Durante casi tres décadas, el Programa de Atención Integral al Médico Enfermo (PAIME) ha representado una de las respuestas más sólidas y valientes de la profesión médica española ante un problema históricamente silenciado: la enfermedad mental del médico. Su existencia ha permitido salvar carreras profesionales, proteger a pacientes y, sobre todo, devolver dignidad a médicos que atravesaban situaciones de enorme vulnerabilidad.
Sin embargo, el contexto en el que nació el PAIME ha cambiado sustancialmente como también lo ha hecho el tipo de demanda o de patología que motiva la consulta o el acceso al programa. Y estos cambios interpelan directamente a su futuro exigiendo evolucionar hacia un modelo más homogéneo, preventivo y sostenible.
Ahora, la profesión médica se enfrenta a un gravísimo problema estructural de organización del trabajo y de política sanitaria condicionado, en gran medida, por una crisis de recursos humanos y de gestión del sistema. Forme esta crisis parte de la causa o de las consecuencias-esto sería otra reflexión- lo cierto es que los médicos trabajan en entornos laborales inseguros, con violencia, acoso en el trabajo y precariedad, y con sobrecarga -turnos prolongados, guardias sin descanso suficiente, plantillas reducidas etc-, que se asocian a peor salud mental. Concretamente, estrés crónico, síndrome de burnout, ansiedad, depresión y fatiga por compasión son los problemas más frecuentes con tasas que alcanzan hasta el 50% de los profesionales sanitarios.
La salud mental del médico ya no puede abordarse exclusivamente desde la lógica del trastorno individual ni del episodio agudo. El perfil del médico “enfermo” va siendo sustituido progresivamente por el del médico quemado: profesionales funcionales, altamente comprometidos, que sostienen durante años niveles de sufrimiento psicológico normalizados por la organización y por la cultura profesional.
Burnout crónico, ansiedad persistente, fatiga moral, desafección vocacional o sensación de pérdida de sentido no son fenómenos anecdóticos ni transitorios. Constituyen hoy un patrón estructural que afecta de manera especial a los médicos jóvenes, a las mujeres médicas y a quienes ejercen en entornos de alta presión asistencial y baja capacidad de control sobre su trabajo.
En este escenario, el riesgo ya no reside únicamente en la fragilidad individual, sino en el propio diseño del sistema sanitario y de las condiciones en las que se ejerce la medicina. Pretender abordar este fenómeno únicamente cuando el daño es grave supone llegar tarde de manera sistemática.
Por tanto, no basta un enfoque meramente asistencial para abordar la salud mental del médico; es lógico plantearse si el diseño actual del PAIME puede responder a la transformación profunda que está experimentando la salud mental de los médicos y el propio ejercicio de la medicina. Mantener sin revisión estratégica un modelo eficaz puede convertirse, paradójicamente, en una forma de inmovilismo y eso, precisamente, no podemos permitirlo para un programa, el PAIME, con un enorme valor social y un potencial prometedor como herramienta de protección de la salud pública.
PAIME: una fortaleza que no debe ocultar sus límites
El PAIME ha demostrado sobradamente su valor. Su modelo basado en la confidencialidad, la confianza y la adhesión voluntaria ha sido clave para que miles de médicos acepten ayuda. Sus resultados clínicos y de reintegración profesional avalan su continuidad. Además, se ha convertido en un referente internacional, hasta tal punto que, con su referencia y a instancias de la Organización Médica Colegial de España (OMC), desde la Asociación Médica Mundial se ha aprobado recientemente una declaración por la que la profesión médica mundial insta a las organizaciones médicas y administraciones sanitarias de todo el mundo a promover programas específicos como el PAIME, para ayudar a los médicos con problemas de salud mental y/o adicciones a volver a ejercer al final de su tratamiento y recuperación, sin estigmas, y abarcando estrategias de prevención y detección temprana.
Pero precisamente por ser referente, resulta imprescindible reconocer con honestidad sus límites actuales. El PAIME sigue siendo, en esencia, un programa asistencial y reactivo, activado cuando el problema ya se ha manifestado con intensidad suficiente con el objetivo de evitar la mala praxis. Presenta además una notable variabilidad territorial y una integración aún insuficiente con otros ámbitos clave: la prevención de riesgos laborales, las políticas de recursos humanos o los sistemas de información que permiten evaluar tendencias y anticipar problemas.
Por supuesto, hay un riesgo de sostenibilidad y de pérdida de esencia si se ofrece tan sólo como un recurso asistencial para este tipo de médico “quemado”, éste no es el objetivo, pero también de quedar aislado y limitado, actuando como último recurso en un sistema que sigue generando malestar de forma estructural si no tenemos en cuenta este emergente problema.
2026-2030: una oportunidad estratégica
El periodo 2026-2030 ofrece una oportunidad que no deberíamos desaprovechar; redefinir el PAIME no solo como un programa de atención, sino como una pieza estructural de la política de salud laboral del médico.
Esto implica un cambio de escala. El PAIME debería integrarse explícitamente en el ecosistema de protección de la salud de los profesionales sanitarios, sin perder su independencia ni su identidad, pero superando su carácter de recurso excepcional. Cuidar la salud mental del médico no puede depender únicamente de la detección tardía del sufrimiento, sino de una estrategia que combine prevención, intervención precoz, atención especializada y reintegración profesional.
Reconocer al médico como trabajador esencial con riesgos psicosociales específicos no es una concesión corporativa, sino una exigencia de responsabilidad institucional.
Un PAIME 2026-2030 con visión de futuro debería articularse en torno a varios ejes estratégicos claros. En primer lugar, la prevención y la detección precoz, mediante programas de preparación emocional, identificación temprana de señales de riesgo y actuaciones antes de que el deterioro comprometa la capacidad profesional.
En segundo lugar, la homogeneización y la calidad del modelo asistencial, garantizando equidad territorial, estándares comunes y evaluación sistemática de resultados. En tercer lugar, el desarrollo de sistemas de información y análisis de datos agregados, imprescindibles para comprender la evolución del problema y fundamentar decisiones estratégicas. Sin datos, el PAIME corre el riesgo de ser invisible para quienes planifican políticas públicas.
A ello debe añadirse una coordinación institucional real con servicios de salud, unidades de prevención y administraciones sanitarias, evitando tanto la dilución del programa como su aislamiento. Finalmente, la sostenibilidad financiera debe dejar de descansar únicamente en el compromiso profesional y avanzar hacia modelos estables, corresponsables y finalistas.
Una decisión ética y de sistema
Cuidar la salud mental del médico no es un acto de paternalismo ni un privilegio profesional. Es una obligación ética y una condición indispensable para garantizar la calidad asistencial, la seguridad del paciente y la confianza social en la medicina.
No intervenir, o hacerlo de manera fragmentada y tardía, constituye una forma de negligencia estructural. El desgaste psicológico del médico no puede seguir siendo el coste silencioso de la vocación y el síntoma de las carencias de todo un sistema.
El PAIME 2026-2030 no debería limitarse a actualizar protocolos o ampliar recursos de forma infinita. Debería aspirar a convertirse en un elemento central de la arquitectura de salud laboral médica en España. Lo que está en juego no es solo el bienestar de los profesionales, sino la viabilidad humana, ética y sostenible de nuestro sistema sanitario. Desde la profesión médica trabajamos para emprender nuevas líneas de acción para adaptar el PAIME al siglo XXI y como especial reconocimiento a quienes han sostenido este programa desde sus inicios y nos han proporcionado este extraordinario legado.
El XI Congreso Nacional del PAIME se celebró los pasado 19 y 20 de febrero en el Colegio de Médicos de Alicante. Toda la información disponible sobre el mismo se puede consultar en la web de la Fundación para la Protección Social de la OMC (aquí)



