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Dr. Tomás Cobo: «La sanidad que resiste… y las herramientas que debemos usar»

La pasada semana se presentó en la sede de la Organización Médica Colegial el estudio sobre la Salud en Europa un análisis que confirma lo que muchos ya sabíamos: el Sistema Nacional de Salud es universal, equitativo y ha demostrado una enorme capacidad de resistencia frente a crisis de todo tipo. Pero el propio estudio deja claro algo que ya no podemos seguir ignorando: resistir no es lo mismo que sostener, y mucho menos que mejorar.

La sanidad pública española ha soportado en poco tiempo una pandemia, una crisis económica, el envejecimiento acelerado de la población y una creciente carga de enfermedades crónicas. Lo ha hecho, sobre todo, gracias al compromiso de sus profesionales. Durante la pandemia, los médicos demostraron de manera extraordinaria su capacidad de liderazgo clínico: crearon equipos multidisciplinares capaces de levantar unidades de cuidados intensivos y de alta dependencia en solo días. Lo hicieron aplicando sus conocimientos y competencias con un objetivo claro: identificar problemas y buscar soluciones sin generar conflictos, algo que los gestores llamaron “Sistema Complejo Adaptativo”, y que no fue otra cosa que la puesta en práctica inmediata del saber médico ante una crisis que puso a la humanidad al borde del abismo.

Ese modelo tiene un límite. Muchos de los que manejan los sistemas autonómicos o incluso la gestión del Sistema Nacional de Salud carecen de los conocimientos y competencias clínicas necesarias para tomar decisiones en contextos críticos. Por eso, la profesión médica es una herramienta central con la que se debe contar, porque aporta conocimiento, experiencia, ética y compromiso con la calidad asistencial, con el objetivo de sostener nuestro modelo sanitario, universal, público y gratuito —aunque, como todas las cosas, la gratuidad tiene matices: lo pagamos con nuestros impuestos.

Los responsables sanitarios reconocen en el estudio un problema que ya es estructural: la financiación no se corresponde con las necesidades reales. Se habla de eficiencia, de gastar mejor, de reorganizar. Todo eso es necesario, pero no suficiente. No se puede pedir más actividad, más calidad y más innovación sin dotar al sistema de los recursos adecuados. Cuando no se toman decisiones claras sobre financiación, la carga se traslada al profesional y, en último término, al paciente.

Otro de los grandes consensos del estudio es la falta de profesionales sanitarios. No es un problema futuro, es un problema presente. Faltan médicos en determinadas especialidades, en determinadas zonas y en determinados niveles asistenciales. Pero el enfoque sigue siendo excesivamente burocrático. Se habla de números, de contratos, de incentivos, y muy poco de algo esencial: el papel del profesional en la toma de decisiones. Sin liderazgo clínico y sin reconocimiento real, cualquier planificación está condenada a quedarse corta.

La Atención Primaria es el ejemplo más claro de esta contradicción. Todos coinciden en que es la base del sistema, pero sigue siendo su punto más frágil. Consultas saturadas, dificultad para atraer profesionales y una sensación creciente de desgaste. Defender la Atención Primaria exige algo más que buenas palabras: exige reformas organizativas profundas y devolver protagonismo a los profesionales que la sostienen. Sin ellos, no hay prevención, no hay seguimiento y no hay continuidad asistencial.

El estudio también pone de relieve la necesidad de mayor cohesión entre comunidades autónomas. La descentralización ha aportado cercanía, pero también desigualdades. Mejorar la coordinación no significa recentralizar, sino cooperar de verdad, compartir información y evaluar políticas con criterios comunes.

Europa aparece como una oportunidad, y lo es. Pero no puede ser solo una fuente de fondos. Debe ser también un espacio que impulse estándares de calidad, planificación responsable de profesionales y una defensa firme de los valores éticos que sustentan la medicina.

El Estudio de Salud de la UE acierta en el diagnóstico. Ahora toca dar el paso más difícil: decidir. Decidir cómo se financia la sanidad, cómo se gobierna y a quién se incorpora de manera estable en la toma de decisiones. En todo ello, la profesión médica es una herramienta central con la que se debe contar, porque su conocimiento, ética y experiencia son indispensables para garantizar la calidad, la ética y la sostenibilidad del sistema.

Nuestro modelo sanitario seguirá resistiendo durante un tiempo. La pregunta es si queremos que simplemente resista o que tenga futuro. Seguimos más o menos como siempre. Tenemos o no tenemos una crisis de ideas; lo que realmente tenemos es una crisis de implementación, porque gran parte de lo que decimos ya figuraba en el informe de Abril Martorell de 1991.

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