La conferencia sobre ‘Médicos bajo presión: Un debate europeo sobre el reconocimiento de la profesión médica como un trabajo de gran dureza’ organizada por la Federación Europea de Médicos Asalariados (FEMS) reunió el pasado 27 de enero en el Parlamento Europeo a organizaciones médicas, sindicatos, expertos en seguridad del paciente y organismos de salud laboral de la UE para examinar la creciente evidencia que respalda el reconocimiento formal del trabajo médico como una actividad profesional de gran dureza.
Alessandra Spedicato, presidenta de la FEMS, presentó el documento de políticas de la FEMS, un texto en del que destacó que la profesión médica combina intensas cargas de trabajo, turnos nocturnos y turnos de trabajo, alta responsabilidad y exposición acumulada a riesgos físicos y psicosociales. El documento exige el reconocimiento a nivel de la UE del trabajo médico como una profesión de gran dureza, y propone medidas como la reorganización de las jornadas laborales, la mejora de las condiciones laborales y la garantía de una compensación y protección a largo plazo para los profesionales de la Medicina.
Los ponentes de la jornada destacaron que los médicos y otros profesionales sanitarios trabajan bajo presiones físicas, psicológicas y organizativas sostenidas que superan las de la mayoría de sectores, lo que tiene consecuencias directas en materia de retención de recursos humanos, seguridad del paciente y resiliencia de los sistemas sanitarios europeos.
Asimismo, a lo largo de las diferentes intervenciones, los participantes abordaron cuestiones como: la falta de armonización en la formación especializada en Europa; el deterioro de las condiciones laborales en la UE (largas jornadas, agotamiento, trabajo nocturno, horarios impredecibles, exposición a la violencia y dificultad para conciliar, …); la relación entre la dotación de personal para evitar la fatiga crónica y el burnout con mejores resultados en los indicadores de seguridad del paciente; o la necesidad de defender los derechos de los médicos en ausencia de un marco europeo común.
El mensaje final fue inequívoco: reconocer el trabajo médico como una profesión de gran dureza no es solo una cuestión de equidad para los profesionales sanitarios, sino una necesidad estratégica para Europa. Sin cambios estructurales —legales, organizativos y preventivos—, la sostenibilidad de los sistemas sanitarios, la seguridad de los pacientes y el atractivo de la profesión médica seguirán deteriorándose.



