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Dra. Joana Guerrero: “La salud del médico no depende solo de vulnerabilidades individuales, sino de factores estructurales del sistema sanitario”

La Dra. Joana Guerrero, especialista en Medicina del Trabajo, jefa de Sección de Salud Laboral del Hospital del Mar y docente colaboradora de la Fundación Galatea, ha participado en el XI Congreso Nacional del Programa de Atención Integral al Médico Enfermo (PAIME) para analizar por qué la coordinación entre salud laboral y atención especializada es clave para prevenir el malestar profesional, proteger la salud mental de los médicos e impulsar una cultura organizativa que sitúe el cuidado del profesional como prioridad del sistema sanitario.

¿Por qué es clave considerar el PAIME como un aliado estratégico de la salud laboral?

La coordinación entre PAIME y Salud Laboral es imprescindible si aceptamos que el malestar del médico tiene un origen en gran parte organizacional, mientras que la enfermedad del médico es una realidad clínica que requiere un dispositivo asistencial especializado. Esta distinción es esencial para comprender que ambos recursos no compiten, sino que se complementan dentro de un mismo ecosistema de protección del profesional, y que por tanto, deben de ser aliados estratégicos, que se complementan en los recursos preventivos y asistenciales del ámbito de la salud.

Para que esta complementariedad sea efectiva, es necesario partir de una premisa básica:
cada ámbito tiene un rol propio, claro y diferenciado.

  • Salud Laboral actúa en el terreno de la prevención, la promoción de la salud, la vigilancia de riesgos psicosociales, la adaptación del puesto de trabajo y la protección del profesional en relación con sus funciones laborales.
  • PAIME, en cambio, es un recurso asistencial especializado, confidencial y centrado en el médico enfermo, cuando ya existe un trastorno de la salud mental o de adiciones que necesita tratamiento específico

Ambos servicios se retroalimentan y aportan miradas complementarias que, unidas, fortalecen la seguridad del profesional y del sistema. Para ello, la coordinación y cooperación debe basarse en cuatro principios generales:

  • La confidencialidad absoluta.
  • La definición de circuitos claros, bidireccionales y conocidos. El profesional debe saber cuándo acudir a Salud Laboral y cuándo al PAIME, y los equipos deben disponer de vías de derivación ágiles y consensuadas.
  • La comunicación entre ambos dispositivos debe ser clara, limitada y con consentimiento y participación explícita del profesional.
  • Un objetivo común, el enfoque  compartido del cuidado del profesional y el de garantizar la praxis, garantizando la calidad asistencial.
¿Qué riesgos psicosociales afectan hoy más directamente a los médicos?

Los datos actuales muestran un malestar estructural y sostenido: uno de cada dos médicos presenta riesgo de mala salud mental, con síntomas crecientes de estrés, insomnio, dolor o agotamiento emocional. Las mujeres, los profesionales jóvenes, la atención primaria, y determinados colectivos de vulnerabilidad – por ejemplo, los profesionales en formación- son los grupos más afectados.

Las causas son multifactoriales: sobrecarga asistencial, falta de control, dificultades de desconexión y la conciliación de la vida personal con la laboral, burocratización y una distancia creciente entre las decisiones organizativas y la práctica real, y la falta de reconocimiento, entre otros.  Estos factores activan mecanismos de estrés crónico y desgaste profesional que terminan generando la sensación de “no sentirme cuidado por la institución”. Y ese sentimiento, es el que vemos con frecuencia en salud laboral, un malestar que se proyecta hacia los modelos institucionales y hacia el propio modelo sanitario.

¿Cómo puede integrarse la prevención del malestar emocional en la cultura organizativa sanitaria?

La cultura del “cuidado” debe formar parte del modelo y la estrategia de las organizaciones sanitarias. No puede depender sólo del profesional. Es necesario avanzar hacia un modelo proactivo, incorporando la vigilancia sistemática de los riesgos psicosociales y actuando sobre sus causas.
Esto implica liderazgo comprometido, cargas de trabajo ajustadas, claridad de roles, conciliación real, estabilidad de equipos, participación en decisiones y una comunicación transparente.
También supone normalizar el autocuidado y la ayuda temprana, integrando recursos especializados como el PAIME dentro del modelo de salud laboral. Cuando la dirección incorpora indicadores de bienestar en los cuadros de mando y entiende que cuidar a los profesionales es una inversión estratégica, el cambio cultural se vuelve posible.

¿Qué papel deben asumir las instituciones empleadoras en el cuidado de la salud mental del médico?

Las instituciones deben asumir un papel de corresponsabilidad.
Las instituciones empleadoras deben asumir un papel activo y estructural en el cuidado de la salud mental del médico. Desde la dimensión individual, han de promover formación en autocuidado (cognitivo, emocional, físico y social), facilitar la detección precoz del malestar y garantizar acceso confidencial a recursos como el PAIME, reforzando la idea de que cuidarse es una competencia profesional, no una debilidad. En la dimensión de equipo, deben fomentar entornos estables, espacios de reflexión clínica y emocional y una cultura de apoyo entre iguales,

con líderes intermedios formados para detectar y gestionar el malestar. A nivel organizativo, es clave integrar una verdadera cultura del cuidado: evaluar riesgos psicosociales, medir el clima laboral, incorporar indicadores de bienestar y asegurar planes de acción reales. Además, deben ofrecer recursos suficientes y programas estructurados de acompañamiento en los retornos, combatiendo el estigma asociado a la salud mental.

Como docente de la Fundación Galatea: ¿por qué es importante la prevención y concienciación desde etapas tempranas?

Porque muchos patrones de malestar comienzan durante los estudios de grado. La cultura médica se construye, en ocasiones, desde la autoexigencia, un alto grado de compromiso con los estudios, la presión y la falta de espacios para hablar de emociones.
Incorporar desde etapas iniciales herramientas de autocuidado integral y de gestión emocional y relacional, que ayuden a desarrollar competencias de afrontamiento saludable frente al estrés y/o al malestar, que permite que los futuros médicos normalicen pedir ayuda, reconozcan señales de alarma y construyan un ejercicio profesional más saludable.
Prevenir desde el principio significa supone  romper el estigma y fomentar una nueva manera de entender la profesión, más humana, más sostenible y más conscientes. Aceptar la vulnerabilidad e incorporar el autocuidado forma parte del profesionalismo.

¿Hasta dónde debería llegar el PAIME para responder a los retos actuales desde la salud laboral?

El PAIME ya es un recurso fundamental, pero el reto es integrarlo más en los circuitos institucionales sin perder su esencia: la confidencialidad, la especialización y la protección del profesional.
Debería formar parte de un modelo conjunto que incluya: detección temprana, circuitos claros de derivación, coordinación en la reincorporación laboral y actuaciones preventivas frente al estigma.

El futuro pasa por una alianza aún más sólida entre PAIME y Salud Laboral, dentro de un enfoque preventivo e integral que aborde el malestar antes de que se convierta en daño.
Por ello, es imprescindible que organizaciones, instituciones y recursos especializados como el PAIME actúen de manera coordinada y preventiva, integrando la salud del profesional como una prioridad estructural del sistema sanitario.
Solo así conseguiremos un sistema sostenible, seguro y capaz de cuidar con responsabilidad a quienes cuidan de los demás.

Como reflexión final: la salud de los médicos no se ve comprometida por “vulnerabilidades individuales”, sino por factores reales y estructurales derivados de cómo trabajamos y de cómo están diseñadas nuestras organizaciones y el sistema sanitario.

Es evidente que Salud Laboral y PAIME deben de actuar de forma coordinada, con roles claros y confidencialidad garantizada, compartiendo un mismo objetivo: cuidar al médico y proteger la sostenibilidad del sistema. Des de la perspectiva de Salud Laboral y el bienestar organizacional, no basta con intervenir cuando el daño ya está hecho. Necesitamos un modelo preventivo e integrado, donde la verdadera pregunta no es sólo: ¿qué le ocurre al profesional, sino qué le está ocurriendo al sistema? Y por tanto, desde las propias instituciones, las organizaciones, colegios oficiales, etc.  implicados deben de actuar par que  “La salud del médico deje de ser una consecuencia y pase a ser una prioridad estructural.” Ese es

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