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Doctores Cortezo y Pando y Valle, los padres de la familia médica

Los orígenes de la actual Fundación para la Protección Social de la Organización Médica Colegial se remontan a 1917, con la creación del Colegio de Huérfanos de Médicos mediante Real Decreto de 15 de mayo, a iniciativa de los doctores Carlos María Cortezo y José Pando y Valle, entonces presidente de la Unión Médica Nacional. Años más tarde, en 1952, nació el Patronato Nacional de Médicos Inválidos y Senectos, encargado de atender las necesidades sociales y económicas de los médicos impedidos o sin recursos. Ambos organismos se fusionaron en 1999 para dar lugar a la Fundación Patronato de Huérfanos y Protección Social de Médicos “Príncipe de Asturias”, denominación que se mantuvo tras la revisión estatutaria de 2010.

Hay gestos que, con el tiempo, se vuelven instituciones. Y nombres que, sin proponérselo, acaban sembrando algo que no deja de crecer. Así pasó con los doctores Cortezo y Pando y Valle, médicos que no solo ejercieron su oficio con vocación, sino que pensaron también en quienes vendrían después. No en los pacientes —que también—, sino en los compañeros de profesión. Y, sobre todo, en sus familias.

Corría una época en la que la Medicina se ejercía con entrega, pero sin red. No existía aún una estructura que protegiera al médico más allá del ejercicio diario, ni mucho menos a los suyos si llegaba el infortunio. Fue entonces cuando estos dos médicos, conscientes del vacío, decidieron empezar algo. No un plan a largo plazo ni una fundación en términos modernos. Algo más sencillo y profundamente necesario: cuidar de los huérfanos de los médicos fallecidos. Evitar que la muerte de un compañero dejara a una familia sin rumbo ni ayuda.

Así, en el siglo XX, algunos patronatos se fusionaron, como el Patronato Nacional de Médicos Inválidos y Senectos y el Colegio de Huérfanos, dando lugar a la Fundación Patronato de Huérfanos y Protección Social de Médicos Príncipe de Asturias, una de las primeras expresiones de solidaridad profesional organizada en el ámbito médico en España. Una idea que se sostuvo, desde el principio, sobre la colaboración de los colegiados. Pequeñas aportaciones regulares que, sumadas, permitían ofrecer una respuesta digna a situaciones de enorme fragilidad.

El Dr. Cortezo, hombre de ideas claras y sensibilidad social, entendía que el ejercicio médico no se podía desligar de la responsabilidad mutua. Y Pando y Valle, con esa serenidad que dan los principios firmes, aportó compromiso y constancia. Entre los dos articularon una red discreta, sin alardes, pero eficaz. Y esa red sigue funcionando hoy, más de un siglo después, bajo el nombre de Fundación para la Protección Social de la Organización Médica Colegial, pero con el mismo espíritu.

Porque, aunque los tiempos hayan cambiado, y con ellos las necesidades y los formatos, la razón de ser de aquella iniciativa se mantiene intacta, esa que no permite que ningún médico, ni ninguna familia médica, se sienta sola en los momentos difíciles. Que exista siempre un lugar donde acudir cuando la vida se tuerce.

En la actualidad, la Fundación ofrece mucho más que ayudas a huérfanos. Atiende la dependencia, la discapacidad, la salud mental, la conciliación familiar, entre muchas otras necesidades. Y lo hace con la misma lógica que inspiró a sus fundadores: la de cuidarse entre iguales, con discreción, con respeto, con humanidad.

A veces, en medio de los nuevos lenguajes institucionales, conviene recordar que todo esto empezó con un gesto sencillo. Dos médicos que no quisieron mirar hacia otro lado. Dos personas que entendieron que la profesión médica también se mide por lo que hace cuando ya no puede curar.

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