El Dr. Antonio Ares Camerino, vicepresidente primero del Colegio de Médicos de Cádiz, escribe este artículo de opinión relacionado con la tragedia ferroviaria de Adamuz (Córdoba).
“Las desgracias nunca vienen solas. Con un poco de suerte pueden traer detrás toda una ristra de actos, individuales casi siempre y a veces colectivos, que nos hacen creer en las personas, que no todo está perdido, que la solidaridad gana por goleada al individualismo, que en nuestro país la generosidad nos viene de serie, aunque muchos se empeñen en lo contrario”.
La generosidad juega un papel clave a la hora de conectar con los demás, y de ayudar cuando los que nos rodean lo necesitan. Acompañar en los momentos difíciles se convierte en un acto altruista de ida y vuelta, que beneficia moralmente a ambos lados de las personas implicadas. España es un país solidario como lo demuestran los datos (Interpersonal Generosity Scale. Universidad de Notre Dame). Desde hace décadas España sigue siendo líder en trasplantes de órganos (51,9 donantes por cada millón de habitantes. 8 donaciones y 17 trasplantes diarios). A pesar de ello algunos quieren convertirnos en un país excluyente e insolidario con el diferente. Aunque los discursos de algunos políticos renuncian a la convivencia, nuestra sociedad convive en paz con personas de otras nacionalidades, credos y culturas. Contemplar cómo se produce el desalojo de 400 migrantes del asentamiento informal B9 en Badalona (Barcelona) nos debe hacer recapacitar sobre la manera de gestionar políticas públicas y municipales. La estigmatización por parte de servidores públicos electos es de una retórica inaceptable. Escuchar el odio y la maldad que fluyen en las tribunas, el ficticio miedo que nos quieren inculcar en nuestra cotidianidad va calando.
La tragedia ferroviaria de Adamuz (Córdoba) ha puesto de manifiesto un récord nunca antes visto de donaciones de sangre en todos los Centros de Transfusiones de Andalucía. Se han multiplicado por cinco las donaciones, en un acto solidario que demuestra que la ciudadanía es capaz de dar una respuesta rápida y ágil ante cualquier siniestro que perturbe el estado de bienestar colectivo.
Existen datos que analizan cómo son las repuestas que da la población a las consecuencias de catástrofes naturales o atentados terroristas. La diferencia entre los atentados de Nueva York 11 S y Madrid 11 M, estuvo en la solidaridad, la entrega y la empatía de las personas que ofrecieron su ayuda. Sin lugar a dudas, la respuesta se halla en la reacción social a los atentados. La ciudadanía tomó las calles para expresar su duelo, su protesta y sus anhelos sin dejar que el miedo organizara la acción. El núcleo fundamental, a la hora de hacer el duelo más llevadero y que el trance de la desesperación al consuelo se haga de forma tranquila radica en sentirse acompañado. El apoyo en las primeras horas y días es clave para ayudar a los familiares a gestionar la pérdida, la incertidumbre y el duelo. La rabia, la sensación de incredulidad, como si una pesadilla cansina se hubiera instalado en sus mentes, les hace ver la desesperación como el único sentimiento del que no pueden desprenderse. Acompañar en el dolor cuando todo se rompe es fundamental para sobrellevar las desgracias.
Sin lugar a dudas, cuando la ciudadanía toma las riendas, dejando de lado el encorsetamiento administrativo, todo fluye sin cortapisas ni trabas, sin rencillas ni intereses de contubernio político. Los recursos disponibles sirven para paliar lo material. Pero el verdadero consuelo viene de una mano tendida, de una palabra de alivio, de una mirada de comprensión.
Salir airosos de una desgracia requiere, amén de los recursos, de mucha solidaridad y entrega de gente anónima.
BIBLIOGRAFIA
https://www.canalsur.es/television/programas/solidarios/noticia/2237654.html
https://elpais.com/espana/2026-01-19/los-vecinos-alumbran-la-noche-mas-oscura-de-adamuz.html
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