El Dr. Álvaro Cerame del Campo, psiquiatra y presidente de la European Junior Doctors Association (EJD), participará en el II Encuentro Internacional del Programa de Atención Integral al Médico Enfermo (PAIME) para abordar la salud mental de los médicos en el mundo. En esta entrevista asegura que “los problemas de salud mental no son un problema individual, sino un fenómeno estructural, vinculado a cómo están diseñados los sistemas y las organizaciones”.
En esta entrevista, alerta sobre la presión estructural que soportan los médicos en formación, las condiciones laborales que comprometen su bienestar y la seguridad del paciente, y defiende la necesidad de impulsar cambios organizativos y programas confidenciales de apoyo, como el PAIME, para garantizar la sostenibilidad de los sistemas sanitarios y el cuidado integral de los futuros especialistas.
Durante dos días, 19 y 20 de febrero de 2026, expertos nacionales e internacionales reflexionarán sobre los retos actuales y futuros de la salud mental en la profesión médica, la lucha contra el estigma y la necesidad de consolidar el PAIME como un pilar esencial. El encuentro organizado por la Fundación para la Protección Social de la Organización Médica Colegial (FPSOMC) y el Colegio de Médicos de Alicante tendrá lugar en el Palacio de Congresos de la entidad colegial.
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Desde la perspectiva de los médicos jóvenes europeos, ¿cómo describiría el estado actual de la salud mental de este colectivo?
La salud mental de los médicos jóvenes en Europa está bajo una presión significativa. Se repite una combinación de factores en muchos países: carga asistencial creciente, turnos prolongados, falta de descanso real, incertidumbre laboral y, en muchos casos, una cultura profesional que normaliza el desgaste.
En este contexto, el informe MeND de la OMS Europa ha subrayado con claridad que los problemas de salud mental en médicas y enfermeras no son un problema individual, sino un fenómeno estructural vinculado a cómo están diseñados los sistemas y las organizaciones. En paralelo, el informe REST de la European Junior Doctors Association muestra, con datos de médicos jóvenes europeos, que seguimos trabajando en condiciones que comprometen tanto el bienestar como la seguridad del paciente, especialmente por las jornadas excesivas y la falta de recuperación adecuada.
¿Qué diferencias observa entre países en cuanto al apoyo institucional a los médicos (pondría especialistas en formación o residentes; médicos en formación son estudiantes) en formación?
Hay diferencias marcadas entre países en cómo entienden y sostienen la etapa formativa. En algunos sistemas, la residencia está bien estructurada: hay programas centrados en competencias actualizadas, supervisión real, evaluación formativa, tiempo protegido para formación y una organización del trabajo que respeta descansos y límites razonables. En otros, la formación depende mucho del hospital o del servicio, con gran variabilidad, y la residencia se vive más como una fuente de mano de obra que como un periodo con objetivos formativos definidos.
El apoyo institucional no es solo “tener buena voluntad”, sino disponer de condiciones concretas: estabilidad contractual, derechos laborales claros, planificación de turnos sostenible, acceso a tutoría y mentorización, cultura de aprendizaje seguro (donde se pueda preguntar y reconocer límites), y mecanismos de representación que permitan canalizar problemas sin miedo a represalias. Donde esto falla, aparecen más sobrecarga, incertidumbre y rotación, y se deterioran tanto la calidad formativa como la seguridad del paciente.
¿Qué impacto ha tenido la pandemia en la generación más joven de médicos?
La pandemia aceleró procesos que ya existían: intensificó la sobrecarga, expuso a muchos médicos jóvenes a experiencias de daño moral y aumentó la sensación de falta de control sobre el propio trabajo. Para una generación en etapa formativa, fue además una ruptura del aprendizaje “normal”: cambios constantes, rotaciones alteradas, incertidumbre y una exigencia emocional enorme.
Aunque el momento agudo pasó, el impacto acumulado permanece en muchos casos: fatiga crónica, pérdida de sentido y una mayor fragilidad del sistema por la falta de personal. Esto hace que el bienestar de los médicos jóvenes sea ya una condición imprescindible para la sostenibilidad del sistema.
¿Qué cambios estructurales son urgentes para proteger la salud mental de los futuros especialistas?
Hay varios cambios urgentes, pero destacaría cuatro. En primer lugar, condiciones de trabajo seguras y sostenibles, con límites reales a los turnos largos y descanso garantizado. El informe REST de la EJD lo deja claro: si el sistema depende de jornadas excesivas, el problema no es el individuo, es el diseño. En segundo, servicios de apoyo accesibles, confidenciales y sin penalización, con circuitos claros y tiempos razonables.
Tercero, mejor supervisión y cultura de equipo, donde pedir ayuda no se viva como fracaso y donde el liderazgo clínico también sea liderazgo humano. En cuarto y último, intervenciones organizativas reales, porque la prevención no puede basarse solo en resiliencia individual. Hay que actuar sobre carga asistencial, procesos, burocracia y clima laboral, en línea con lo que remarca el informe MeND de OMS Europa cuando habla de factores de riesgo estructurales y medidas protectoras a nivel organizativo.
¿Cree que modelos como el PAIME deberían integrarse de forma sistemática en todos los países europeos?
Sí, y además con una idea clave: no solo replicarlos, sino adaptarlos. Un modelo como PAIME funciona porque combina accesibilidad, confidencialidad y una lógica de protección del profesional que, al final, también protege al paciente. Dicho esto, su despliegue debería ir acompañado de un enfoque estructural: estos programas son esenciales, pero no pueden convertirse en “la solución” única a problemas generados por sistemas que siguen empujando a los profesionales al límite.
¿Qué le parece la existencia del PAIME? ¿Y la labor de la Fundación para la Protección Social de la OMC en materia de prevención y protección de la salud mental de los profesionales?
Me parece un ejemplo muy valioso de responsabilidad institucional y de visión a largo plazo. PAIME demuestra que es posible construir dispositivos de ayuda eficaces sin aumentar el estigma, ofreciendo un entorno seguro y profesional para pedir apoyo. La labor de la Fundación y de la OMC en prevención y protección es especialmente relevante hoy, cuando el debate europeo está girando hacia la sostenibilidad de la fuerza laboral sanitaria.
Si queremos sistemas seguros y resilientes, necesitamos cuidar de quienes sostienen la atención. En este sentido, modelos como PAIME aportan una referencia sólida y exportable, complementaria a lo que están señalando tanto la OMS Europa con el MeND como la EJD con el REST: que el bienestar profesional no es un “extra”, sino una condición básica para la calidad asistencial y la seguridad del paciente.



