas veces el efecto real que suponen estos apoyos para las personas, recuperamos algunos testimonios que ejemplifican la necesidad de contar con fundaciones solidarias como la FPSOMC.

Dijo una vez el escritor y filósofo español perteneciente a la generación del 98 Miguel de Unamuno: “La única forma de darle carácter definitivo al mundo es darle conciencia”. Es su nieto, el Dr. Pablo de Unamuno, quien agradece a la Fundación la ayuda que hizo posible que pudiera estudiar medicina tras la muerte de su padre, médico estomatólogo, cuando él tenía 11 años, e intenta ‘darle conciencia’ a todos los facultativos sobre la importancia de conservar este espacio solidario. “Gracias a las ayudas pude estudiar la carrera de Medicina. La Fundación es algo que hay que mantener y proteger, sin ella no podía haber estudiado Medicina, ni vivir dignamente. Mi madre tenía cinco hijos en el momento que quedó viuda y fue una ayuda realmente importante para toda la familia”.

Este sentimiento de solidaridad siempre ha estado patente en la profesión médica, según explica el Dr. Ortega, quien también pudo estudiar la carrera gracias al amparo recibido por parte de la fundación. “No se debe asociar al comparativismo, es la fe en un colectivo del que estamos orgullosos de pertenecer. En mi opinión, el mejor destino del dinero que pagamos con la colegiación es a la FPSOMC. Esto lo tienen que entender los estudiantes y jóvenes médicos para que puedan sentir ese espíritu solidario”, señala.

Sin embargo, las necesidades de la sociedad cambian progresivamente con la misma. Tras el gran número de huérfanos de médicos que provocó la guerra en nuestro país, las necesidades de los facultativos y sus familias han evolucionado. Consciente de ello, la Fundación se ha adaptado en los últimos años a estos cambios de paradigma y sus ayudas se han multiplicado con el fin de proteger las nuevas fragilidades de los miembros de la familia médica. Una adecuación que no pasa desapercibido para socios protectores como la Dra. M.ª Dolores López: “La FPSOMC ha cambiado mucho en los últimos años y se ha adaptado a las nuevas necesidades creando ayudas para el SXXI. Lo que yo busco es devolver todo el cariño que recibí en un momento muy duro de mi vida”, afirma la responsable de la fundación para el Colegio de Médicos de Burgos.

La modernización en las ayudas llevó a la Dra. Cristina Bombí, especialista en psiquiatría, a salir de la situación de precariedad laboral en la que se encontraba. La Fundación para la Protección Social de la OMC impulsó la carrera laboral de la Dra. Bombí, quien se encontraba hasta entonces en una situación en la que el reconocimiento profesional, la cortedad de la situación socioeconómica general, “sumía vida en una gigantesca incógnita de continuidad de futuro».

Ese alivio que sintió la especialista en psiquiatría al encontrar un horizonte laboral motivador se asemeja al sentimiento de agradecimiento que el colegiado murciano Eduardo Martínez sintió cuando se cruzó en su camino la prestación de Atención Temprana disponible de la FPSOMC. Su hija María nació siendo portadora de la trisomía 21 y, tras una educación esmerada en una guardería adaptada y posteriormente en el colegio público de la provincia, su colegio se enteró de su caso y se puso en contacto con la familia para darles a conocer la existencia de ayudas de la Fundación para hijos de colegiados menores de 16 años que estuvieron en tratamiento de Atención Temprana. “Desde entonces recibimos la prestación mensual. Tanto como mi mujer como yo somos médicos colegiados, pero sobre todo somos los padres de una niña diferente y necesitamos una ayuda a las tareas más hermosas que nos ha tocado vivir: cuidar y educar a María».                

Una vida reinventada tras un accidente

El Dr. Miguel de Lucio, médico de emergencias en Burgos, sufrió un grave accidente de tráfico en 2018 que le dejó con secuelas físicas y neurológicas. Estuvo 50 minutos sin oxígeno y perdió el conocimiento. El diagnóstico fue devastador: daño cerebral severo, pérdida de memoria, dificultades cognitivas y un grado de discapacidad del 68 %.

Sin embargo, en este difícil escenario, la Fundación para la Protección Social de la OMC se convirtió en su principal aliada. “Gracias a la Fundación he podido mantener la vida que hoy sigo llevando”, cuenta el Dr. de Lucio, que dedica su día a día a la rehabilitación y al estudio. Ha retomado los estudios de Psicología a distancia y ha comenzado un doctorado. Además, dos de sus hijos estudian Medicina con ayudas gestionadas por la Fundación.

Una ayuda que sostiene y acompaña

María Rosario de la Fuente, enfermera de quirófano en Segovia, perdió a su marido, cirujano general, de forma repentina. En ese momento, su vida y la de sus tres hijas quedó en suspenso. “Perdieron a su padre, pero sus vidas tenían que seguir y a veces no tienes fuerzas… la ayuda del Colegio y la FPSOMC te abre un poco el campo de visión”, explica.

Gracias a la intervención rápida y cercana del Colegio de Médicos de Segovia y la FPSOMC, pudo encontrar un apoyo que garantizara la estabilidad emocional y educativa de sus hijas. Alejandra, de 19 años, comenzó sus estudios de Arquitectura con Interiorismo; Claudia (17) y Carlota (13) continuaron su formación en el mismo centro educativo. “En una semana ya estaba todo en marcha. La respuesta fue rápida, humana, cercana. No puedo estar más agradecida”, afirma.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               

Estos son solo algunos ejemplos de los miles de personas y familias que han sido respaldadas por la Fundación para la Protección Social del Consejo General de Médicos, que siempre ha mirado por el bienestar de todos los facultativos del país. Porque, como también dijo alguna vez el citado escritor de la generación del 98: “Es muy triste no sentirse amado, pero es mucho más triste no ser capaz de amar”.

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