La Dra. Virginia Izura, vicesecretaria de la Organización Médica Colegial (OMC), analiza en este artículo de opinión la situación actual de la mujer médica y la brecha salarial.
La mujer médica ha recorrido un largo camino para consolidar su presencia en la medicina, una profesión históricamente dominada por hombres. Desde las primeras pioneras que debieron superar barreras sociales, legales y culturales para acceder a la formación médica, hasta la actualidad, el avance ha sido innegable. Hoy, en muchos países, las mujeres no solo han alcanzado la paridad, sino que constituyen la mayoría del alumnado en las facultades de medicina y una parte fundamental del sistema sanitario. Sin embargo, este progreso numérico no se ha traducido en una igualdad real y efectiva, ya que persisten importantes brechas de género en el ámbito laboral, en el acceso a puestos directivos y en el reconocimiento salarial.
En el plano laboral, las mujeres médicas afrontan trayectorias profesionales marcadas por mayores obstáculos y una mayor precariedad. Aunque desempeñan las mismas funciones asistenciales y poseen una formación equivalente a la de sus colegas varones, suelen concentrarse en contratos temporales, jornadas parciales o puestos con menor proyección profesional. La conciliación entre la vida laboral y personal continúa siendo uno de los principales desafíos. La organización del trabajo sanitario, con largas jornadas, guardias y alta exigencia emocional, no tiene en cuenta de forma suficiente las responsabilidades de cuidados, que siguen recayendo mayoritariamente en las mujeres. Esta realidad condiciona decisiones profesionales, limita la disponibilidad para asumir cargos de mayor responsabilidad y ralentiza el desarrollo de la carrera médica.
La maternidad representa uno de los factores más determinantes en la desigualdad de género en la medicina. A pesar de los avances normativos, muchas médicas experimentan una penalización directa o indirecta tras la maternidad, reflejada en la pérdida de oportunidades de promoción, menor acceso a investigación, reducción de ingresos y estancamiento profesional. La falta de medidas de conciliación reales, como horarios flexibles, permisos corresponsables o apoyo institucional, perpetúa un modelo laboral que penaliza a quienes asumen tareas de cuidado, afectando de forma desproporcionada a las mujeres.
La brecha de género se acentúa de manera notable en el acceso a puestos directivos y de liderazgo. Aunque las mujeres son mayoría en las etapas iniciales de la formación médica y en muchas especialidades asistenciales, su presencia disminuye drásticamente a medida que se asciende en la jerarquía profesional. Jefaturas de servicio, direcciones médicas, cargos de gestión sanitaria, cátedras universitarias y comités de decisión continúan estando mayoritariamente ocupados por hombres. Este fenómeno, conocido como “techo de cristal”, se sustenta en múltiples factores estructurales: sesgos de género en los procesos de selección, redes informales de poder masculinizadas, menor acceso a mentorías, falta de referentes femeninos y estereotipos que cuestionan el liderazgo de las mujeres.
La escasa representación femenina en los espacios de toma de decisiones tiene consecuencias profundas. No solo limita las oportunidades de las mujeres médicas, sino que también empobrece la gobernanza del sistema sanitario. La diversidad en el liderazgo se asocia con mejores resultados organizativos, mayor sensibilidad a las necesidades del personal y una atención más equitativa a la población. La ausencia de mujeres en estos ámbitos dificulta, además, la incorporación de la perspectiva de género en las políticas de salud y en la planificación sanitaria.
La brecha salarial constituye otra de las expresiones más persistentes de la desigualdad. Numerosos estudios demuestran que las mujeres médicas perciben ingresos inferiores a los de los hombres, incluso cuando presentan niveles similares de formación, experiencia y responsabilidad. Esta diferencia salarial se explica por diversos factores: menor acceso a puestos directivos mejor remunerados, mayor presencia en jornadas parciales no deseadas, penalización por maternidad, menor participación en actividades complementarias remuneradas y desigualdad en la negociación salarial. La falta de transparencia retributiva y de mecanismos de control contribuye a mantener estas desigualdades de forma estructural.
Asimismo, la desigualdad de género también se manifiesta en el ámbito académico y científico. Las mujeres médicas están infrarrepresentadas en la investigación, especialmente en posiciones de liderazgo de proyectos, autorías principales y comités evaluadores. Disponen de menos tiempo para investigar debido a la carga asistencial y de cuidados, reciben menos financiación y tienen menor visibilidad en congresos y espacios de prestigio. Esta brecha no solo afecta a las carreras individuales, sino que limita la producción científica y la innovación, así como la incorporación de la perspectiva de género en la investigación médica.
Abordar la brecha de género en la medicina requiere un enfoque integral y sostenido. Es imprescindible implementar políticas de igualdad efectivas, garantizar la transparencia salarial, promover la corresponsabilidad en los cuidados y reformar los modelos organizativos para facilitar la conciliación real. Además, resulta fundamental fomentar el liderazgo femenino mediante programas de mentoría, formación en igualdad, eliminación de sesgos en los procesos de selección y visibilización de referentes femeninos.
Avanzar hacia una medicina más equitativa no es solo una cuestión de justicia social, sino también una necesidad para mejorar la calidad del sistema sanitario. Reconocer, valorar y promover el talento de las mujeres médicas permitirá construir organizaciones más justas, eficientes e inclusivas, capaces de responder mejor a las necesidades de la sociedad y de garantizar una atención sanitaria basada en la equidad y la excelencia.
La Organización Médica Colegial de España reafirma su compromiso firme con la igualdad efectiva entre mujeres y hombres en la profesión médica, considerándola un principio esencial de justicia, calidad asistencial y cohesión profesional. La OMC defiende que el talento, la capacidad y el mérito deben ser los únicos criterios que rijan el desarrollo profesional, el acceso a puestos de responsabilidad y la participación en los órganos de decisión.
Conscientes de las desigualdades aún existentes, la OMC promueve activamente políticas y medidas que favorezcan la equidad, la conciliación de la vida profesional y personal, la eliminación de cualquier forma de discriminación y la potenciación del liderazgo femenino en la medicina. Asimismo, impulsa la sensibilización, la formación y la recopilación de datos que permitan identificar brechas y orientar acciones eficaces.
Avanzar hacia una profesión médica más igualitaria no solo beneficia a los profesionales, sino que repercute directamente en una mejor atención sanitaria y en una sociedad más justa. Por ello, la OMC seguirá trabajando, en colaboración con las administraciones y el conjunto de la profesión, para potenciar la igualdad real y efectiva en todos los ámbitos de la medicina.
En este sentido, todos los años organizamos una mesa debate/webinar para tratar un tema relacionado con la mujer y profesión médica. Este año lo celebraremos el jueves 5 de marzo y centraremos la visión en la salud mental de la mujer médica a lo largo de su trayectoria.



