El Dr. Juan Pablo Carrasco Picazo, médico psiquiatra en el Hospital Provincial de Castellón, miembro de la Sección Nacional de Médicos Jóvenes y representante de la Organización Médica Colegial en la European Junior Doctors, participa en el XI Congreso Nacional del Programa de Atención Integral al Médico Enfermo (PAIME) para hablar de la salud mental de los médicos jóvenes, del presente y futuro de este programa, así como de la trayectoria recorrida desde que se puso en marcha.
Durante dos días, 19 y 20 de febrero de 2026, expertos nacionales e internacionales reflexionarán sobre los retos actuales y futuros de la salud mental en la profesión médica, la lucha contra el estigma y la necesidad de consolidar el PAIME como un pilar esencial. El encuentro organizado por la Fundación para la Protección Social de la Organización Médica Colegial (FPSOMC) y el Colegio de Médicos de Alicante tendrá lugar en el Palacio de Congresos de la entidad colegial.
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Desde la práctica clínica, ¿qué perfil de médico llega hoy al PAIME y cómo ha evolucionado en los últimos años?
En los últimos años estamos viendo un perfil cada vez más amplio y diverso de médicos que acceden al PAIME. Si bien tradicionalmente predominaban profesionales en etapas más avanzadas de su carrera, actualmente es cada vez más frecuente la consulta de médicos jóvenes y residentes. Esto refleja, por un lado, una mayor conciencia sobre la importancia de la salud mental y, por otro, unas condiciones de trabajo especialmente exigentes desde etapas muy tempranas.
El médico que llega hoy al PAIME suele hacerlo tras un periodo prolongado de sobrecarga, con altos niveles de autoexigencia, dificultades para pedir ayuda y una fuerte vivencia de responsabilidad hacia sus pacientes. A diferencia de hace años, también observamos una mayor presencia de cuadros relacionados con el desgaste profesional y el estrés crónico, más allá de los trastornos psiquiátricos clásicos.
¿Qué nuevas formas de malestar o patología están apareciendo con mayor frecuencia entre los profesionales médicos?
Además de los trastornos depresivos y de ansiedad, que siguen siendo muy prevalentes, estamos observando con mayor frecuencia cuadros de burnout, síntomas somáticos vinculados al estrés, alteraciones del sueño y dificultades en la regulación emocional. También aparecen formas más “silenciosas” de sufrimiento, como la desmotivación progresiva, el cinismo profesional o la sensación de pérdida de sentido del trabajo.
En paralelo, estamos viendo un aumento de adicciones comportamentales, especialmente relacionadas con el juego online, las apuestas y el uso problemático de pantallas, que a menudo actúan como vías de escape ante el agotamiento emocional. En algunos casos también aparecen consumos de alcohol u otras sustancias, utilizados como estrategias de afrontamiento inadecuadas frente al estrés sostenido.
En médicos más jóvenes se aprecia especialmente una combinación de agotamiento, inseguridad profesional y miedo al error, lo que sin un tratamiento adecuado puede derivar en distintos tipos de trastornos más graves. Mientras que en etapas más avanzadas es frecuente la acumulación de desgaste tras años de exposición continuada a presión asistencial. Todo ello configura un malestar complejo, muchas veces normalizado dentro de la cultura médica, que retrasa la búsqueda de ayuda.
¿Cómo influye el contexto laboral en la cronificación del sufrimiento psíquico del médico?
El contexto laboral es un factor absolutamente determinante. Las guardias de 24 horas, la falta de descansos y la presión asistencial constante crean la tormenta perfecta para que el médico enferme. A esto se suma una cultura profesional que tiende a premiar el sacrificio y el aguante, incluso cuando el coste personal es muy alto.
Cuando una persona cuida durante años sin poder cuidarse, algo acaba rompiéndose. El sufrimiento deja entonces de ser una reacción puntual y pasa a convertirse en parte del día a día. Como médico joven, además, uno vive muchas veces esta etapa como “lo normal”, como algo que hay que atravesar para poder avanzar, y eso retrasa la identificación de señales de alarma. El resultado es que muchos profesionales llegan tarde a pedir ayuda, cuando el desgaste ya es profundo y las consecuencias personales y laborales son mayores.
¿Qué importancia tiene la detección precoz para evitar situaciones de mayor gravedad?
La detección precoz es clave. Intervenir en fases iniciales permite abordajes más breves, menos invasivos y con mejores resultados funcionales. Reconocer a tiempo síntomas como el insomnio persistente, la irritabilidad, la pérdida de motivación o el aislamiento social puede evitar la progresión hacia cuadros más graves, bajas laborales prolongadas o incluso situaciones de riesgo.
Además, un abordaje temprano ayuda a preservar la identidad profesional del médico y facilita una reincorporación progresiva y segura al trabajo, algo fundamental tanto para la persona como para el sistema sanitario.
¿Qué aporta el modelo PAIME frente a otros recursos asistenciales convencionales en salud mental?
El PAIME es la joya de la corona de los colegios de médicos. No hay sistema de cuidado igual en Europa. No es simplemente un recurso asistencial más, sino un programa integral que entiende al médico como persona y como profesional, y que acompaña todo el proceso de recuperación con una mirada amplia, humana y altamente especializada. El PAIME aporta algo verdaderamente diferencial: un modelo específicamente diseñado para médicos, construido desde el conocimiento profundo de nuestra realidad profesional.
A diferencia de los dispositivos convencionales, el PAIME combina atención clínica de alta calidad con confidencialidad, cercanía y un enfoque personalizado que tiene en cuenta el contexto laboral, las responsabilidades asistenciales y el impacto que la enfermedad puede tener en la trayectoria profesional. Esto genera un espacio de confianza difícil de replicar en otros ámbitos, donde el médico puede sentirse comprendido desde el primer momento.
Además, el PAIME destaca por su continuidad asistencial y por el acompañamiento en la reincorporación progresiva al trabajo, algo clave para una recuperación sólida y sostenible. No se limita a tratar síntomas, sino que trabaja activamente para preservar la identidad profesional del médico y facilitar un retorno seguro y digno a la práctica clínica.
En mi experiencia, este enfoque convierte al PAIME en un modelo de referencia, no solo a nivel nacional sino también internacional, y demuestra que es posible ofrecer una atención en salud mental de excelencia cuando se pone realmente en el centro a la persona que cuida de los demás.
¿Qué le parece que los médicos tengan una Fundación (la FPSOMC) que vela y protege su salud mental?
Me parece una iniciativa absolutamente ejemplar y necesaria. Que los médicos cuenten con una Fundación como la FPSOMC, que sitúa su salud mental como una prioridad institucional, es un mensaje potentísimo para toda la profesión y para la sociedad.
El PAIME representa un modelo de referencia: combina excelencia clínica, sensibilidad hacia la realidad del médico y un compromiso real con el acompañamiento integral del profesional. No se limita a tratar síntomas, sino que cuida personas y trayectorias vitales, algo que marca una diferencia enorme.
Desde dentro de la profesión, especialmente para los médicos jóvenes, saber que existe una estructura sólida, discreta y humana que protege nuestro bienestar genera confianza y esperanza. La FPSOMC demuestra que es posible construir un sistema sanitario más sostenible, donde cuidar al que cuida deja de ser un eslogan y se convierte en una realidad.



